31 jul 2021

De la Ouija y budismo a ser feliz cristiana

 
 
Es la cuarta de cuatro hermanos de una familia católica. Aina recuerda su infancia como una época de grandes carencias afectivas por la educación de sus padres. "Mis padres eran hijos de militares por lo que mi madre nos hacía contestar de una forma disciplinada", recuerda. 
 
Esta disciplina ya era un obstáculo y un rechazo fuerte para Aina que se rebelaba antes las imposiciones que le hacían. El sentimiento era de sentirse como una niña que no encajaba en el mundo que le había tocado vivir pero a la vez sentía desde muy pequeña una fuerte conexión con Dios. 
 
"Sentía desde pequeña esa amistad con Dios, como amigo le contaba las cosas que me pasaban y aquello que me preocupaba y en él encontraba ya un amor muy fuerte", explica. Encontraba en esos momentos de intimidad con Dios que no estaba sola. Pero ya en la adolescencia, con 11 años empezó a jugar con temas peligrosos como la Ouija, sin tener ideas de lo que esto significaba, conoció el mundo del yoga cuando todavía no era una disciplina conocida. Practicaba todo esto incluyendo otras religiones como el budismo. 
 
"Practicaba todo esto pero siempre me faltaba algo. Y el yoga además me confundía mucho porque el profesor nos decía que cuando meditábamos podíamos pensar en la figura de Jesús y eso a mi me confundía", recuerda Aina. 
 
A los 16 años llegó el momento de salir mucho por la noche y al año siguiente Aina conoció al que sería el padre de dos de sus hijos. 
 
Se separó de esa persona y con posterioridad conoció a otra persona con la que se casó a pesar de que esa persona no tenía esa fe que ella anhelaba que tuviera. Se quedó embarazada y a pesar de la mala vida que tuvo junto a esa persona pudo ver nacer a su hijo. "Dios estaba conmigo porque ni me inmuté, sabía que a mi hijo no le iba a pasar nada". 
 
Tras muchas idas y venidas Aina fue al Retiro de Emaús, fue en este retiro donde empezó a sentir los frutos de la conversión y empezó a conocer al Espíritu Santo. "Pero es en la adoración y en la misa donde encuentro la verdadera felicidad, nada me falta. Ahora es esclava de Maria.

22 jul 2021

Historia de un exorcismo

Historia de un exorcismo, de la magia cabalística al sagrado bautismo.


Por el P. Federico Highton.

En este intervalo sin crónicas ni aventuras, donde me vi forzado a dejar por un breve período los misteriosos horizontes de la paganía y a recluirme en nuestra casa religiosa de la Orden San Elías en Las Galias para terminar el doctorado pendiente, pude ser testigo del muy fecundo y escondido trabajo apostólico que los Padres Ansaldi hacen en la Parroquia de Ollioules.

Mas no solo fui edificado por su ejemplo sacerdotal, su celo apostólico y su estilo monástico, sino que fui testigo de una conversión que bien puede ser considerada, una “rara avis”. Nos referimos a la conversión de una mujer francesa llamada Teresa (no revelamos su nombre real por razones obvias). Entremos en la historia, que no sólo no terminó, sino que recién empieza.

Teresa nació en una familia atea, que cuenta con varios masones desde la época de sus abuelos. Cuando ella era niña, según ella cuenta, el diablo le dijo: “tu familia es atea; ergo, Dios no te va a cuidar. Yo me encargaré de tí”. Pasado el tiempo, siguiendo las huellas de su madre, se dedicó a la magia y, más específicamente, al tarot, llegando a hacer de eso no sólo su profesión, sino su misma vida. Económicamente le estaba yendo bien, pero de pronto surgió un problema: su cuerpo y su alma empezaron a sufrir horribles dolores que jamás cesaban. El motivo era simple: quedó poseída por uno o más demonios. Quien juega con fuego, se quemará. Es así de simple.

Su vida devino un infierno incesante, pero había breves momentos del día en el que sus dolores se interrumpían: era cuando sonaban las campanas de la Parroquia, la Parroquia de Ollioules, donde celosamente trabajan los Padres Ansaldi. Cuando las campanas sonaban, para dar la hora, para invitar al Angelus o llamar a Misa, sus tétricos dolores desaparecían. Fue entonces, que Teresa, deseosa de poner fin a sus tormentos, se acercó a la Parroquia.

Pero, algo sucedía: cuando trataba de entrar en el templo, no podía ingresar. Hacía el esfuerzo, quería dar el paso, dejaba todo de sí, pero no podía poner un pie en la Casa de Dios. Algo o, mejor dicho, alguien, se lo impedía. Luego del tercer intento fallido, con fina perspicacia sobrenatural, percibió algo importante: si no puedo entrar, significa que debo entrar”.

Al fin de cuentas, hace un año, logró hablar con el párroco, el Padre José. Ese día, probablemente gracias a las oraciones de algún alma que ofreció sus dolores en alguna parte del mundo, Teresa decidió bautizarse. Fue un catecumenado muy especial ya que no sólo debía aprender la doctrina y las plegarias, sino enfrentar tremendos ataques de los demonios. Una de las pruebas preternaturales que debió padecer fue que cuando ella nos veía a los sacerdotes (soy testigo de este hecho), contemplaba el abismo del poder sacerdotal, y por eso, se le llenaba la mente de una multitud de insultos indecibles contra el clero. No por nada, el Santo Cura de Ars llegó a decir lo siguiente: “¡Oh, el sacerdote es algo grande! No, no se sabrá lo que es, sino en el cielo. Si lo entendiéramos en la tierra, moriría uno, no de espanto, sino de amor”.

El de Teresa era un caso especial. Por eso, hace unos pocos días, la llevamos a la casa de un ermitaño amigo, el Padre Diego, quien, retirado del mundo, se dedica al ministerio del exorcismo y a la predicación de Ejercicios Ignacianos. El Padre Diego la atendió y al cabo de unos minutos nos dijo: “está hasta la manos” (expresión argentina que, en este caso, se podría traducir como “evidentemente está poseída”). La exorcizó y nosotros lo secundamos con nuestras pobres plegarias. Por mi parte, me limité a rezar el rosario enfrente de ella.

Cuando terminó el exorcismo, destilando ella un odio luciferino al Rosario, me dijo: “yo te quería arrancar los ojos”. En el fondo, no era ella la que hablaba. Sino, otro…

El Padre Diego nos comentó que haría falta varias sesiones más de exorcismo (en algunos casos, nos decía, esto puede llevar años) y que había que adelantar la fecha del bautismo, para el cual ella se había estado preparando desde hacía un año. Lo llamamos al Obispo e inmediatamente concedió permiso para darle todos los Sacramentos sin dilación alguna.

Pocas horas antes del Bautismo, el demonio, mintiendo como siempre, se jugó una de sus últimas fichas: le ofreció a Teresa “darle todo si dejaba todo”, esto es, si dejaba a Dios. Y ella venció la horrible tentación.

Finalmente, el pasado viernes, el Padre José la bautizó usando la forma litúrgica extraordinaria. El rito tradicional del Bautismo de adultos tiene una fuerza especial: los exorcismos son mucho más fuertes; el bautizando debe arrodillarse tres veces afuera del templo para rezar el Padre Nuestro y luego, ni bien ingresa a la iglesia, debe postrarse como signo de humildad ante Dios. Durante el rito, ella tuvo ciertos retorcijones y risas extrañas, si bien esta vez los “efectos especiales” no fueron impresionantes (lo cual bien pudo haberse debido a que, adredañas, el padre Javier simultáneamente celebraba la Misa en el altar lateral de San José rogando para que el bautismo pueda ser felizmente consumado). Fue bautizada y confirmada en la misma ceremonia. Salió renovada y exultante.

Durante el bautismo, según ella testifica, vio un ángel caído, pero cuando entró otro Sacerdote, el demonio se desplazó a la izquierda y cuando entró el exorcista, el demonio desapareció, sin poder entrar a la iglesia. Conste que Teresa es una persona muy inteligente que vive con los pies bien puestos sobre la tierra.

Valga decir que antes del Bautismo, fuimos a bendecir y exorcizar su casa. Entonces, le preguntamos si aún le quedaban elementos de brujería y nos dio aquello de lo que todavía no había podido desprenderse: un mazo de cartas de tarot y una estrella satánica. Ella estaba profundamente apegada a esas cosas. Entonces, nos fuimos para exorcizar y quemar esos objetos (si simplemente se los arroja al cesto, o al río, los magos, guiados por los demonios, los recuperan fácilmente, como nos confirmó Teresa). Fue hermoso ver cómo ardían en el fuego los instrumentos con los que el diablo esclavizaba a las almas (¡qué hermoso es ver arder a los ídolos!).

Volvimos de la hoguera (¡nos costó bastante que se quemen esas cartas malditas!), y nos topamos con un nuevo mensaje: Teresa recordó que aún tenía más mazos. Nos los dio diciendo: “Acá está toda mi vida y todos mis recuerdos”. Volvimos a quemarlos. Al otro día, pasó lo mismo: aún quedaba un último resto. Y volvimos a prender la pira.

Un bautismo de agua y tres hogueras de fuego. De la pila a la pira… ¡Bendito sea Dios!

Ampliemos con pocas líneas más el asunto de las cartas. Teresa nos confirmó lo que ya sabíamos por los libros, esto es, que el tarot es uno de los elementos de la kabbalah judía, lo cual nosotros habíamos aprendido leyendo al protestante Michael Hoffman y su erudito libro El judaísmo descubierto[1].

En efecto, como escribió el lammenasiano clérigo apóstata Eliphas Levi, “los diez Sefirots y los veintidós Tarots forman lo que los cabalistas llaman las treinta y dos sendas de la ciencia absoluta… Los rabinos (…) por medio de una interpretación dual de los alfabetos cabalísticos (…) formaron dos ciencias, llamadas Gematría y Temurah, y así compusieron el Arte Notarial, que es fundamentalmente la ciencia completa de los signos del Tarot y su compleja y variada aplicación a la adivinación de todos los secretos[2]. Esta adivinación, como explica Hoffman, “representa el conjunto de supersticiones babilónicas que fueron repetidamente condenadas y execradas por el Dios de la Biblia. De todos modos, éste es el paganismo que [aún en la actualidad] forma el sistema místico central de la religión judía[3].

Volviendo a Teresa, agreguemos que ella nos dijo que hasta hace un tiempo en los mazos de tarot se podía leer que eran de origen judío-cabalístico, pero que últimamente, esta información ha sido omitida. Al paso, también nos comentaba que los brujos hoy suelen mezclar el tarot con la magia celta, la magia maya, el hinduismo y el nada inocente budismo tibetano. No nos extraña en absoluto ya que es todo esto más de lo mismo (el diablo no es creativo sino de una monotonía muy aburrida).

 

II.-

¿Cómo es su vida hoy?

Si cortásemos la crónica aquí, caeríamos en un reduccionismo pues Teresa no es sólo una bruja conversa. Es muchísimo más que eso. Es un alma muy delicada que vive una vida cristiana fervorosa.

En efecto, el Padre José quedó admirado al constatar la fineza del discernimiento espiritual alcanzado por Teresa.

Ella está formándose intensamente, creciendo día a día en el conocimiento de las cosas de Dios, leyendo los mejores libros. Pero, lo suyo no es sólo formarse intelectualmente, sino que es una enamorada del Señor. Y es una enamorada de la Cruz. Su lugar preferido no es sino donde hay un viejo crucifijo. Ama retirarse allí para perderse en la meditación de los divinos misterios. Y no sólo contempla el Calvario, sino que carga con su cruz, incluso cuando sus padecimientos son especialmente ásperos, como le sucedió hace un tiempo, cuando el demonio le quemó las plantas de sus pies, lo cual ofreció al Señor, diciendo: “sufro con Jesús”.

Teresa está por partir en peregrinación a Lourdes. Irá a pedir por su liberación final y total. No la dejemos sola. Vayamos con ella junto con nuestras oraciones y penitencias.

 

¡Muera la cábala!

¡Viva Cristo Rey!

 

[1] M. Hoffman, “Judaism discovered from its own texts. A study of the anti-biblical religión of racism, self-worship, superstition and deceit”, Independent History and Research, USA, 2008.

[2] Eliphas Levi, Dogma y Ritual de la Alta Magia (citado por M. Hoffman en Judaism Discovered, p. 794).

[3] M. Hoffman, Judaism Discovered, p. 794. La traducción es nuestra. Hasta donde sabemos, este parresíaco libro de Hoffman (impecable en un 95% ó 99%) aun no fue traducido al español.

 

12 jul 2021

DOCUMENTAL DE EXORCISMOS

 
 

Aunque este video ya lo publiqué hace un tiempo, creo que es lo suficientemente interesante y para algunos/as instructivo, como para volver a hacerlo.

2 jul 2021

yoga + mindfulness = demonio

 

Javier Luzón, sacerdote desde 1980, es profesor de Antropología Teológica en Madrid y fue durante años exorcista de la diócesis de Madrid. Ha participado en el ministerio de liberación desde mediados de los años 90, en miles de intervenciones. Es también autor del libro Las seis puertas del Enemigo. Experiencias de un exorcista (www.lasseispuertas.com).

En su canal de YouTube "Tiempo de Respuestas" lamenta que en lugares cristianos -y otros que no lo son- se ofrezcan sesiones de yoga y mindfulness, incluso a niños, porque, en su experiencia como exorcista "puede haber como un beneficio inicial, pero luego vienen los problemas".

El padre Luzón declara que con el yoga y el mindfulness, con sus técnicas de "distanciarse del yo", "estás autorizando a los seres espirituales, que ellos llaman energías pero son las personas angélicas caídas, los demonios, a que se hagan cargo de tu personalidad".


 

 ***

"Mindfulness significa atención plena, es concentrarte en tus sentimientos para distanciarte de ellos. Claro, en un primer momento, sientes una euforia, porque te quitas también los sentimientos negativos. Pero luego, al distanciarte de tu 'verdadero yo', se te puede meter vete tú a saber quién", avisa.

"Recuerdo de una persona que me trajeron del Reino Unido, que era un zombi. Era una mujer joven y era un zombi. Lo primero que hubo que hacer era echarle al demonio mudo, ella no podía hablar. Cuando ya pudo hablar explicó que al principio tuvo una gran euforia, pero luego se le secó el corazón. 'Dejé de sentir nada'. Y luego se le bloqueó la mente. Porque si tú te distancias de tu yo estás autorizando a los seres espirituales, ¿verdad?, que ellos llaman energías pero son las personas angélicas caídas, los demonios, a que se hagan cargo de tu personalidad y puedes tener un muy serio problema, como de hecho he comprobado".

"Ahora mismo, en tantísimos colegios, a niños, en tantísimas instituciones sanitarias, están ofreciendo el Mindfulness, o el yoga, o estas prácticas como técnicas de terapia, de sanación, sin darse cuenta de que puede haber como un beneficio inicial, pero que luego vienen los problemas", previene.

Diferencia entre la oración cristiana y las prácticas orientalistas

El padre Luzón explica además la diferencia entre la oración cristiana y las prácticas orientalistas. "Un cristiano es alguien que habla con Dios, porque Dios es un ser personal, no es una energía universal como piensan los que están metidos en estas cuestiones. Además, la oración es dialogar con Alguien que te habla, escucharle, referirte a Él, es un diálogo interpersonal, cosa que no sucede en la meditación zen, donde se trata de vaciarse de todo pensamiento, de todo sentimiento, para irse identificando, diluyendo, en una especie de nirvana, diluirte en la energía universal".

"Para un hinduísta o budista la felicidad, la mejor manera, es no tener sentimiento, la anulación del yo, porque si tienes sentimientos te vas a frustrar y lo mejor, dicen ellos, es no tener ningún sentimiento. Y claro, eso es diabólico en el fondo. Porque lo que quiere Dios de nosotros es que despleguemos nuestro corazón, nuestra felicidad, no que lo anulemos. Ese es el gran peligro", advierte.

 


 "Todas estas prácticas de relajación, de ejercicios de respiración, de posturas de deidades hinduístas y que se está invocando a esas deidades, muchas veces sin saberlo, son dos momentos de ese proceso de 8 pasos para la anulación de la persona, para alcanzar el nirvana, que es esa ataraxia, esa anulación de sentimientos en que, dicen ellos, supuestamente, te sientes feliz. Pues eso es incompatible con la fe", insiste.

Orationis Formas y las posturas corporales al meditar

El padre Luzón recomienda leer el documento "Orationis Formas: Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana", publicada en 1989 por obra del cardenal Joseph Ratzinger con aprobación del Papa Juan Pablo II.

Esa carta incluye varias reflexiones sobre el uso del cuerpo en la oración: reproducimos algunas.

***

"La auténtica mística cristiana nada tiene que ver con la técnica: es siempre un don de Dios, del cual se siente indigno quien lo recibe".

"En la oración, el hombre entero debe entrar en relación con Dios y, por consiguiente, también su cuerpo debe adoptar la postura más propicia al recogimiento. Tal posición puede expresar simbólicamente la misma oración, variando según las culturas y la sensibilidad personal. En algunos lugares, los cristianos están adquiriendo hoy una mayor conciencia de cómo puede favorecer la oración una determinada actitud del cuerpo".

"La meditación cristiana de Oriente ha valorizado el simbolismo psicofísico, que a menudo falta en la oración de Occidente. Este simbolismo puede ir desde una determinada actitud corpórea hasta las funciones vitales fundamentales, como la respiración o el latido cardíaco. El ejercicio de la «oración del Señor Jesús» por ejemplo, que se adapta al ritmo respiratorio natural, puede, al menos por un cierto tiempo, servir de ayuda real para muchos".

"Por otra parte, los mismos maestros orientales han constatado también que no todos son igualmente idóneos para hacer uso de este simbolismo, porque no todas las personas están en condiciones de pasar del signo material a la realidad espiritual que se busca. El simbolismo, comprendido en modo inadecuado e incorrecto, puede incluso convertirse en un ídolo y, como consecuencia, en un impedimento para la elevación del espíritu a Dios. Vivir en el ámbito de la oración toda la realidad del propio cuerpo como símbolo es todavía más difícil: puede degenerar en un culto al mismo y hacer que se identifiquen subrepticiamente todas sus sensaciones con experiencias espirituales".

"Algunos ejercicios físicos producen automáticamente sensaciones de quietud o de distensión, sentimientos gratificantes y, quizá, hasta fenómenos de luz y calor similares a un bienestar espiritual. Confundirlos con auténticas consolaciones del Espíritu Santo sería un modo totalmente erróneo de concebir el camino espiritual; atribuirles significados simbólicos típicos de la experiencia mística, cuando la actitud moral del interesado no se corresponde con ella, representaría una especie de esquizofrenia mental que puede conducir incluso a disturbios psíquicos y, en ocasiones, a aberraciones morales".

"Esto no impide que auténticas prácticas de meditación provenientes del Oriente cristiano y de las grandes religiones no cristianas, que ejercen un atractivo sobre el hombre de hoy, alienado y turbado, puedan constituir un medio adecuado para ayudar a la persona que hace oración a estar interiormente distendida delante de Dios, aunque le urjan las solicitaciones exteriores".

16 jun 2021

De la nueva era a la Virgen Maria

De niña vio a la Virgen María, pero en su juventud se dejó atrapar por la Nueva Era y acabó viendo al demonio.

Una mujer española describe el infierno que vivió por 30 años vinculada a la Nueva Era. Algunos vídeos del padre José Antonio Fortea, experto en demonología, le sirvieron para identificar lo que estaba viviendo. 

María tiene 48 años y es de Valencia (España). Después de tres décadas en la Nueva Era, ha querido compartir su testimonio, para advertir sobre las consecuencias que tiene buscar las respuestas a cuestiones espirituales en el entorno de la Nueva Era (New Age), el universo holístico, las terapias naturales y alternativas... Tras una fachada de luz, bienestar y liberación, se esconde una trastienda de ocultismo y acción de las fuerzas del Mal. No se trata de una idea errada o de un prejuicio cristiano: ella lo ha comprobado en persona y lo ha sufrido en su propia carne.

Del miedo a la presencia de la Virgen

El nacimiento de María estuvo marcado por el dolor. Su madre había roto aguas, pero cuando acudió al hospital no la atendieron, y tuvo que esperar 24 horas hasta que pudo ingresar. “Me imagino la desolación de una madre primeriza desatendida”, comenta ahora. Pesó casi 6 kilos al nacer, por lo que el parto fue especialmente duro, y las dificultades continuaron después: “a los tres días de nacer me puse enferma. Había tragado toda la suciedad de mi madre y no hacía más que vomitar negro, y estuve tres meses ingresada en el hospital”.

En su casa había un ambiente de enemistad y violencia. Sus padres eran católicos “sin ningún tipo de fe ni convicción”, pero la matricularon en un colegio de las Salesianas. Cuando tenía 7 u 8 años, estas religiosas le regalaron una pequeña figura de María Auxiliadora que brillaba en la oscuridad. “La primera noche no pasó nada, pero la siguiente vi cómo la imagen se hacía grande. Yo tenía miedo y me tapaba la cabeza con la manta. Cuando me volvió a suceder otra noche, llamé gritando a mi madre, le expliqué todo y me dijo que no había nada”.

Como le siguió pasando noche tras noche, la niña decidió afrontar su miedo. “Un día me armé de valor y la miré. Nunca olvidaré ese momento. Lo primero que sentí fue un olor a rosas y jazmín... ningún jardín es comparable con ese aroma. Y la miré a la cara. Detrás de esa luz había una bella mujer, que me miraba con tanta dulzura, con tanto amor... que parecía que se me salía el alma por el pecho de tanto amor. Aquella mujer se sentó a los pies de mi cama y me dormí”, recuerda. “Y así casi todas las noches, durante mucho tiempo. Nunca me dijo nada. Sólo me miraba, y yo me dormía en paz”.

Su primera Comunión

 


María quería contarle a alguien lo que le estaba pasando, decirle al párroco o a las religiosas de su colegio “que yo en mi casa veía a la Señora”. Y decidió hacerlo en la catequesis de preparación para la primera Comunión. Pero no fue lo que ella esperaba: “mi sorpresa fue que allí me hablaban de un Dios castigador y de que todo era pecado”. Por eso se negó a volver a catequesis, “porque ése no era mi Dios, lleno de paciencia y de dulzura, y también porque no quería vestirme con esos vestidos de mini-novia”. Finalmente, se preparó en el pueblo de su madre, confesándose y recibiendo la Eucaristía el 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen.

Pasaron los años “y yo seguía con la intriga de contar lo que me pasaba, que veía seres de luz y también sombras”. Porque otra experiencia extraña de su infancia tuvo lugar cuando su padre llevó a casa a un curandero. “Yo tenía 10 u 11 años y me dolían mucho las rodillas. Él me puso las manos en las rodillas y a mis hermanos en otras partes del cuerpo que les dolían. Al irse, pude ver que lo acompañaba una sombra que iba a su lado. Era la primera vez que veía algo así. Le dije a mi padre que aquel hombre me daba miedo, que no volviese más, y gracias a Dios me hizo caso”.

Del vidente al reiki 

María tenía 21 años cuando vio en la televisión a “un vidente de los que echan las cartas, y que dijo conocer a una mujer que veía a la Virgen. Así que lo llamé por teléfono y se lo conté. Él me dijo que rezara el rosario y que me iniciara en el reiki”. Confiada por el primero de los consejos, se decidió a descubrir lo que era el reiki. “Busqué a alguien cercano, en mi provincia, y me inicié en el primer nivel de reiki. Pero me pareció una tomadura de pelo, y volví a llamar al vidente, que me dijo: ‘haz todos los niveles, hasta la maestría; es ahí donde vas a poder canalizar esa energía’. Y lo hice”.

De esta forma, María hizo los niveles segundo y tercero de esta pseudoterapia espiritual, y llegó al curso superior, el de maestría reiki. “Yo tenía unas sensaciones muy raras, un malestar; y me decían que esto me sucedía porque estaba limpiando los canales de energía. Me hice maestra, después inicié a mi hermana, también a otra chica. Luego empecé a practicar los símbolos y las meditaciones que me decían”, recuerda.

Y fue entonces, antes de pasar un mes, cuando se intensificaron algunas experiencias extrañas en su vida. “Estaba en mi habitación con los ojos cerrados haciendo una de esas meditaciones. Sentí perfectamente cómo se abría un portal. Hacía frío, como si una corriente de aire congelado saliese de allí. Y vi unas sombras que intentaban salir también. Yo, con una angustia horrible, pedí a Dios y a la Santísima Virgen que ‘eso’ se fuese. Y así fue. Desde entonces, no volví a hacer ningún símbolo ni nada de reiki”.

El sueño del hombre de negro

 


Poco después, María tuvo un sueño al que da mucha importancia. “Una noche soñé que estaba durmiendo en mi cama y con el mismo pijama que llevaba puesto, tal como estaba realmente. Entraba en mi habitación un hombre vestido todo de negro y con el pelo muy oscuro. Yo di por sentado que era un demonio. Se puso frente a mí y me dijo: ‘¿Por qué le pides a Dios que te ayude, si yo te lo puedo dar todo?’. Yo me asusté y le pedí ayuda a la Virgen. Sentí una corriente, de mí salió una bendición –en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo– y aquel hombre desapareció”.

Ella sabía que no había sido un simple sueño. Y la confirmación llegó enseguida: cuando María acudió a casa de su madre, su hermana le contó que “había soñado que ella estaba en la calle y vio a un hombre vestido todo de negro que se le quedó mirando. Mi hermana entendió que era un demonio. Y en su sueño vio cómo se metía en el portal de mi casa”. María, entonces, le contó su propio sueño, y al descubrir la coherencia entre ambas experiencias “nos quedamos heladas”, señala.


Videncia, Constelaciones Familiares, Un Curso de Milagros...

 


En los años siguientes, María acudió a múltiples cursos y practicó diversas técnicas: grupos gnósticos, Brahma Kumaris, meditación budista... Pero “nada me daba un real consuelo”, explica ahora. Y dio un paso más: “una vez vi echar las cartas y empecé a ‘ver’ yo también. Las entendía y empecé a echarlas. Al principio gratis, pero como la gente venía a pedirme consejo a todas horas, empecé a cobrar dinero y a decirles que sólo se las echaría una vez al año. Hubo un momento en que también me cansé de eso”.

Su recorrido por las sendas de la Nueva Era continuó, ya que seguía habiendo graves problemas en su vida. “Volví a buscar, y me dijeron que había una señora que hacía Constelaciones Familiares y Un Curso de Milagros. Acudí a ella, y durante 4 años hacíamos ambas cosas el mismo día”, explica. “Al principio me fue genial, porque se hablaba del perdón, del cual yo tanto necesitaba... Durante el curso no se podía juzgar, ya que todos mostrábamos nuestras miserias, menos la guía, que parecía tener luz verde para decir lo que quisiera. Hasta que un día, en una de mis constelaciones, empezó a decir barbaridades sobre mi familia y cosas del pasado que ya no se podían demostrar ni comprobar”.

Por eso María dejó de acudir a las Constelaciones Familiares, pero siguió estudiando Un Curso de Milagros. ¿La razón? “Porque pensaba que, viniendo de Jesús, no podía ser malo”, afirma. Cabe recordar que se trata de una falsedad, ya que es un libro obtenido por canalización (espiritismo). Pero esta atribución de la obra a Cristo sigue siendo un factor de engaño fundamental para muchos creyentes.

La protagonista de esta historia continúa diciendo: “lo estudiaba a todas horas para comprenderlo mejor... pues, para empezar, es bastante complicado, e incluso te invita a que acudas a algún ‘maestro’, habla de ‘niveles’... Y, como casi todos los libros New Age, habla de un mundo dual, del bien y del mal. Pero mezcla palabras bíblicas y acaba diciendo de forma muy sutil que el mal no existe. Y luego, cuando tienes el mal ante ti, te quedas desarmado, vacío, y no reconoces las señales para salir corriendo”.


En la espiral del mal 

A pesar de estos intentos de encontrar soluciones, María veía cómo ocurrían cosas inexplicables en su casa. “Mi hija, a quien jamás le había hablado de las sombras, me dijo que veía cómo unas sombras entraban de noche a mi habitación”. Además, “había sillas que se arrastraban solas, libros que caían de la librería... Incluso algunos de estos libros, tras colocarlos, volvían a caerse con fuerza, como si los lanzaran”. En otras ocasiones pudo oír voces, como gruñidos de animales, que también escuchaba su hija. Sin hablar de la cantidad de electrodomésticos y aparatos eléctricos que se han estropeado recién comprados.

“Tenía tal confusión que decidí abrir el Nuevo Testamento por la página que saliese, y leí el versículo donde Jesús advierte sobre los falsos profetas que surgirán anunciando su venida”, refiriéndose a Mt 24, 23-24. Poco después, algunos vídeos del padre José Antonio Fortea, experto en demonología, le sirvieron para identificar lo que estaba viviendo: “al fin entendí cómo obra el mal, y su obra me está ayudando mucho”.

“Siento el amor de Jesús”

 

Después de tantos años de sufrimiento, María lo tiene claro: “nos venden el ocultismo o el esoterismo como que nos van a abrir las puertas del paraíso, pero realmente sólo nos llevan a la confusión y a la manipulación. Ahora sé que sólo hay un camino: el que nos indicó Jesucristo. Y en este camino, nuestra Madre nos protege y nos cuida”.

En estos momentos, María está a la espera de un director espiritual que la pueda acompañar en su vida cristiana, aunque está recibiendo la ayuda de varios laicos y sacerdotes. “Me encuentro mucho mejor. Tengo una paz interior que no tenía desde hacía mucho tiempo”. La razón es clara: “siento el amor tan grande que Jesús nos tiene”.

Además, ha hecho “limpieza” de los libros que conservaba de su larga etapa en la Nueva Era –y que ha donado a la biblioteca de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) para que puedan servir en la investigación y el discernimiento–. Y no sólo eso: “me he quitado del yoga y voy a hacer la consagración a la Virgen Inmaculada”, añade al finalizar.