26 sept. 2019

Magnificat y Credo

Tras 36 años como exorcista: «Hay dos cosas que el demonio no aguanta: el Magníficat y el Credo»




“Si están siendo atacados por el demonio busquen al Señor, primero busquen al Señor, busquen asistencia en sus parroquias… En todas las diócesis, aunque no sean exorcistas, hay sacerdotes buenos… Todos podemos ser por nuestra ordenación sacerdotal, sacerdotes que ejerzamos el ministerio de liberación”, afirma con total convicción el padre Guillermo Correa Ríos, párroco de la iglesia María de la Paz, en Cartagena de Indias, Colombia, y exorcista oficial de la Arquidiócesis. El padre Guillermo, próximo a cumplir 45 años de sacerdocio, ha dado esta entrevista compartiendo sus vivencias en 36 años de batalla directa con los demonios, al ejercer el ministerio de la liberación.
- ¿La existencia de un exorcista en cada diócesis, es realmente necesaria, y por qué?
- En la antigüedad, en la Edad Media hasta el siglo pasado en la Iglesia en todas las diócesis debía existir uno o dos exorcistas. El siglo pasado sobre todo desde la mitad del siglo se fue como anulando un poco lo que son las liberaciones, se fue descuidando mucho y tenían la tendencia a negarlo “Eso no existe”, “Lo que no existe no es de Dios entonces no hay necesidad de eso”. Hubo como una tendencia de no nombrar exorcistas, últimamente se ha ido tomando conciencia. El padre Amorth considerado el mayor exorcista de los últimos tiempos, promovió una asociación de exorcistas y muchos exorcistas se formaron a la luz de su doctrina y de sus enseñanzas.
- ¿Cualquier sacerdote puede realizar exorcismos?
- Pues yo diferenciaría en este momento a un sacerdote que ora por liberación de un exorcista. Todos podemos ser por nuestra ordenación sacerdotal sacerdotes que ejerzamos el ministerio de liberación. La oración de liberación es para todos, se da para enfrentar acciones del demonio como opresiones o influencias no tan graves. Pero el exorcismo, el exorcismo está reservado al obispo y como el obispo usualmente no puede ejercerlo personalmente, él puede delegar en uno, dos o tres sacerdotes de la diócesis, que ejerzan a nombre de él con la autoridad de él, el don del exorcismo. O sea, el exorcismo es para personas que están poseídas por un espíritu, bajo el poder del Demonio.
- ¿Desde que fue nombrado usted exorcista oficial, cuál ha sido la tendencia respecto a posesiones demoníacas?
- Este año 2019 y en el pasado hubo casos más fuertes… hubo casos de posesión, que el Señor liberó gracias a la oración y a los sacramentos. Vi muchos casos … se han dado muchas liberaciones fuertes.
El P. Guillermo, en oración
- ¿Un caso de posesión puede ser expulsado con una sola oración de exorcismo o hay casos que requieren un proceso?
- Depende de cada exorcista. Padre Amorth enseña que el exorcismo es lento y progresivo o sea que en una sola vez no se puede. El problema es que la persona que está en una posesión demoníaca es alguien que ha ido adquiriendo como muchas ataduras, cadenas. El demonio se ha arraigado muy fuertemente a una persona y le deja muy dominado. Entonces hay que hacer mucha oración de liberación y discernimiento para ir utilizando las fórmulas y los elementos necesarios para que el demonio salga. Pero hay que ir debilitando las ataduras del demonio para poder expulsarlo, un exorcismo generalmente no se hace en un solo día.
- ¿Qué abre la puerta para una acción extraordinaria del demonio?
- Primero que todo la incredulidad, cuando uno abandona al Señor y empieza a decir: “No creo en Dios, no creo en Cristo, no creo en el demonio”. El demonio es muy vivo pues lo primero que hace es convencer a los más necios de que él no existe. Usted sabe que si él lo convence de que no existe él puede actuar con toda libertad. Lo primero es la tentación, es aceptarlo, llevarlo de Dios a la incredulidad, lo lleva a tener conceptos de Dios equivocados, como un Dios castigador, como un Dios lejano. El demonio va asentando en nosotros una desconfianza hacia Dios, donde él se siente más seguro para poder trabajar. Después de la tentación él apunta a hacernos caer al pecado, y diría al pecado mortal. Con el pecado le ha abierto las puertas a Satanás, el pecado también es una puerta o un medio que el demonio utiliza para mostrar los resentimientos, los odios y las heridas muy profundas; también pueden ser medio para que por el demonio se introduzca el alcoholismo, la drogadicción, el desorden sexual. Además de todos esos desórdenes, está el demonio, que seduce a la persona que va ingenuamente donde un brujo, un hechicero, un adivino o al espiritismo, haciéndole creer que eso no es malo, pero en realidad en todo eso no actúa ni remotamente Dios, quien actúa es el demonio porque el hechicero o el mago o el adivino está utilizando el poder del maligno, él utiliza todo eso para ir dañando a la persona y para ir apoderándose de ella.


El Credo, la profesión de fe los católicos, es una de las oraciones que más rechazan los demonios.
- ¿Usted cómo identifica que una persona realmente está siendo atacada por el demonio y no es un problema psicológico?
- Lo primero que uno debe hacer es orar mucho, uno va primero que todo interrogando, preguntando, uno tiene que ir conociendo a la persona, cuál ha sido su recorrido, como ha sido su infancia, su niñez, su juventud, si está casada, si está separada, si vive en concubinato o en adulterio. Entonces hay muchas cuestiones que uno debe preguntar para uno irse haciendo una idea concreta, también es bueno descubrir qué herida ha sufrido la persona, si ha sido muy maltratada, etc. Hay que buscar todos los elementos e interrogarla allí mismo o interrogar a la familia. La familia a veces posee datos muy concretos que la persona misma no sabe dar o no los descubre. Entonces hay que tratar en oración de adquirir el máximo de datos e irlos discerniendo a la luz del Espíritu Santo. Uno va orando, le hace una oración breve de liberación por si hay algo, a veces se sienten mal con el agua exorcizada. Es cuestión de ir muy despacio analizando muchas situaciones.
- Acaba de hablar usted acerca del agua exorcizada... ¿la acción de los sacramentales es un castigo para el demonio? ¿Sí tienen influencia los sacramentales en su experiencia?
- Los sacramentales tienen mucho poder. Han sido creados exclusivamente en función de la liberación y el exorcismo; por eso se llama agua exorcizada, sal exorcizada y aceite exorcizado. Son elementos que uno los bendice, los exorciza y eso es muy poderoso para liberar de una influencia mala o hasta (para posesos en) un exorcismo.
- ¿Usted ha padecido ataques del demonio por ejercer este ministerio?
- Claro que sí, hay momentos muy difíciles en que es tan fuerte la posesión que uno termina como oprimido. A mí me pasó una vez en un caso que un muchacho hijo de una señora de la renovación, abogado, tendría 38 años, estaba viviendo muy mal; estaba casado, pero tenía por ahí sus momentos de adulterio y presentaba unos síntomas como de locura o de influencia maligna. Entonces he tratado de hablar con él, confesarlo, le decía que se confesara, que dejara el adulterio, pero el problema seguía. Oré un día muy fuertemente, le pedí al Señor que me diera una luz. Así fue que cuando regresó a la próxima entrevista le pregunté si él había ido a donde un brujo o un hechicero y me dice: “No padre, no he ido donde un brujo pero un indio me aseguró que este anillo…” era un anillo hecho en plata, grande, con una calavera. Cuando él me dijo eso yo sentí que esa era la causa y le dije: “Creo simplemente que la causa de tu mal es ese anillo, si tú quieres liberarte tienes que quitarte ese anillo”. Con mucho gusto me lo entregó, yo le hice la liberación, se fue y nunca más sintió nada. Pero vino para mí un problema, yo sin darme cuenta cogí el anillo, lo metí en el cajón de mi mesa y se me olvidó. Al anillo le tendría que haber echado agua exorcizada, haberlo destruido y haberlo botado, pero a mí se me olvidó eso. Entonces yo empecé a sentir completa descomposición en mi cuerpo y espíritu, sentía como que me empujaban, como que me golpeaban, me maltrataban y además sentía como angustia, ira, enojo, entonces yo decía: ¿pero por qué me pasa esto? Un día que ya llevaba como un mes con eso, me fui hasta el Santísimo y le digo, aquí está pasando algo, por favor muéstrame cuál es la causa de esto. Y me vino en la oración el recuerdo del anillo. Enseguida me puse de pie, fui y le eché agua exorcizada, hice una oración de liberación y lo mandé a destruir. Sí, el demonio ataca así.

El Magnificat es una de las oraciones más temidas por el demonio. 
- ¿Qué influencia tiene la acción de la Virgen, cuando usted realiza los exorcismos?
- Hay que realizar la oración de Ella que es el Magníficat. Hay dos cosas que el demonio no aguanta, el Magníficat y el Credo. Por eso cuando hay un caso de opresión muy fuerte que raya casi con la posesión uno le dice a la persona: María es contigo, cubre tu mente con la sangre de Cristo; y uno la va llevando a que diga al Señor Jesucristo: yo te acepto como mi Dios, mi Señor, mi Salvador, me entrego a ti, renuncio al pecado, a Satanás; y llevarla a recitar el Credo. Generalmente cuando llega a Cristo, a su encarnación en María, el demonio se pone furioso y parece que fuera estrangulada la persona sobre todo en la garganta, tratando de impedir que la persona hable.
- ¿Qué mensaje les da a aquellas personas que están siendo atacadas por el demonio y que no tienen la ayuda de un exorcista?
- Si están siendo atacados por el demonio busquen al Señor, primero busquen al Señor, busquen asistencia en sus parroquias, si en su ciudad hay lugares de oración buenos métanse ahí, traten de integrarse activamente a una comunidad cristiana, católica, que sea bien sólida y que les ayude a crecer. Hablen con el párroco. Muchos párrocos no creen, pero algunos si ayudan. Y si es un caso muy grave que vayan a donde el obispo, pues el obispo tiene la obligación de proveer alguna solución… busquen un sacerdote bueno porque en todas las diócesis, aunque no sean exorcistas, hay sacerdotes buenos.

9 sept. 2019

La posesión escondida

«Mucha gente poseída vive muy bien. La posesión diabólica es más sutil de lo que muestra el cine»


Jean-Pascal Duloisy

Aproximadamente una vez cada semana, el padre Jean-Pascal Duloisy, exorcista en París, se enfrenta a un caso de posesión real. Para conocer su experiencia, y como recogió ReL en su día, Raphaël Zbinden lo entrevistó en el portal católico suizo Cath.ch con ocasión de una conferencia organizada en Friburgo por la parroquia de Cristo Rey.
-Recientemente, el Papa Francisco afirmó que la Cuaresma es un tiempo de "lucha contra el espíritu del mal". Como exorcista, ¿piensa usted lo mismo?
-El combate espiritual es, efectivamente, un aspecto esencial del tiempo de Cuaresma. El Papa, además, ha tomado esta palabra del misal del Miércoles de Ceniza. Con el ayuno, la penitencia, la caridad, podemos enmendar nuestra vileza y ruindad. Pero es necesario también luchar contra las ocasiones de pecado y fortalecerse para afrontar nuestras zonas de sombra.
»El problema es que el diablo no nos dejará hacerlo, porque considera que todo lo que se salva por Cristo es una pérdida para él. Como sucede desde la época del Génesis, actuará para que dudemos de Dios, de su amor absoluto por nosotros. Lo mejor en esos momentos es buscar de nuevo ese corazón de niño que va sin miedo hacia el Padre. Porque la tarea principal del demonio es intentar romper esta relación Padre-hijo. Y lo hace sobre todo poniendo en peligro la dicha de nuestra alma, oscureciendo nuestra conciencia respecto al bien y al mal, llevándonos al desaliento.
-El Papa Francisco habla mucho del diablo, que él percibe como una criatura que existe realmente. Otras voces de la Iglesia católica consideran que se trata de una figura simbólica. ¿Está usted de acuerdo con el Papa argentino sobre este punto?
-Desde luego. En mi opinión, un cristiano no puede no creer en el diablo. La Biblia, del principio al fin, menciona la acción del demonio, o de los demonios. El libro explica que son ángeles que se negaron a servir y adorar a Dios. Se trata, por lo tanto, de figuras reales, aunque no tengan cuerpo, que poseen una inteligencia superior a la de los hombres.
San Miguel arcángel
»El Papa Francisco ha hablado del diablo desde el principio. De hecho, está muy presente en su retórica, y no como una figura mítica. Y no es el único Papa que piensa así. Pablo VI y Juan Pablo II han escrito textos que hablan del diablo como de una criatura real. Es necesario que recordemos, como dijo Charles Baudelaire, que una de las grandes artimañas del diablo es hacernos creer que no existe.
-¿Ha visto usted evidencias concretas de la existencia del diablo?
-Tenemos criterios muy concretos que determinan si una persona está bajo la influencia del demonio. Personalmente he podido darme cuenta de cuatro de estos cinco criterios. En primer lugar, tenemos los fenómenos corporales anormales. La persona empieza cambiando la voz. De repente cae al suelo, se retuerce y grita. Su rostro se transforma en el de una serpiente, o se pone a cuatro patas y te mira como un perro a punto de morderte.
»Un segundo criterio es que la persona poseída habla en una lengua que no ha aprendido nunca. Una vez acompañé a una persona que se puso a hablar en holandés, lengua que ella desconocía. En otra ocasión, una francesa de pura cepa empezó a hablar en árabe.
»Otro criterio es que la persona poseída revela hechos que desconoce. Una vez hacía un exorcismo junto a un dominico. La persona que estaba siendo exorcizada empezó a decir: "¡Tú, el de los cruasanes de mantequilla, detente!". En ese momento no comprendí. El dominico me dijo después que recientemente se había atiborrado de cruasanes de mantequilla.
»Las personas poseídas rechazan violentamente todo lo que tiene relación con la fe y la Iglesia. Blasfeman e insultan a las figuras religiosas. El quinto criterio es que estas personas a veces demuestran una fuerza física fuera de lo común.
-El diablo, entonces, ¿está presente a nuestro alrededor?
-Hay que tener en cuenta varios factores. Algunos exorcistas no hacen nada sin la ayuda de un psicólogo, y otros ven el demonio en todas partes. Estos últimos quieren hacer del exorcismo una ciencia exacta. En cuanto a mí, no decido la munición según el tamaño del demonio. Tampoco hago un diagnóstico. Mi ministerio es un ministerio de oración y de imposición de manos. Soy sólo el intermediario de una gracia concedida por Cristo. Está claro que no todos los pecados de los hombres vienen del demonio.
-¿No hay una tendencia en la Iglesia a dejar de lado todo lo que tiene una connotación sobrenatural, incluyendo el exorcismo?
-Es una pena que la idea de combate espiritual sea cada vez más ignorada en la vida cristiana. Sin duda es debido a su connotación demasiado guerrera. Ahora bien, el combate forma parte de la vida. Este rechazo proviene del hecho de que tenemos tendencia a ignorar los desafíos de la vida y de la muerte en nuestra existencia. El progreso de la modernidad tal vez nos ha dado un sentimiento demasiado grande de seguridad.
»Una vez dicho esto, nos alegramos de contar con el apoyo del Vaticano. En julio de 2014, la Santa Sede reconoció de manera especial la labor de la Asociación Internacional de Exorcistas.
»Sin duda, en muchas diócesis los servicios de exorcismo han sido reducidos. Es cierto también que en las Iglesias locales los exorcistas están un poco relegados, apartados. Y no hay muchos sacerdotes dispuestos a realizar esta función. Personas inadecuadas han sido designadas a veces a este puesto, y es preocupante, porque es una labor que debe ser llevada a cabo con seriedad y responsabilidad. Creo que la Iglesia se preocupa demasiado de su imagen en la sociedad. Hay un imaginario cultural que asocia el exorcismo a la magia negra, a las piras donde se quemaban a las brujas. Este ritual está asociado en la memoria colectiva a un pasado fantasmagórico-esotérico.
»Sin embargo, el exorcismo, como he dicho antes, es una parte integrante del cristianismo, y está muy presente en los Evangelios. De hecho, toda la Iglesia práctica el exorcismo. El Padre Nuestro es un exorcismo que realizan todos los sacerdotes. ¿Acaso no decimos "líbranos del mal"? La oración afirma la supremacía de Cristo y la derrota del demonio. Esto a pesar de que no pueda acceder al ritual del Gran Exorcismo. Porque me dirijo al diablo y, al hacerlo, corro riesgos...
-El miedo vinculado al exorcismo, ¿juega también un papel en este desafío?
-Ciertamente. Pero aquí hay una gran ambigüedad. Cuando me presento como un simple sacerdote diocesano, todo el mundo pasa de mí. Pero cuando digo que soy exorcista, me prestan una atención desmesurada. El hombre teme al mal, pero también está fascinado por él. El exorcismo da miedo, pero este miedo no es inútil. Es un poco como una madre que amenaza a su hijo para que se coma la sopa, es el primer estadio del amor. El miedo, sin embargo, puede ser también una trampa y un ardid del demonio. De hecho, el miedo es su victoria más grande, porque es la madre de todos los vicios. Por consiguiente, en lugar de estar fascinados por el mal, las personas deberían maravillarse del bien.
-El público sabe más sobre los exorcismos por el cine que por las prácticas de la Iglesia. ¿Qué problema plantea esto?
-El cine da una imagen bastante sesgada del exorcismo. Sólo muestra el exorcismo imperativo, es decir, la parte en la que el sacerdote se dirige directamente al demonio. Es necesario recordar que el ritual del exorcismo es, ante todo, una liturgia, que empieza con la letanía de los santos.
»La posesión diabólica es también más sutil de lo que el cine suele mostrar. Hay mucha gente poseída que vive muy bien. El poder del mal está muy sobreestimado. Debemos recordar que el diablo es un perdedor, que es débil. Pero hay que ser vigilantes. Satán espera que le abramos una puerta. Las personas que veo a menudo están muy dañadas por adicciones y vicios profundos. Muchas veces son personas que han recurrido a la videncia, el morabitismo, la brujería. Antes de saquear la casa, el diablo debe atar al propietarioUna persona firme en la fe no tiene que temer caer bajo la influencia de las fuerzas del mal. Es necesario recordar, siempre, que Cristo venció a la muerte.

2 sept. 2019

Rihana oyó un exorcismo

Cantante Rihana

Creció en una comunidad religiosa, y fué testigo de un exorcismo en la casa de un amigo.

"Estaban todos rezando alrededor de una mesa, nosotros éramos jóvenes y una de las chicas de levantó y comenzó a gritar. Recuerdo que nos encerraron en la habitación porque no querian que los niños lo vieran. Cada vez que rezaban, ella gritaba con la voz mas extraña.

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