18 feb. 2020

Joven bruja conversa

Una niña, formada como bruja, fue salvada para Cristo tras dos años de oraciones de liberación

Una niña, formada como bruja, fue salvada para Cristo tras dos años de oraciones de liberación
"Confiésense, nuestra alma es como un vaso de cristal; el pecado, las maldiciones intergeneracionales y las contaminaciones... son bebidas oscuras con las que llenamos ese vaso", exhorta hoy al cierre de su entrevista.

Al igual que en otros países del mundo, también en Colombia la brujería es una realidad presente desde hace siglos en la cultura popular urbana, campesina y zonas selváticas. También aquí durante el siglo XX estas creencias vinculadas a lo mítico, lo mágico, al gnosticismo, a los cultos afroamericanos, facilitaron la expansión de la New Age en algunos sectores de la sociedad, con sus diversas prácticas y técnicas vinculadas a lo esotérico y el ocultismo.

Desde su infancia la abogada colombiana Ingrid Gómez Bernal fue gradualmente expuesta a esas creencias y prácticas. En la entrevista concedida a Portaluz, esta mujer -ya liberada, dice, del daño espiritual vivido-, recuerda que su niñez “no fue muy católica”. Apenas si acudían a la Iglesia como un compromiso social o llevadas por la tradición colectiva, en algunas celebraciones litúrgicas durante el año. A pesar de esto agradece a su madre que siendo soltera decidió tenerla, “arriesgando todo por mí”, destaca.

Creció, dice Ingrid, escuchando programas radiales que su madre sintonizaba, donde se hablaba de mantras, lectura de cartas, visitas de swamis venidos de India, rituales y otras variedades de la New Age. “Fuimos conociendo el mundo de la Nueva Era, todo lo relacionado con el misticismo, ese misticismo alejado de Dios, de la religión, y por ende de la verdad”, explica.

Con 13 años de edad ya ejercía la brujería

Cuando cumplió nueve años de edad, tras fallecer el abuelo y viéndose al cuidado de una tía porque su madre debía salir a trabajar, Ingrid comenzó a escaparse de casa. Desde entonces, impulsada por la natural rebeldía adolescente y aquel incipiente conocimiento sobre asuntos esotéricos, comenzó su propio camino iniciático: investigando, leyendo, vinculándose con personas, grupos y lugares relacionados con la New Age, lo esotérico  y el ocultismo. Como consecuencia “hacia mis 13 años, casi con 14, empiezo a practicar directamente espiritismo, brujería”, confidencia Ingrid.

Siendo aprendiz de bruja padecería pronto el costo de sus actos, luego de una sesión colectiva en la cual conjuró la ayuda de espíritus para contactar con una amiga que residía en otra ciudad. Hasta hoy Ingrid cree que ese fue su primer ritual exitoso pues podía percibir que “el espíritu quedó vagando por ahí después de esa invocación y empieza a perseguirme” señala. Sin embargo y aunque “yo parecía un ente, un zombi, que no le prestaba atención a nada ni a nadie en ese momento”, el desagrado espiritual padecido no la detuvo.

Un nefasto profesor de filosofía

Consciente o no del daño que se infligía comenzó después a ejercitar sus habilidades en la lectura de runas y el tarot. Pero, como el adicto, Ingrid quería más. Fue el profesor de filosofía en la escuela secundaria, dice, quien cedió a sus demandas y le prestó un libro de magia negra. Aunque afirma no haberlo ejecutado, reconoce que le impactó el ritual para “hacer un pacto con el Demonio”. Y “desafortunadamente”, agrega, se le “grabó” en la mente “un hechizo de cómo apoderarse del alma de una persona”.

El paso siguiente que dio Ingrid fue en la universidad, al “conocer personas con la misma afinidad por la brujería que yo”, puntualiza, y con quienes acuerdan darse mutuo apoyo, vale decir formar un auténtico “aquelarre” de brujas.

Con el demonio no se juega

No solo intercambian conocimientos, información, sino que ejecutaban hechizos y rituales diversos. “Para este momento ya nosotras teníamos un conocimiento mucho más amplio de lo que era la brujería, el espiritismo y la Nueva Era”, sentencia esta abogada colombiana.

Absorta en esa dinámica, su rendimiento académico comenzó a decaer y pensando que ellas podían resolverlo, “hicimos una invocación donde pedimos que se nos dé las respuestas de un (examen) parcial”. La experiencia sería un desastre en la vida de Ingrid.

Confiadas en la ayuda de los espíritus, sobre la mesa del ritual mantenían un cuaderno donde anotar las respuestas que les darían para rendir un buen examen. De pronto y sin que nadie lo tocara, cuenta: “el cuaderno empieza sólo a pasar una tras otra las hojas… Cuando volteamos a mirar había una silla apoyada en una sola de las patas girando sobre su propio eje… Nos asustamos terriblemente… Salimos sin cerrar la sesión, quedó abierto el canal, y a raíz de eso un espíritu quedó liberado… se ha pegado de mí y me persiguió durante muchos años… Luego, como yo seguí practicando la brujería y todas estas cosas, pues ya incluso en un momento llegó hasta mi casa. Fueron años en los que me perseguía, me molestaba, me corría las cosas”.

Dios toca a su puerta

Tras un tiempo de buscar empleo, la única oportunidad se la ofrecía una fundación católica. Ingrid, sin desconocer el ocultismo que le ataba, decidió que aparentaría ser una fiel creyente con tal de obtener la plaza. Logró ingresar y no tardó en darse cuenta que allí celebraban cada lunes la Eucaristía al iniciar la semana laboral. "Eran de rosario, un ambiente muy espiritual”, agrega. Y temía le pidieran ser parte de todo eso…

Precisamente un día le invitaron a participar en una jornada de oración y agregaron que era necesario participar con la familia. “Mi madre realmente no quería ir, sin embargo accedió por apoyarme”.  Fue testigo, dice, cómo la experiencia tocó de tal forma el alma de su madre que inició en ella un proceso de conversión a la fe católica. Apoyada por la fundación, luego buscando por sí misma y siempre sincerándole lo que vivía.

Ingrid continuaba resistiendo pero no se negó y acompañó a su madre cuando esta le pidió ir juntas a una jornada -que habían mencionado en un canal de televisión católico- donde hablarían de la acción ordinaria y extraordinaria del demonio en nuestro tiempo. Finalmente, no podía desconocer que el tema a tratar le resultaba seductor.

Llega la hora de la liberación

Aquella jornada informativa y formativa abrió la conciencia de Ingrid a la realidad de mal en la que por años llevaba viviendo; y juntas con su madre acogieron la recomendación dada en el encuentro, de buscar un sacerdote para pedirle orase por su liberación.

Que el demonio dobló su cuerpo en un ángulo biológicamente imposible o que -siendo de baja estatura y contextura delgada- pudo empujar lejos a un hombre que pesaba más de 80 kilos, es solo el registro anecdótico de lo sucedido a Ingrid Gómez Bernal en su primer encuentro con el conocido exorcista padre Wilson Salazar (ambos en imagen adjunta de la época).

Fue un proceso de dos años que requirió muchas oraciones de liberación y voluntad firme de ella para aferrarse con fe a Dios, abandonando todos los vínculos y prácticas que mantuvo por años. Recibió catequesis a la par de cuidar su vínculo de amor con Dios mediante la oración, vida sacramental, algunas prácticas ascéticas como el ayuno, las obras de caridad y lectura de cotidiana de la Biblia.
En la noche de Navidad del año 2008 y tras una nueva oración de liberación ella misma pudo percibir que estaba siendo finalmente liberada y el sacerdote Wilson Salazar se lo confirmó.
 

Ingrid arenga en particular a los jóvenes:   “Conozcan más a Dios, búsquenlo en lo que él fundó y en las armas que él nos dio: la Iglesia Católica, la Biblia, la Eucaristía, la Confesión, la vida de los Santos. Ahí es donde realmente lo vamos a encontrar. Hagan confesiones de vida constantemente.  Confiésense, nuestra alma es como un vaso de cristal; el pecado, las maldiciones intergeneracionales y las contaminaciones que podamos imaginar, son bebidas oscuras con las que llenamos ese vaso.  La confesión es el agua y si nosotros no limpiamos nuestra alma ¿qué vamos a poder dar?” concluye Ingrid.

13 feb. 2020

Triunfo de la virgen Maria



"Sobre el triunfo del Inmaculado Corazón, del que la Virgen habló en Fátima, el diablo, pronunciando con tremendo esfuerzo el nombre de María, exclamó…"

La Santa Iglesia en su Liturgia atribuye a María Santísima la expresión del Cántico: "Imponente como batallones" (Cantar 6,4), viendo en ella la ayuda más poderosa contra los poderes anticristianos, sobre todo los preternaturales: Satanás y sus aliados.

Hace algunos años, el Padre Francesco Bamonte, sacerdote de los Siervos del Inmaculado Corazón de María, exorcista en la diócesis de Roma y presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas, publicó un libro titulado La Vergine Maria e il diavolo negli esorcismi (La Virgen María y el Diablo en los exorcismos). En sus páginas se vierte el testimonio vivo y directo de una realidad que ha enfrentado varias veces durante su ministerio: el contraste irreductible entre María Inmaculada, toda Gracia, y el diablo, padre de todos los pecados; pudiendo ser testigo de la perenne victoria de la Santísima Virgen, que siempre aplasta a Satanás, tal como lo revela el libro del Génesis y otros textos de las Sagradas Escrituras; verdad enseñada también por el Magisterio de la Iglesia junto al testimonio de santas, santos y millones de fieles que a lo largo de los siglos proclaman el poder que Dios ha confiado a la Santísima Virgen María.


Al respecto del triunfo del Inmaculado Corazón de María anunciado por ella misma en Fátima, testimonia el padre Bamonte en las páginas 172 a 174 del referido libro:


“Sobre el triunfo del Inmaculado Corazón, del que la Virgen habló en Fátima, el diablo, pronunciando con tremendo esfuerzo el nombre de María, exclamó:
«No sabes, o sabes, pero no crees, o no tienes suficiente fe: el Corazón Inmaculado de Ma....ar...ì...a salvará al mundo entero. Sólo su Inmaculado Corazón».

El 3 de junio de 2009, comenzó a decir con un tono de satisfacción:
«Ella viene a hablarte todos los días y tú no crees (ríe) o no oyes. No escuchas. ¡Ahhhh! (exclamación de satisfacción). Si tan sólo escucharas lo que ha dicho, yo lo estaría contando (aquí empieza a reírse de nuevo con satisfacción), pero tú no oyes, no escuchas. ¡Gracias! Ah, ahhhh, ahhhhh. ¡Bravo, bravo! ¡Hazlo así! ¡Sigue así! Es simple, ya sabes. Es muy sencillo. Ponla en la televisión y verás que nadie le escucha».

En ese momento, instintivamente dije: «¿Estás seguro de que nadie la escuchará?» Y él dijo:
«Alguien, alguien, pero unos pocos, unos pocos, unos pocos. Siempre llora por esto».

Al principio de la oración, el diablo se había lanzado especialmente contra Santa Gema Galgani y el Padre Pío de Pietrelcina, diciendo que habían venido a participar en el exorcismo con su oración. Entonces dije: «¡Di la verdad! Toda la verdad. En el nombre del Hijo que quiere que su Madre sea alabada, amada, bendecida y venerada. ¡Habla, en el nombre de Jesús! ¡Te ordeno espíritu inmundo!» Tan pronto como dije estas palabras, inmediatamente, como obligado por alguien, exclamó gritando:
«¡Está bien, está bien, está bien, está bien, está bien! ¡Por esos pocos, por esos pocos, al final ese Corazón triunfaraaaá! (esta última palabra la pronunció, gritando tremendamente y por mucho tiempo)».

Luego añadió, gritando de nuevo la última palabra:
«Está escrito, está escrito, está escrito y no puedo hacer ¡naaadaaaaa!».
 

El 20 de febrero se celebra la memoria litúrgica de los beatos Francisco y Jacinta Marto, los dos pastorcitos de Fátima, a quienes la Virgen se apareció varias veces en 1917 cuando estaban con su prima Lucía. Un 20 de febrero, mientras en nuestra oración invocábamos a menudo a los dos beatos pastorcitos, el diablo que poseía a esa persona, refiriéndose a Francisco, exclamó:
«Ese pequeñito me ha dado tantos golpes con todos esos rosarios, ¡tantos!»

Luego, refiriéndose a la Beata Jacinta, temblando mucho, dijo:
«Y esa otra, la más pequeña de los tres, era la ‘peor’. Ella fue la que inmediatamente dijo: ‘¡Sí! ¡Sí! Llévame contigo. ¡Hazme sufrir, para que los demás no sufran!’ Eso es lo que dijo esa pequeña estúpida. ¿Cómo lo supo? ¿Quién le enseñó esas cosas? Era tan transparente, no podía tocarla, tan transparente, casi como Aquella de allí»."