30 ene 2019

Exorcistas de filipinas

Los exorcistas en Filipinas son sólo 5 y están desbordados: piden a los obispos uno por diócesis.



El padre José Francisco Syquia ha detectado un incremento notable de las posesiones diabólicas en la última década.

El pequeño de 12 años hijo del señor y la señora Bailon se quedaba dormido de repente, entraba en trance y musitaba palabras en lenguas extrañas. Tres médicos distintos y multitud de pruebas no encontraron nada, y sus padres acudieron a todo tipo de santerías antes de presentar el caso al padre José Francisco Syquia. 

La Oficina de Exorcismos de la Iglesia filipina se creó en 2006 ante el incremento de posesiones diabólicas reales o supuestas que llegaban hasta los sacerdotes, en particular en la última década. La dirige el padre José Francisco Syquia, de 51 años, quien lleva doce de ellos consagrado a este ministerio y,
, se siente ya desbordado. Los casos no paran de crecer, y suman ya doscientos en lo que va de año.

"Hemos llegado a tener treinta a la vez, y somos sólo cinco exorcistas", explica, además de un equipo de voluntarios del que forman parte psiquiatras, médicos, abogados y algunos laicos.

Recientemente Syquia envió una carta a los obispos filipinos explicando la situación y pidiendo que en cada una de las 86 diócesis del país haya un exorcista: "La mayoría no lo tienen, así que muchos filipinos acuden a ocultistas, sanadores, espiritistas, etc.", lo cual incrementa el número de posesiones porque "dejan las ventanas espirituales abiertas" para el demonio.

Cansancio... y represalias

Una sesión de exorcismo puede ser agotadora, con hasta cuatro horas de oraciones: "Es muy cansado", corrobora uno de los sacerdotes del equipo, el padre Winston Cabading, también secretario general de la Universidad de Santo Tomás. Y suelen ser necesarias varias sesiones para expulsar a los diablos.

ras lo cual, además, los demonios suelen revolverse contra el sacerdote que les ha expulsado. Uno de los exorcistas ha tenido que dejarlo a consecuencia de enfermedades inexplicables: "Contamos con que habrá represalias. Al fin y al cabo, somos comandos que saltamos tras las líneas enemigas para rescatar a quien en realidad pertenece a Dios".

Como el niño de los Bailon. Tras 14 sesiones de oraciones a lo largo de diez meses, el chico ya es "casi" quien era, dice su padre. Un expediente, pues, "casi" resuelto, pero que se suma a la elevada pila pendiente de la decisión de los obispos que el equipo del padre Syquia espera como una bendición.

25 ene 2019

Exorcismos en Francia

“¡Sal fuera, Satanás!”, ordena el sacerdote exorcista

La lucha entre el bien y el mal

La iglesia católica no se toma a la ligera el diablo. El papa se refiere a él con frecuencia y en Francia un centenar de curas se dedican al exorcismo para aliviar a los fieles y a veces hasta a los no creyentes.

Con más frecuencia que sus predecesores, el papa Francisco menciona la presencia del diablo y el combate espiritual contra este “ser personal que nos hostiga”. Según los Evangelios el mismísimo Jesucristo expulsó demonios.
El exorcismo consiste en luchar contra las fuerzas diabólicas que hacen que una persona esté “poseída”.
Esta práctica no es del gusto de todos y desde el Concilio Vaticano II (1962-1965) había caído en desuso pero en 2014 el Vaticano reconoció una asociación internacional de exorcistas.
La Conferencia de los Obispos de Francia (CEF) se ha dotado de una “oficina nacional de exorcistas” que sirve de enlace con el centenar de sacerdotes que ejercen tan delicada misión.

El cura Emmanuel Faure, de la diócesis de Belley-Ars, en el norte de Francia, programa una cita por semana, pero insiste en que “es un apostolado de misericordia”.
¿Quiénes acuden a los curas exorcistas?. Gente “de todas las edades y clases sociales, católicos, personas que vuelven a la Iglesia, adeptos de la medicina alternativa…”Las mujeres son mayoritarias pero “en los últimos tiempos, vi a bastantes hombres”, detalla el padre Faure.
Con más frecuencia que sus predecesores, el papa Francisco menciona la presencia del diablo y el combate espiritual contra este “ser personal que nos hostiga”. Según los Evangelios el mismísimo Jesucristo expulsó demonios.
El exorcismo consiste en luchar contra las fuerzas diabólicas que hacen que una persona esté “poseída”.
Esta práctica no es del gusto de todos y desde el Concilio Vaticano II (1962-1965) había caído en desuso pero en 2014 el Vaticano reconoció una asociación internacional de exorcistas.
La Conferencia de los Obispos de Francia (CEF) se ha dotado de una “oficina nacional de exorcistas” que sirve de enlace con el centenar de sacerdotes que ejercen tan delicada misión.
El cura Emmanuel Faure, de la diócesis de Belley-Ars, en el norte de Francia, programa una cita por semana, pero insiste en que “es un apostolado de misericordia”.
¿Quiénes acuden a los curas exorcistas?. Gente “de todas las edades y clases sociales, católicos, personas que vuelven a la Iglesia, adeptos de la medicina alternativa…”Las mujeres son mayoritarias pero “en los últimos tiempos, vi a bastantes hombres”, detalla el padre Faure.
Este sacerdote bendice a la persona con un crucifijo y le propone besar una cruz. En su trabajo respeta el “ritual del exorcismo”, un pequeño libro rojo empastado en cuero. Recita una oración destinada a liberarla de las fuerzas maléficas y, si fuera necesario, interpela al “príncipe de las tinieblas” con el famoso “¡Sal fuera, Satanás!”. “Es muy bíblico”, sostiene.
“El 99% de las personas necesita conocer a un Dios de amor y de paz: no estamos aquí para generar miedo”, afirma el sacerdote.
Otros exorcistas, más tradicionalistas, siguen el viejo ritual en latín, que consideran “sagrado”. “Con el del Vaticano II llevamos a cabo acciones de liberación de embrujos, maleficios… Pero frente a las posesiones demoníacas no da fruto”, zanja George de Saint Hirst, miembro de la iglesia católica antigua (independiente del Vaticano), que presume de practicar unos mil exorcismos por año en su priorato.
“Personas víctimas de fuerzas ocultas van a ver a un curandero, a un terapeuta… Y a veces a un sacerdote. Una pequeña luz encendida para que tomen conciencia de que tienen un alma y que hay que sanarla”, cuenta.
Frente a las derivas, las diócesis advierten contra los exorcistas “sin mandato” que se presentan en internet con el título de “monseñor”. “Algunos quieren convertirlo en un negocio, lo que debería servir de alerta: la iglesia nunca cobra”, dice Emmanuel Coquet, secretario general adjunto de la Conferencia de los Obispos de Francia (CEF).
“No se trata de ser especialistas en el diablo sino enamorados de Dios que intentan desplegar su acción”, concluye el responsable episcopal. Contra el Maligno “eso es en realidad lo más eficaz”.

20 ene 2019

Exorcista de San Salvador

El exorcista explica el paso a paso de la lucha contra el diablo.


Sacerdote Raymundo Brizuela

El P. Raymundo Brizuela es párroco de Santo Tomás en San Salvador y desde hace nueve años se dedica al ministerio del exorcismo. Este sacerdote de 84 años relata paso a paso cómo lucha contra el demonio cotidianamente.
El P. Brizuela cuenta que cada día lo buscan entre 20 y 25 personas que afirman tener algún problema de posesión.
El presbítero precisa que la gran mayoría de los casos que atiende no son posesiones demoniacas sino trastornos mentales.
Si la persona no está poseída, indica el presbítero, la bendice y la remite a un psicólogo. Si se confirma la posesión, se procede con el rito que debe ser realizado por un sacerdote “piadoso, docto, prudente y con integridad de vida”.
El sacerdote explica que el rito “empieza con la letanía de los santos, después se lee el salmo 91, el principio del Evangelio de San Juan”.
Luego, prosigue el sacerdote, “hacemos que el poseído haga una renuncia a satanás, que renuncie a sus obras, y después un acto de fe con el credo”.
“Después viene la oración imperativa, donde se le dice al demonio que salga directamente. A veces no se nota que el demonio salga, pero uno más o menos observa, si se quedó dormido o quieto, uno le habla un poco fuerte y (la persona) ya se levanta como si nada”, refiere.
El exorcismo, dice el P. Brizuela, se hace normalmente con algún testigo o familiar que también ayudan al sacerdote que “al enfrentarse a una fuerza sobrenatural se expone a patadas, golpes, poniendo en peligro su propia vida”.
El exorcismo no tiene un tiempo definido y requiere muchas veces varias sesiones hasta lograr liberar a la persona poseída.
El P. Brizuela explica que “la posesión es la más crítica de las manifestaciones extraordinarias del mismo Satanás, donde un ente maligno entra en una persona para hacerle daño y en estos casos se hace necesario un exorcismo, un ritual exclusivo de la Iglesia Católica”.
Ante esto, señala, la Iglesia tiene la herramienta del exorcismo, que consiste en “una ceremonia especial que la Iglesia tiene para expulsar al demonio. 
Para realizarlo se requiere del mandato del obispo; sin él, es mentira el que diga que ha hecho exorcismos”.
Una de las primeras señales para identificar a un poseído, prosigue, está en la diferencia con quien padece dolencias mentales. “El que tiene trastorno mental no coordina, el poseído sí. Está actuando con su palabras y con pleno conocimiento de lo que hace”, asegura.
Además, resalta “una persona poseída se resiste a entrar en el templo, rechaza al sacerdote, si se la rocía con agua bendita le quema, al igual que si le impone la mano en la cabeza. Con esos signos nosotros normalmente sabemos que una persona podría tener una posesión”.
Sobre el origen de la posesión, el párroco de la Iglesia Santo Tomás dice que una primera causa es “participar en ritos satánicos, como la ouija”.
Otra causa puede ser la “consagración de un niño al demonio por parte de sus padres que realizan prácticas satánicas” o la más común es “el pacto con el demonio”, cuando alguien se compromete a rendirle culto a cambio de que haga daño a alguien.
Finalmente el sacerdote exhorta a todos los fieles a que recen y vivan cerca de Dios; y a los jóvenes los alienta a abandonar “la tendencia aventurarse en relación a cuestiones satánicas, pues la única posesión que existe, es el pecado mismo”.

15 ene 2019

¿Cuando ir al exorcista?

¿Cómo saber cuándo es necesario un exorcista?




¿Cómo saber cuándo un católico necesita de la ayuda de un exorcista? La repuesta “no es siempre fácil”, explica el P. Pedro Barrajón, doctor en teología por la Pontificia Universidad Gregoriana y Director del Instituto Sacerdos, pero tras descartar enfermedades mentales “lo mejor es ir con un sacerdote de confianza”.
Señaló que “no es siempre fácil saber cuándo una persona necesita de un exorcista”, pues “con frecuencia las personas dudan de lo que les pasa o lo atribuyen a otras causas”.
“Lo mismo puede suceder a la familia de la persona que necesita un exorcista, que no siempre comprende el fenómeno y quiere comprensiblemente aplicar soluciones naturales”, dice.
“Cuando alguien, después de haber descartado que se trata de una enfermedad de tipo mental o psicológico, comienza seriamente a pensar que puede haber un influjo sobrenatural, lo mejor es ir con un sacerdote de confianza y contarle lo que le pasa”.
El P. Barrajón indicó que “si el sacerdote ve que él mismo con los medios normales que posee la Iglesia no llega a solucionar el mal que aqueja a esta persona, entonces lo mejor es que le aconseje visitar a un exorcista”.
“El exorcista suele tener la sensibilidad, dada por la práctica, de distinguir con relativa facilidad cuándo se trata de una caso que necesite exorcismo o cuando sea sólo necesaria una oración de liberación”.
“Entonces, si el exorcista lo juzga oportuno, de acuerdo con la persona necesitada, se realiza el exorcismo y podrían ser varias sesiones las que se tendrán que llevar a cabo antes de obtener la liberación, según el querer divino y la fe de las personas”, dijo.
El peligro de negar la existencia del diablo
El Director del Instituto Sacerdos advierte también que cuando se niega la existencia de los demonios “se corre el peligro de dejarle la puerta abierta para su acción sea más poderosa y para que las personas no reconozcan su acción y no se pueden proteger adecuadamente”.
“Es cierto que un racionalismo difundido ha hecho que para muchas personas el demonio no sea para ellos un personaje existente. Incluso la misma teología por algunos años mantuvo una posición distante y algunos teólogos se mostraron escépticos sobre la necesidad de exorcismos”.
Sin embargo, precisa, “la negación del demonio es contraria al testimonio bíblico y al Magisterio de la Iglesia, como han recordado recientemente muchos Papas”.

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Sacerdote Pedro Barrajón  clique aquí.

La práctica del exorcismo preguntas y respuestas clique aqui.

10 ene 2019

La virtud exorcística (2)

¿Cómo se “perfecciona” un exorcista para enfrentar al diablo?



“Se podría decir, en líneas generales, que sí, que se necesitaría un mayor número de exorcistas para atender los casos que se presentan, pero sobre todo que se necesita una mejor capacitación”. Así lo asegura el P. Pedro Barrajón, Director del Instituto Sacerdos, que organiza un curso especial para capacitar a exorcistas en Roma, Italia.
El P. Barrajón es claro: “no importa solo el número sino la calidad de las personas”.
Por lo “especial y delicado” de este ministerio, señala, se requiere que el exorcista tenga “una preparación sólida”.
El presbítero español indica que “un grupo de sacerdotes, hace ya más de diez años, nos pidió tratar el tema del exorcismo y la oración de liberación. Ellos encontraban en su ministerio casos pastorales a los que no sabían muy bien qué solución dar, pues habían recibido poca formación al respecto en seminarios y en las facultades de teología”.
“Y es cierto que durante bastante tiempo este tema se dejó más bien a la práctica pastoral, pero no había demasiada profundización teológica”.
El también doctor en teología por la Pontificia Universidad Gregoriana, asegura que en el curso para exorcistas “tratamos de ofrecer un programa serio, bien estructurado, con buena fundamentación bíblica, teológica, pastoral, canónica y en las ciencias humanas. El curso fue muy acogido desde el inicio”.
El perfil de un exorcista
El P. Barrajón destaca que la labor de un exorcista, asignada por un obispo a uno de sus sacerdotes, requiere de “hombres de Dios, prudentes, con fortaleza de espíritu, de profunda oración, de sana y sólida formación teológica y espiritual”.
Estos sacerdotes, precisa, deben ser “obedientes a la Iglesia y a los pastores, que no crean que el poder contra el diablo viene de ellos mismos”.
Por el contrario, advierte, tienen que estar conscientes de que “es Cristo Salvador quien es capaz de vencer al príncipe de este mundo”.
Teología, liturgia, psicología y culturas
El sacerdote español indica que el curso organizado por el Instituto Sacerdos se enfoca en “las bases teológicas sobre la existencia y naturaleza de las creaturas puramente espirituales que son los ángeles y, más en concreto de los ángeles caídos, los demonios”.
También, precisa “es muy necesaria también la formación litúrgica”, pues “no hay que olvidar que el exorcismo es un sacramental”.
“Y, además, es necesaria la formación canónica, elementos de psicología que permiten distinguir una enfermedad mental de verdadera acción diabólica, comprender cuáles son los criterios de discernimiento para poder juzgar si se trata verdaderamente de un caso de posesión”.
“Se da un panorama de la práctica del exorcismo en diversos continentes y culturas, se exponen los elementos que ayuden a la vida espiritual de quien se dedique a este ministerio y a los laicos que apoyan con la oración, etc.”, explica.
Entre los varios ponentes del curso figuran Mons. Luigi Negri, Obispo Emérito de Ferrara (Italia); Mons. Rafael Martinelli, Obispo de Frascati (Italia); el sacerdote exorcista César Truqui; y la psicóloga Anna Maria Giannini.
El P. Barrajón precisa luego que si bien el curso “está dirigido principalmente a sacerdotes que quieren tener una formación en este ámbito”, pueden participar “también laicos que tengan un serio interés científico o pastoral en el tema”.
“Para ellos se requiere una carta de su obispo”, explica.

5 ene 2019

La virtud exorcística.

¿Cómo debe ser un buen exorcista para combatir a los demonios? Esto dice el Padre Fortea



¿Qué características debe reunir un buen exorcista para dedicarse a la lucha frontal contra los demonios? El famoso teólogo español José Antonio Fortea, autor del tratado de demonología y manual de exorcística Summa Daemoniaca, las detalla.
El P. Fortea explicó que “hay que partir del hecho de que todo sacerdote tiene poder para hacer exorcismos”, pero “la Iglesia concede el permiso para hacer exorcismos al que el obispo considera adecuado”.
“Lo ideal, pudiendo disponer de ello, es conseguir un sacerdote que tenga sentido común, que tenga una buena vida de oración, de penitencia, que encima esté bien formado”, señaló.
El sacerdote español aseguró que mientras “más cualidades tenga, mejor”, aunque destacó que “lo mismo se puede decir para ser un vicario episcopal o un vicario general”.
En particular se dan estas recomendaciones para los exorcistas, explicó, “porque si uno se va a dedicar de forma habitual a este ministerio, realizando exorcismos de forma habitual, es cierto que el demonio no le gusta que le hagan sufrir, y va a tratar de vengarse”.
“Entonces es preferible escoger a alguien que pueda resistir a los embates del demonio si se va a dedicar de forma habitual”, aseguró.
El P. Fortea indicó que “no es que el exorcismo sea lo más importante en la Iglesia, pero el exorcista hace sufrir al demonio. Por lo tanto, a los exorcistas que se dedican a esto de forma continua, cada semana, los demonios les tienen mucho odio, porque les están torturando”.
“El demonio quiere tentar a todos. Pero la sociedad que forman los demonios, porque son seres racionales, atacan más a los que más daño hacen a sus planes. Si pudieran hundir a todos los obispos, lo harían, o a los cardenales, todavía mejor, o al Papa, todavía mejor. La particularidad es esa, los exorcistas directamente actúan sobre el mundo de los demonios. Entonces, aunque no sean lo más importante de la Iglesia, les tienen especial manía”.
¿Los obispos deben saber realizar exorcismos?
El P. Fortea precisó que los obispos no son los exorcistas por antonomasia, por lo que no es una obligación para ellos participar en el ritual de expulsión de demonios.
“Esa es una cosa que se repite mucho, pero en mis libros he explicado que no es así”, añadió, pues “no hay tradición en los escritos de la Iglesia Católica en el sentido de que el obispo sea el exorcista por antonomasia”.
De igual forma, dijo, “el obispo no es el que celebra por antonomasia”, sino que “la Misa es exactamente igual, la diga el más pobre párroco de un pueblecito o la diga el Arzobispo de Madrid”.
“Cualquier sacerdote celebra una Misa tan valiosa, tan verdadera como la del Papa, como la de los cardenales y como la de los obispos”, aseguró.
“El obispo es el que manda, es el que tiene la plenitud del sacerdocio, es el que tiene la máxima autoridad, es el sucesor de los apóstoles, el que vigila. Podemos poner mil cosas. ¿Pero el obispo exorciza más y mejor, con más poder? Bueno, pues entonces él debería encargarse de los casos más difíciles. Y vemos la historia de la Iglesia, y no vemos que exista tal tradición”.
“Si eso fuera así –continuó–, si el obispo exorcizara con más poder, ¿por qué no llevar los casos peores de posesión al Papa? No, tampoco hay una tradición de eso. Creo que el poder sobre los sacramentales, esencialmente es el mismo en los presbíteros que en los obispos”.
Para el P. Fortea, “el Señor ha hecho que sustancialmente el poder sea el mismo en obispos y presbíteros, para que los obispos no se sientan moralmente en la obligación de tener que encargarse de los exorcismos”.
“¿Es función de los obispos exorcizar? No. Pueden exorcizar, pero no es su función exorcizar. ¿Por qué? Porque el obispo sí que tiene funciones propias: es función del obispo ordenar, supervisar la liturgia, imponer su autoridad, recibir a los sacerdotes, resolver los problemas que afecten a la diócesis. Eso sí que son funciones del obispo”.
Como ejemplo, el sacerdote español señaló que el obispo tampoco tiene la obligación de confesar.
“Será bueno que confiese, pero no es función del obispo confesar. El obispo que no se siente en el confesionario no tiene que tener ningún remordimiento de conciencia. El obispo que no recibe a sus sacerdotes sí que tiene que tener remordimiento de conciencia, porque es su función”, indicó.
“Hay cosas que el obispo puede hacer, pero no es su función específica. ¿Sería bueno que hiciera algún exorcismo? Sí, sería bueno, porque así vería las realidades de ese mundo espiritual, así se concienciaría más de lo que es este ministerio. Del mismo modo que también es bueno que un obispo a veces confiese, a veces haga bautizos, a veces sustituya a un sacerdote que está enfermo. Pero no es su función”.
El P. Fortea recordó el caso de una mujer francesa poseída “que fue llevada a San Juan Pablo II. Él la exorcizó, no se especificó cuánto tiempo, no la liberó. Y dijo: llevádsela al Padre Amorth. Es un ejemplo de que aunque uno sea un Papa santo, como era San Juan Pablo II, no necesariamente significa que tiene más poder para exorcizar”.

29 dic 2018

Inicio exorcistico

En este post, el inicio de un nuevo exorcista, todavía sin experiencia.

Girona tiene nuevo exorcista, pero pide el formulario para "invitar al maligno" a marcharse.

El nombramiento del sacerdote Josep Puig Bofill sigue las directivas del Vaticano, que pide que cada diócesis tenga un especialista en retirar al demonio del cuerpo de una persona. 



El Obispado de Girona tiene, desde julio, un exorcista en la diócesis. El obispo Francesc Pardo ha dado el cargo al rector de Roses y Palau-saverdera, el sacerdote Josep Puig Bofill. Este nombramiento sigue las directivas del Vaticano, que pide que cada diócesis tenga un expulsador de criaturas malignas.


El flamante nuevo exorcista fue ordenado en 1984, tiene 60 años y, confiesa, no tiene una formación específica para ser exorcista. Puig explicaba en Catalunya Ràdio que afronta esta designación “con ganas de ayudar si se puede” y, no esconde, albergar dudas más que razonables sobre su nueva misión: “Creo que me costará distinguir, si es que se puede, entre enfermedades psicológicas y posesiones reales”, ha afirmado.
Para sacar al demonio existen, asegura el rector de Roses, un protocolo o “formulario”. “Yo todavía no lo tengo. Rezar y poco más. Escuchar, acompañar si es posible, pero no hacer hacer cosas especialmente llamativas”, puntualiza el nuevo exorcista del Obispado de Girona. “Si se tiene que invitar al maligno para que se vaya, pues no sé, ya me pasarán el formulario para hacer esas cosas”, insiste el exorcista titular de la provincia de Girona.


Sacarse el título de exorcista requiere una semana de preparación. El pasado abril, el Vaticano lanzó un curso para exorcistas y se matricularon más de 200 católicos, la mayoría sacerdotes. Con este curso se aprende, explicaban los responsables  a expulsar demonios incluso a distancia mediante el teléfono móvil. 

Licencia para expulsar demonios

Las clases, a las que podría asistir el nuevo exorcista de Girona para aprender las herramientas adecuadas, incluyen materias variopintas que van desde la "artesanía en África" hasta "cómo diferenciar entre posesión demoniaca y enfermedad mental", además de una guía para principiantes con el "paso a paso" para expulsar demonios. 
Aunque está abierto a todo el mundo, también laicos (siempre y cuando envíen una carta de declaración de las intenciones por las que se queire hacer el curso), solo los sacerdotes podrán aplicar los conocimientos adquiridos y con el permiso de su obispo o una licencia especial. Así, las mujeres pueden cursar estos estudios pero reciben un certificado, no una autorización para realizar exorcismos.  
El próximo curso tendrá lugar del 6 al 11 de mayo en Roma. El precio de este título diseñado como "una ayuda para  profundizar en la realidad del Ministerio del exorcismo" es de 300 euros que incluye material. Los servicios de traducción cuestan 350 euros adicionales.

20 dic 2018

Exorcista de Badajoz, España.

Un exorcista extremeño en territorio templario



Antonio María Rejano cree que cada diócesis debería contar con un «especialista» y confiesa que ha realizado media docena de exorcismos.

Aunque siempre ha estado rodeado de misterio, el exorcismo es un ministerio sacerdotal y, de hecho, cada diócesis debería contar con un «especialista», según confiesa el párroco de Jerez de los Caballeros y exorcista, Antonio María Rejano Caballero, que añade que es un tema «que está saliendo a la luz ahora» y que antes «solo se veía en las películas».

Rejano Caballero, natural de la localidad pacense de Aceuchal, de 47 años, es uno de los dos sacerdotes autorizados en Extremadura para hacer exorcismos y lleva tres años en la ciudad templaria.

Hace dos años recibió la propuesta del Obispado para que se encargarse de este rito «que la Iglesia utiliza para expulsar el demonio del cuerpo de una persona» y para el que el sacerdote debe formarse «porque no es una realidad que te encuentres todos los días«.«Es algo que está saliendo a la luz ahora, antes estaba más oculto.

En mis tiempos de seminarista no se sabía quién era en la diócesis y, sin embargo, ahora todo el mundo sabe quien es y que existe», reconoce Antonio María Rejano, que afirma que ser exorcista «no es cuestión de fortaleza mental ni física, sino de tener fe y ser persona de oración«.

Antonio María Rejano, que en este período ha realizado media docena de exorcismos, explica que no está solo en las sesiones, sino que le acompaña un grupo de oración laico, porque lo fundamental es «oración, oración y oración», insiste.Además, relata que el proceso hasta el exorcismo no es fácil, ni se hace en una sola sesión, sino que es el último punto al que se llega cuando una persona entiende que está poseída por el demonio tras pasar por muchos especialistas y no encontrar respuestas a su situación.

Visiones, situaciones anormales y extrañas vividas en sus propias casas, hablar lenguas o dialectos «muertos», que casi nadie conoce, u olores, por ejemplo, a azufre, son algunos síntomas propios de una posesión, según este sacerdote, que reconoce que aunque son cosas que se ven en las películas «estas cosas suceden».No obstante, precisa que hasta que no se inicia el ritual, con entrevistas con la persona que cree estar poseída, no es posible asegurar sin existe o no posesión, además de que se requiere la información médica de un especialista que descarte que se trate de cualquier enfermedad.

Rejano Caballero reconoce que dar mayor luz a los exorcismos puede provocar, en cierto modo, «un efecto llamada « de gente que crea sufrir una posesión, aunque basta con entrevistas personales para saber si se está en lo cierto o no. A su juicio, un exorcismo «es algo muy serio y muy profundo que los que lo hacemos desde la fe sufrimos con la persona a la que se le está realizando y eso es lo que de alguna manera nos tiene que hacer recapacitar, que no es solamente por el morbo, por decirlo de alguna manera».

Ante quienes piensan que los exorcismos «son cosas de otros tiempos», este sacerdote asegura que «es algo muy actual porque el demonio hoy está más presente que nunca en el mundo y a través de distintas acciones entra en las personas, porque hay falta de fe « y se ignora la presencia de Dios en la vida de las personas.Además, asegura que también hay maneras «externas» de que el demonio entre en una persona, como las magias negras o tablas guijas «que la gente piensa que son tonterías y no son tan tonterías, sino situaciones en las que uno puede recibir en ese momento la posesión del demonio y aparecer en otro momento de su vida».En cuanto a la imagen que el cine da de los exorcismos, señala que las situaciones, en general, «no son tan exageradas» y además de que «ni los hacemos de noche ni en penumbra, sino de día y con luz.

15 dic 2018

Exorcista de Florianòpolis, Brasil

Un exorcista comenta que pecados causan una mayor acción del diablo.





El P. Pedro Paulo Alexandre, exorcista de la Arquidiócesis de Florianópolis (Brasil), advirtió que actualmente se puede observar una mayor acción del demonio debido a “los pecados practicados contra el Primer Mandamientode la Ley de Dios”.
En su nuevo libro “Fenómenos Preternaturales: sobre las acciones de los ángeles y de los demonios”, el P. Alexandre da una explicación sobre este tema basándose en la Biblia, la teología, el magisterio de la Iglesia y otros recursos.
En una entrevista concedida a ACI Digital –agencia en portugués del Grupo ACI –el exorcista resaltó que “en medio de un contexto delicado en el que vivimos –en el que se multiplican las prácticas de superstición, ocultismo, adivinación, magia, prácticas que son prohibidas en las Sagradas Escrituras– es fundamental conocer que el magisterio, los Papas, las conferencias episcopales, especialistas, historiadores nos hablan al respecto de estos temas”.
“Es urgente ayudar a las personas a que perciban los riesgos espirituales que están entorno de esas prácticas”, expresó.
El sacerdote indicó que la mayor apertura a la acción del demonio se debe a los pecados cometidos contra el Primer Mandamiento, entre los que se destaca “la superstición por la cual divinizamos alguna criatura o fuerza criada, cayendo así en la idolatría (Ex 20, 2-17)”.
El P. Pedro Paulo Alexandre también dijo que otro de los pecados que intensifican la acción demoniaca es la “adivinación” y al respecto recordó las palabras de San Alfonso María de Ligorio, quien en su libro “Teología moral” explica que “la adivinación se da cuando alguien invoca la ayuda tácita o explícita de los demonios con el fin de conocer las cosas futuras contingentes –no necesarias– o cosas ocultas que no se pueden conocer naturalmente”.
Haciendo referencia a ese mismo santo, el exorcista indicó que el tercer pecado contra el Primer Mandamiento es la “magia” porque esta “atribuye honras divinas a las criaturas, esperando de ellas algo que solo debemos esperar de Dios y también porque intenta entrar en un pacto con el demonio”.
“A través de esos pecados el demonio corrompe nuestra relación con Dios”, manifestó el P. Alexandre.
Por otro lado, el exorcista lamentó que actualmente “muchos niegan la existencia de Satanás y de sus demonios”.
En ese sentido, recordó que el autor inglés C.S. Lewis, en el prólogo de su libro “Cartas de un diablo a su sobrino”, escribió que “hay dos errores iguales y opuestos en los cuales podemos caer al respecto de los demonios. Uno es no creer en su existencia y el otro es creer y sentir un interés excesivo y no saludable por ellos. Ellos están igualmente satisfechos con ambos errores”.
También subrayó que “es urgente conocer la incompatibilidad que existe entre la fe católica y las otras doctrinas”.
En cuanto a su propio libro, el P. Alexandre expresó que desea “cooperar con todos los que buscan comprender a partir de la fe de la Iglesia y de los grandes estudiosos la realidad de la acción preternatural: principalmente la acción de Satanás y de sus demonios en nuestro mundo”.
“En segundo lugar, pretende ser una ayuda pastoral. Ante el sufrimiento, las personas buscan respuestas. Hoy, muchas personas heridas golpean a la puerta de la Iglesia pidiendo socorro. Profundizar los temas ligados a la acción preternatural, podrá ayudar mucho en el arduo proceso del discernimiento de cada caso ", precisó.
En tercer lugar, dijo, el libro “es una invitación al estudio”.
“En la parte final del libro presente como apéndices diversos textos, entrevistas y temas de gran importancia, los cuales fui recibiendo a los largo del tiempo de parte de amigos exorcistas, de grandes autores y especialistas en diversas áreas”.
Según el sacerdote, la obra consta de “un vasto y excelente material de formación” en el cual el lector “descubrirá la preciosidad de la fe católica, de los grandes tesoros espirituales que Jesús concedió a su Iglesia, de las diversas armas que tenemos para frenar esa batalla espiritual cotidiana”.

11 dic 2018

Exorcista de Buenos Aires, Argentina.

Estar en pecado mortal abre la puerta a la acción del demonio, alerta el exorcista Cristian Cabrini.



El sacerdote argentino Cristián Cabrini es actualmente exorcista de la diócesis de San Isidro, sufragánea de la de Buenos Aires, de la que fue arzobispo el Papa Francisco. Es además delegado para el grupo de habla hispana de la Asociación Internacional de Exorcistas.

Durante estos años ha atendido a numerosas personas que han sido atacadas por el demonio, muchas de ellas muy pobres y provenientes de barrios marginales. La mejor respuesta que este sacerdote da a los que le preguntan de cómo protegerse del Maligno es practicando los sacramentos y viviendo en gracia. En una entrevista en Portaluz explica su experiencia de años como exorcista:

- Chile acaba de unirse al grupo de países cuya legislación facilita el aborto. ¿Es esto un triunfo para el demonio?, ¿una derrota para Dios?
- El demonio actúa en una sociedad primero debilitando la fe, haciendo que esa sociedad no viva conforme a los principios cristianos… Una sociedad que se va corrompiendo, que va perdiendo sus principios y valores cristianos, no es extraño que termine en esto; donde ya nadie piensa no solamente en Dios, sino en el respeto a la vida. En ese sentido la promulgación de la ley del aborto, ¿es una acción el Maligno? Podríamos pensar y decir lo siguiente: Evidentemente esto (ley que facilita el aborto), que es un atentar contra la vida, satisface al espíritu del Mal. Uno podría decir hay un acción natural -no extraordinaria-, una acción ordinaria, del Maligno ¿no es cierto? Pero hay que prestar mucha atención a esto porque podría parecer que uno está casi como exculpando -en este caso a los legisladores que hayan votado a favor de la ley del aborto-, diciendo hay una acción ordinaria del demonio. Esto no es así, ni a lo que hago referencia. ¿Se entiende?

- De su experiencia como exorcista y al estar en contacto con exorcistas de otros países ¿Cuáles cree son hoy en las Américas los ámbitos de acción predilectos del  demonio?
- Padre Amorth dice en uno de sus escritos que si por el demonio fuera se haría presente en todos los ámbitos de la vida de la persona y arruinaría al hombre en todo lo que pudiera. La acción del Maligno… para él no es un problema el tiempo. Se puede tomar hasta el último día buscando que el hombre se separe de Dios; que el hombre se enfrente a sus hermanos, se separe, se divida, se fraccione; y para que a su vez el hombre dentro de sí mismo también esté roto, separado de sí mismo. Entonces cuando se produce en la vida del hombre esta triple fracción, uno está a merced de cualesquier macana. Si ya no hay valores cristianos, si una sociedad perdió además los valores civiles, es la ley de la selva.

En ese sentido hay una carga fuerte y sobre todo cuando el hombre no vive en una situación de gracia, sino que está abierto a la acción del mal. Por ejemplo un cristiano que, conociendo perfectamente lo que significa llevar una vida en gracia de Dios o en pecado y en pecado grave, se niega cómodamente, viviendo en esa situación de pecado grave… Uno escucha regularmente a la gente preguntar: ‘Padre, ¿qué puedo hacer para protegerme?’ ¡Viva en gracia! ¡Celebre su fe! Viva los sacramentos. Pero si usted no hace ninguna de estas cosas o peor aún: vienen a misa, rezan –vamos a ver después cómo será su vida de oración- pero saben que están en una situación de pecado grave y nada hacen para salir de esa situación, está evidentemente expuesto a la acción del mal. Porque acá no hay muchas vueltas. O estoy abierto a Dios y a lo que el Señor me ofrece o estoy de espaldas a Dios; y eso significa estar de cara al espíritu del Mal. No estoy diciendo con esto que todas las personas que están en pecado mortal vayan a recibir algún tipo de acción del Maligno, pero sí me parece que uno está (en esa situación) como ofertado u ofrecido por ejemplo a cualesquier brujería que a uno le puedan hacer y que puede tener efectos porque uno simplemente no está en gracia de Dios.

- ¿Conocer de los demonios y su acción ha incidido sobre su fe?
- Cuando uno tiene la experiencia de encontrarse -sobre todo la primera vez-, con la presencia real del Maligno en la vida de una persona, despiertan muchas cosas, interrogantes. Todo esto por supuesto que interviene (impacta) después en la oración personal, en la búsqueda de respuestas, en el cariño y en el trato paciente hacia estas personas. En estos quince años de sacerdote y aun habiendo estado como vicario, como párroco en zonas muy vulnerables del Gran Buenos Aires, debo decir que la pobreza que a mí personalmente más profundamente toca mi corazón es la enorme cantidad de gente que de forma solitaria, con profundas angustias, sin tener un lugar o personas que puedan ayudarlas, sufren o padecen realmente la acción del Maligno en sus vidas.

- ¿De alguna forma entonces cree haber crecido en santidad ejerciendo como exorcista? 
- Bueno, sabe Dios ¿no? si he crecido en santidad. Siempre es el deseo que tengo ¿no es cierto? Si el decir crecer en santidad es tratar de acompañar a las personas; desarrollar nuevos aspectos en la vida de oración personal, etcétera; sí, claramente en ese sentido sí, palpablemente sí. Porque además así como está tan fuerte la acción del Maligno -en la persona que está siendo como… vulnerada por el Maligno-también hay una presencia de Dios y su gracia que sobreabunda. Acá el centro no es jamás el bochinche o el ruido que pueda hacer el demonio, sino la presencia, la acción de Dios y su Gracia.

- Para expulsar al demonio Dios, no necesitándolo,  ¿ha querido hacer partícipes a los sacerdotes?
- El asunto es así: Jesucristo pide a los apóstoles que -dentro de las consignas que les da, está en las Sagradas Escrituras- vayan y expulsen a los demonios en su Nombre. Los sucesores naturales de los apóstoles son los obispos. Son propiamente entonces los obispos en la vida de la Iglesia quienes tienen esta potestad del ejercicio de este ministerio, del  Exorcistado. Entonces, como los obispos suelen tener múltiples actividades, habitualmente designan a otros sacerdotes en quienes delegan esta potestad. No es que el exorcismo en la vida de la Iglesia sea un carisma -por ejemplo un sacerdote sanador-  sino que el único sacerdote que puede rezar un exorcismo mayor es aquél que ha recibido el nombramiento de parte del obispo.

- Al laico que precisa ayuda en ocasiones le asalta la inquietud si ¿hay exorcistas más eficientes que otros?
- Es un tema discutido, porque propiamente quien expulsa al demonio no es el exorcista, -esto tiene que quedar bien en claro-, sino Jesucristo el Señor. Él es el único. El exorcismo es en el nombre de Jesucristo el Señor. Él es el único. Si la vida del sacerdote exorcista no es una vida… santa, diríamos así, evidentemente la acción, la eficacia de su oración, será menor. Hay sacerdotes exorcistas que por conocimiento, por sus propios carismas también, porque Dios puede dar sus propios carismas -oración en lenguas o lo que fuera-, pueden tener un recorrido con las personas más rápido.

7 dic 2018

Exorcista de Cartagena, Colombia

Conversando con el exorcista de la Arquidiócesis de Cartagena



                                                       Sacerdote Luis Guillermo Correa,

Para los creyentes, es una lucha eterna la que libra el “Príncipe de la Tinieblas” contra Dios por el alma de los creados: los seres humanos. Guerras, enfermedades y delitos de todos los calibres tienen su origen en la apropiación arbitraria que el diablo hace de las personas.
Por eso, según la Iglesia Católica, la lucha contra Satanás no es cuestión de verborrea, es un asunto serio, un combate sin tregua que necesita de representantes de Dios en la tierra esforzados en mantener una vida íntegra, con una fe férrea para no sucumbir a las tentaciones, para decir no al pecado. Ellos son los sacerdotes exorcistas. En Cartagena hay uno solo reconocido por la Arquidiócesis: Luis Guillermo Correa, de 74 años, miembro de la Renovación Carismática, a la que pertenece hace 38 años y en la que sin proponérselo incursionó en la ofensiva contra Lucifer. 
La lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales, se afirma en el capítulo 6, versículo 12, de la Epístola a los Efesios escrita por el apóstol Pablo, autor de 13 textos de la Biblia.
En este pasaje del libro más leído en el mundo se concentra, según el cristianismo, la explicación a cientos de males físicos y emocionales que aquejan al ser humano y sobre los cuales la ciencia es incapaz de aclarar cualquier cosa. Y en todo ello hay un solo responsable: el diablo. Así lo ha reconocido el Papa Francisco insistentemente, quien, a diferencia de sus predecesores, habla abiertamente del demonio y del combate espiritual contra este “ser que nos hostiga”.
Es tanto su interés en que la gente tome consciencia de ello y su preocupación manifiesta por los infinitos males que agobian al mundo que en el 2014 el Vaticano desempolvó el Concilio Vaticano II (1962 – 1965), que habla del rito exorcista y reconoció jurídicamente la Asociación Internacional de Exorcistas.
Posterior a esto, a la Arquidiócesis de Cartagena llegó el pedido desde Roma de nombrar oficialmente un exorcista y con esto la labor espiritual que venía haciendo el sacerdote Correa hace tres décadas, de manera silenciosa, recobró importancia en la agenda local de la Iglesia, al punto que tiene encomendado formar a sacerdotes jóvenes con esta inclinación de atender los casos difíciles de influencia maligna.
Luis Guillermo Correa es querido entre la feligresía católica cartagenera y el reconocimiento de su carisma traspasa las fronteras, incluso de Colombia. Diariamente en la parroquia María de la Paz, en el barrio Los Corales, atiende hasta 12 personas que llegan allí esperanzadas en su orientación y en la bendición de una oración liberadora que los sane espiritualmente.
Con voz pausada y pacientemente, Correa explica todo lo concerniente al diablo, al pecado, al infierno y al cielo…
¿Qué es el exorcismo?
-Es un rito para expulsar a Satanás de una persona poseída. Parece una definición sencilla, pero no lo es. El significado que está implícito en ella tiene aristas complejas de entender para la mente humana; tanto que algunos solo eligen rechazar de plano todo lo concerniente a ello; otros, en cambio, aceptan que es una verdad de fe, es decir una verdad cuya comprobación está fuera del alcance de la capacidad humana.
¿Cuándo una persona necesita ser exorcizada?
-Hay dos tipos de liberaciones: el exorcismo y la oración de liberación. Se hace exorcismo cuando la persona que se va a tratar está poseída por un demonio. La otra influencia se llama opresión o infestación; en este caso se hace una liberación. La posesión es la más grave.
¿Cuál es la diferencia entre la posesión y la opresión?
-Hay posesión cuando la persona expresamente, de manera voluntaria y consciente, se ha entregado a Satanás y este se apodera de ella.
La opresión es cuando la persona ha estado en brujería o en prácticas espiritistas, o le han puesto una brujería. En estos casos, hay un espíritu malo que lo está oprimiendo, está actuando en la persona, pero desde afuera.
¿De las dos cuál es la más común?
-La opresión. En ésta el diablo o el espíritu malo domina a la persona en un área o en varias, generalmente oprime la mente, la voluntad, las emociones y la parte sexual de la persona.
Si el diablo existe, ¿existe el infierno entonces?
-Hay mucha gente que se la da de muy intelectual o de incrédula, dice que el diablo no existe, que es una simple imaginación o es una fuerza maligna, o es una carencia de la persona humana. La gente no cree en eso, pero es una verdad. Son verdades de fe porque están en la palabra de Dios.
¿Cómo puede definirse al diablo?
-Es un espíritu malo. El papa Pablo Sexto, el 15 de noviembre de 1972, en tiempos en los que había  muchos problemas en la Iglesia, mucha incredulidad y mucha negación del diablo, dijo: Satanás existe, es una entidad. No es como dicen algunos que es una deficiencia. Es un ser real, espiritual, no tiene materia, pero sí tiene una personalidad, es decir, tiene inteligencia, una voluntad y es un ser malvado, pervertido y pervertidor. La pregunta entonces es: ¿cómo entró el mal en el mundo? En Génesis 13 hallamos la respuesta. 
En este pasaje bíblico que usted menciona se habla del árbol de la ciencia del bien y del mal. ¿Qué es lo que representa este árbol?
-Representa la posibilidad de conocer el bien y el mal. El Hombre no puede pretender por sí mismo determinar lo que es bueno y lo que es malo porque depende de Dios, es Dios quien lo ilumina. El problema es cuando usted quiere decir: esto para mí no es malo. Uno tiene que someterse a Dios.
¿Por qué el hombre no puede ser conocedor del bien y del mal?
-Porque es un ser limitado que depende de Dios, es criatura y como tal depende de su creador. Cuando pretende esto se está engañando. El hombre es hombre, no es Dios. El diablo lleva al hombre a pecar valiéndose de nuestra soberbia, de nuestra debilidad, de nuestra curiosidad, de la aspiración de querer ser independiente. Dios nos ha dado la libertad, pero con límites, porque como no soy dueño del bien y el mal corro el riesgo de destruirme.
¿Qué es el pecado?
-El pecado es cuando el hombre se pone por encima de Dios y pretende él mismo hacer de su vida lo que él quiere, no depender de nadie y hace lo que moralmente no está bien. Cuando se rebela contra Dios se está autocondenando.
¿Qué es el cielo y qué es el infierno?
-El cielo es la felicidad de vivir con Dios. Tanto el cielo como el infierno empiezan para cada persona en la tierra y se prolongan más allá de la muerte. Si yo amo a Dios, y obedezco sus mandamientos, voy conquistando mi cielo desde la tierra. Es una cuestión personal, es mi situación ante Dios, ante el mundo. En gracia de Dios se alcanza una tranquilidad indescriptible. Soy realmente feliz. Si me dejo llevar por el demonio y hago el mal y me entrego a los vicios, no soy feliz; aunque tenga dinero, la zozobra siempre va a estar presente. Cuando morimos esa felicidad o infelicidad se prolongará eternamente. Jesús lo dijo, la puerta al cielo es estrecha.
¿Pero el infierno es un lugar físico?
-El infierno no es un lugar, es una situación personal. ¿Por qué no hablamos de lugar? Porque los espíritus no necesitan un lugar, no son seres corpóreos. Ha habido algunos casos en los que Dios ha permitido la visión del infierno. Una, fue a Santa Teresa de Jesús; cuando entró al convento ella trató de desviarse y Dios le quiso mostrar que estaba en peligro y un día en sus oraciones el Señor le mostró el infierno, era una cosa tan asfixiante que aplastaba. A los pastorcitos de Fátima, la Virgen les mostró el infierno para darle un mensaje al mundo: hay que orar por los pecadores. Era como un lago de fuego y las almas caían ahí como caen las hojas de los árboles sacudidas por el viento y allá se retorcían y gritaban; era algo terrible. Infierno sí hay. El que quiera creerlo que lo crea, el que no… Hay que orar.
¿Y más allá de la muerte, a dónde se prolonga la vida? Esa es la pregunta que el hombre no ha podido responder.
-En la eternidad, en Dios. Dios no está en un lugar. Está en todas partes.
¿Cómo incursionó usted en esto de las liberaciones?
-En el año 80, tenía 36 años, llevaba 6 años en el sacerdocio, estaba en Villanueva y me di cuenta de que trabajaba mucho por el Señor, pero al mismo tiempo era consciente de que tenía mis debilidades personales. Trabajaba muy bien, pero cometía errores y pecaba. Le pedí a Dios que me mostrara dónde podía cambiar. Yo esperaba que me dijera: vete a un monasterio o a una montaña, pero cuando oraba  me decía ve a la Renovación Carismática. A mí no me gustaba porque la percibía como una manada de locos, pero al final dije si no hay más remedio... En esa búsqueda, en ese año fui a un retiro espiritual en La Ceja, Antioquia, mi tierra, con el sacerdote Emiliano Tardif, que tenía gran carisma para hacer oraciones de sanación. Él me oró, hice una fila larguísima como de dos horas para llegar hasta dónde él. Fue mi primer contacto con este tipo de oraciones. Me confesó, me absolvió y cuando me levanté me sentí totalmente diferente. Experimenté una paz en mi alma que era como el cielo y una felicidad inmensa, sin ningún asomo de culpa. Esa sensación de completa paz me duró un mes; la lucha es diaria, pero esa vez experimenté el cielo y desde entonces lo he experimentado mejor. Regresé a Villanueva y comencé a trabajar en la Renovación, ahí oramos por los enfermos. Dirigí la Renovación en Cartagena por 36 años.
Yo esto no lo busqué sino que la gente venía y muchos venían con malas influencias; eran personas que habían estado en brujería, mujeres que habían abortado, personas que habían estado en espiritismo.
¿Cuál es el caso más pesado que usted ha manejado?
-Señalar eso es muy difícil. Hubo un caso que fue pequeño, pero grande para mí. Una vez una mamá de la Renovación me pidió que orara por su hijo, que es un abogado. Era joven, ya estaba casado, pero estaba muy descompuesto, entregado al licor, a la parranda y a las mujeres, se estaba como enloqueciendo. Yo lo confesaba, oraba y se iba bien. A los 15 días volvía peor. Al final orando y hablando con él, Dios me mostró que la base de sus males estaba en un anillo que un indio de La Guajira le había rezado para asegurarlo. Le pedí que se lo quitara, lo oré y se sanó, no regresó más. Pero yo de manera inconsciente conservé el anillo en mi escritorio; pasó un mes y yo estaba atormentado; se me pasó a mí lo que él tenía. Sentía calor, ganas de vomitar, sentía que me puyaban todo el cuerpo y mucha rabia. Yo pensé, bueno, qué está pasando, estoy seguro de que no estoy en pecado porque el pecado lo lleva a uno a todas esas cosas. Estaba muy preocupado y le pedí a Dios que  me dijera cuál era la causa. Había orado como un cuarto de hora cuando se me vino a la mente el anillo. Inmediatamente corrí al escritorio, lo mandé a partir, le eché agua exorcizada, le hice una liberación al anillo y me hice una a mí, y hasta ahí. Creo que esas son pequeñas manifestaciones de que el maligno sí existe. He tenido otros casos grandes de personas que han estado en hechicería, en satanismo, que están muy oprimidas. Es muy terrible para algunos porque ya solo pisar la iglesia y se vuelven unas fieras; cuando están endemoniados tienden a agredir. Un lunes festivo, en la casa de oración frente a la Madre Bernarda, llevaron a un joven que apenas me vio revestido con la estola morada se fue contra mí, intentó hasta ahorcarme. Cuando entré al recinto estaba acurrucado en un rincón, se le veía la presencia del diablo en su mirada. Al final, entre todos, lo dominamos y le hicimos una primera oración muy fuerte, en la que se ata al espíritu malo y se le ordena salir del cuerpo de la persona. Estos son casos que ameritan hasta cinco oraciones para estar seguros de que el demonio sale completamente.
¿Cómo se prepara para hacer una liberación?
-Para uno trabajar en la sanación y liberación hay que tratar de llevar una vida muy íntegra y vivir en gracia de Dios. Tiene uno que confesarse, yo lo hago cada mes. Si se me presenta una liberación muy fuerte y he tenido algún disgusto, no la hago sin antes confesarme porque siento que todo lo contamina a uno. Cada día oro dos horas ante el Santísimo. Hago el Rosario a la Virgen. Ella es la más poderosa protectora. El diablo le tiene pavor a la Virgen porque ella es inmaculada y pura. Él no pudo mancharla, ella está sin mancha de pecado, el demonio no tiene sobre ella ningún poder.
¿Quiénes son los que más acuden a usted?
-Las mujeres, los hombres. Todos. Vienen muchos jóvenes, adultos; religiosas a pedir orientación para resolver problemas de su comunidad; sacerdotes también vienen.
¿La Iglesia cobra por ese servicio?
-Es gratuito.
¿Cuántos casos atiende en un mes?
-El número es relativo, pero cada día atiendo un promedio de 12 personas, máximo 14. De lunes a jueves atiendo gente que no es de la parroquia. Hay veces que vienen de los pueblos o de Barranquilla, de Santa Marta o de Montería. Han venido extranjeros también. Los viernes sí los dedico a gente de la parroquia. No todo el que viene donde mí tiene que estar bajo la influencia maligna, no. Puede estar en pecado o enfermo del cuerpo, yo atiendo toda clase de problemas. Cuando descubro que hay influencias malignas, los oro, pero los mando a venir otro día. En el mes dedico un día a la liberación, generalmente los miércoles, porque necesito un equipo para hacerlas. La liberación no la puede hacer un sacerdote solo. En mi equipo hay personas muy virtuosas, espirituales y tienen carismas, por ejemplo, la palabra del conocimiento. Somos 4, tres señoras y yo.
¿Se ha equivocado en algún procedimiento?
-Creo que no porque trato de ser muy prudente, voy despacio y con mucha oración. No todo lo que parece influencia maligna lo es; hay casos de personas que están enfermas mentalmente. Hay problemas de depresión, de esquizofrenia, de neurosis, que podrían parecer opresión, por eso uno tiene que ir muy despacito. Para liberar hay que descubrir por qué el demonio tiene el poder sobre la persona. Cuando se descubre la causa podemos decir que la batalla está ganada.
¿Y cuándo la persona es atea?
-Ahí es más difícil, no se puede hacer mayor cosa porque las liberaciones y el exorcismo se hacen a nombre de la fe. Para una persona que se declara atea y está endemoniada lo más que se puede hacer es orar por ella.
¿El maleficio que le echan a una persona, lo puede coger otra?
-En parte sí. Conocí un joven en Manga, hace unos 25 años. Me pidieron que orara por él, estaba muy grave, tenía unos 15 años, estaba en una habitación en la que no había cama ni nada, estaba tirado en el piso, desnudito y como un esqueleto. Cuando llegué, la mamá me detuvo en la sala para contarme la historia. Ese niño, cuando estaba más niño, amaba mucho a su papá, estaba muy apegado a él. El papá había sido muy bueno, pero llegó un día una mala mujer que lo enamoró y se lo llevó. Esta mujer, para dominar al papá y romper el vínculo con su hijo le hizo brujería a la familia y a partir de ahí el niño empezó a perder el control. Tenía episodios raros, incluso de violencia, sobre todo los viernes, reventaba las cosas, se hacía daño. ¿Por qué los viernes? El viernes es el día en que Jesús murió. A los grandes santos, el demonio los ha atormentado los viernes. El diablo odia a Cristo y odia la redención y trata de vengarse porque Cristo lo venció a él en la cruz.
Entonces el niño se fue descomponiendo y cuando yo fui ya estaba completamente inconsciente. Le hice una oración a él y otra a la mamá para que perdonara a su exesposo. Como a los 5 días el niño murió. Son casos que me hacen pensar que la influencia maligna se puede pasar a otra persona.