8 oct 2018

Expediente Vallecas, posesión tras la ouija.




La muerte de Estefanía Gutiérrez Lázaro sigue siendo un misterio. Las circunstancias de su muerte nunca han sido aclaradas y hoy, 27 años después, entramos en la casa donde sucedió todo. Hablamos con su hermana Marianela y con José Pedro Negri, el inspector que escribió el expediente.


Marianela revive los episodios más escalofriantes antes de que su hermana muriera de forma inexplicable

Marianela vivió un hecho terrorífico en esa casa y hoy vuelve al lugar de los hechos. Allí fue testigo de fenómenos paranormales y presenció la muerte de su hermana. Carmen Porter se entrevista con ella, que cuenta toda la verdad de lo ocurrido. Su hermana hizo la ouija en el colegio y, desde entonces, el mal se instaló en su interior. Marianela revela los fenómenos paranormales que tuvieron lugar en casa desde entonces: la cocina comenzó a arder un día, de repente, Estefanía se comportaba de una manera muy extraña, hablaba idiomas que desconocía, convulsionaba, se cae al suelo y empieza a levitar: “En mi casa se escuchaba de todo”.
Las hermanas compartían habitación y los episodios que experimentaba Estefanía, los vivía muy de cerca Marianela: “Ella no era consciente de lo que pasaba, luego preguntaba qué había hecho porque no se acordaba de nada”. Especialmente terrorífico es el relato de la muerte de Estefanía: “En la autopsia aparece como muerte súbita, muerte sospechosa”. Cuando murió la joven, la cosa no terminó, pues la convivencia allí era insostenible: “Volaban cuchillos, se escuchaban llantos, se abrían y cerraban puertas, las cruces se caían, se quemó una foto de mi hermana… Veía a una niña de unos seis años, nunca me decía nada pero siempre estaba ahí”.
 
 
El inspector Negri regresa a la casa de Estefanía 27 años después y recuerda la pesadilla que vivió

José Pedro Negri, inspector jefe de la Policía Nacional acudió al domicilio junto a otros tres agentes y redactó el histórico informe oficial de la muerte de Estefanía. Regresa a la casa donde ocurrió todo junto a Iker Jiménez y reconoce no haber olvidado lo que vivió allí. Especial mención hace al hablar de un estruendo que se escuchó desde la terraza, la caída de un crucifijo y la aparición de un poster arañado, que dejó la puerta totalmente desgarrada. Reconoce que tuvo una muy mala sensación al entrar en la casa y en el cuarto de baño.

Mas información, con dos videos testimoniales: -CLIQUE AQUÍ-

Nota del administrador: Les animo a que expresen sus pareceres sobre este caso, yo también de aquí unos dias comentaré.

15 sept 2018

Exorcista don Javier Luzon

Charlas exorcísticas.

La crueldad de los demonios es debida a que la agresividad es síntoma de tristeza. Tal cual se sienten los angeles caídos porque ya no hay oportunidad de remisión posible para ellos, su condena es segura y eterna.

1 sept 2018

17 santos contra el demonio.


Sus historias sirven de inspiración y consuelo hoy

La existencia del diablo y de otros espíritus malignos es atestiguada tanto por el Catecismo de la Iglesia como por las Sagradas Escrituras, y podemos encontrar referencias a estas entidades en muchos escritos de los Padres de la Iglesia.
La existencia de estos seres está también confirmada por el testimonio de muchos santos, y este es el tema central del nuevo libro de Paul Thigpen, Saints Who Battled Satan (Santos que lucharon contra Satanás, en traducción libre).
Thigpen, renombrado escritor y periodista, es doctor en estudios religiosos por la Universidad de Emory.
Enseñó teología en diversas universidades norteamericanas y es autor de más de 40 libros y cientos de artículos, sus trabajos fueron traducidos a más de 12 idiomas y publicados en todo el mundo.
En Saints Who Battle Satan, el profesor Thigpen narra las historias de 17 santos, hombres y mujeres de Dios que, en diversos contextos históricos y geográficos, dieron testimonio de sus luchas personales contra las fuerzas demoníacas. Sus historias sirven hoy de inspiración y consuelo.
Thigpen actualmente es editor de TAN Books, tradicional editorial católica fundada en 1967 y con sede en Carolina del Norte, Estados Unidos. Primero fue ordenado pastor protestante, se conviritió al catolicismo en 1993.
En esta entrevista concedida a Aleteia, el Dr. Thigpen habla de su nuevo libro, que considera una continuación de su best-seller Manual for Spiritual Warfare (Un Manual para la Guerra Espiritual).
Son muchas las historias de batallas libradas por los santos contra el diablo. ¿Cuál es el criterio que utilizó para escoger sólo 17?
De hecho, no fue una tarea fácil. Varios factores fueron tomados en consideración. Primero, con el fin de enfatizar el carácter universal de la lucha espiritual, quise incluir a santos de diversas culturas y diversos contextos históricos.
Los santos que escogí provienen de 12 países diferentes de Asia, África, Europa, América del Norte y América del Sur.
Hay representantes de cada siglo desde los principios del cristianismo, excepto del siglo XXI, que acaba de comenzar.
Deseaba presentar a mis lectores las historias de hombres y mujeres de “carne y hueso”, testimonios directos de las manifestaciones ordinarias y extraordinarias del diablo.
Busqué también mostrar cómo los santos usan las “armas espirituales” que tenemos a mano, tales como la oración, el estudio de las Escrituras y los sacramentos; quise enfatizar cómo el cultivo de las virtudes cristianas les sirvieron de armadura espiritual en medio de los más violentos enfrentamientos; y cómo, en los momentos difíciles, estos santos solicitaron la ayuda de su comandante, Jesucristo, así como la de sus compañeros de campaña: los santos que libraron semejantes batallas antes que ellos, los ángeles y, en especial, la Virgen.
Finalmente, un factor decisivo fue, sin duda, la disponibilidad de información biográfica pertinente. Para cada santo seleccionado, era necesario tener a la mano material suficiente para redactar un capítulo completo.

Incluso así, en mi investigación terminé por acumular una extensa colección de citas e historias incompletas –muy buenas para rechazarlas– que servirían de materia prima para una sección adicional del libro.

¿Cuáles son los medios más comunes empleados por Satanás para acercarse a nosotros o tentarnos?
En general, somos capaces de discernir esos pensamientos que nos vienen a la mente por sugerencia o inspiración de una fuente exterior, de aquellos que nos ocurren por cuenta de una sugerencia de nuestros propios sentidos y facultades intelectuales.

Los demonios, al estar desprovistos de cuerpo físico, pueden transmitir ideas y pensamientos directamente a nuestras mentes.

Esta es una estrategia furtiva, ya que si no somos capaces de discernir esas influencias, podemos tomar equivocadamente pensamientos insinuados por ellos como genuinamente nuestros.

Satanás típicamente busca influirnos por medio de ilusiones, acusaciones, dudas (en especial respecto al amor de Dios hacia nosotros); o provocaciones, con el afán de despertar en nosotros la vanidad, la rabia, la lujuria, la desesperación; o aun incitándonos a desear aquello que nos está prohibido, o incluso a buscar a través de medios ilícitos algo que podría ser benéfico.

¿Podría citar a algún santo que haya lidiado con Satanás de forma poco usual respecto a los demás?
Me acuerdo del episodio en que el diablo intentó tentar a san Benito por medio de la lujuria. El espíritu maligno trajo a su memoria la imagen de una mujer muy atractiva que él conoció cuando era joven.


El recuerdo de esa mujer inflamó su corazón, a tal punto que casi lo hizo sucumbir y entregarse.
En ese momento, sin embargo, vio frente a sí un nido lleno de ortigas y espinas afiladas. Inmediatamente se quitó el hábito y se lanzó al arbusto, arrastrándose entre las espinas hasta que el cuerpo estuviera cubierto de heridas; y así la tentación lo abandonó.


¿Hay santos especialmente adecuados para apoyarnos en determinados tipos de tentaciones? ¿Podría mencionar a alguno de ellos?

La tradición católica nos anima a pedir ayuda de los santos que han librado batallas semejantes a las nuestras.

Así, al ser tentado por la lujuria, recomendaría buscar ayuda de san Benito; en los momentos de cólera, pediría ayuda a san Jerónimo; para resistir al pecado de la soberbia, a san Ignacio de Loyola; para no desanimarnos en nuestro caminar, la intercesión de santa Teresa de Ávila; y en los momentos de desesperación, a san Padre Pío, por ejemplo.

Si pudiera imaginar algo como un “kit de supervivencia espiritual”, ¿cuáles serían los artículos más importantes que debería tener?

Bien, pienso que era precisamente lo que tenía en mente cuando escribí Manual for Spiritual Warfare.
El libro ofrece una visión general de la enseñanza de la Iglesia sobre cómo proceder en la batalla espiritual.


Analiza también algunos de los “recursos de batalla” cultivados por la tradición católica: doctrina pertinente, diversos textos, citas y episodios de las vidas de los santos, además de oraciones y cantos.

¿Cuáles son las virtudes más importantes para mantener el mal alejado y cómo utilizarlas como protección?

Desde tiempos remotos, un sinnúmero de consejeros espirituales cristianos han recomendado la humildad como virtud fundamental; sólo en ella las demás virtudes florecen. Por esa razón, la destaco como la más importante de todas la virtudes.

Para dar un ejemplo práctico de cómo la humildad puede protegernos de las embestidas del diablo, toma en cuenta una historia contada por los antiguos padres del desierto, respecto de un monje conocido por su profunda humildad.

Él oraba en recogimiento cuando recibió la visita del propio diablo, disfrazado de ángel de la luz. El diablo le dijo: “Soy el ángel Gabriel, y fui enviado a ti”, con el propósito de tentarlo con la soberbia.
Pero el humilde monje no se dejó engañar, respondiéndole: “Usted debe estar equivocado. Sin duda fue enviado a otra persona; no soy digno de recibir la visita de un ángel”. El diablo entonces se retiró, decepcionado y derrotado por la humildad del monje.

¿Por qué algunas personas parecen estar más asediadas por el diablo que otras?

San Antonio Abad
 
Un patrón que se repite en las biografías de muchos santos es el siguiente: cuando el diablo percibe que una persona causará daños importantes a su imperio infernal, lo ataca furiosamente.
Fue así con san Antonio Abad, al demostrar su firme decisión de vivir como santo ermitaño en el desierto, también con santa Catalina, cuando decidió consagrarse a Cristo cuando era niña; fue lo que ocurrió al santo Padre Pío en el momento en que entró en la orden de los capuchinos.

Padre san Pio de Pieltrecina de joven

Fue en estos momentos que el enemigo de sus almas realizó sus más violentos ataques, en un intento por impedírselos.

Él sabía que si acaso tuviera éxito en someter a esos hombres y mujeres, las grandes obras que les serían confiadas por Dios serían saboteadas.

Pienso que ser consciente de esta verdad debe servirnos para consolarnos en los momentos difíciles.
Si enfrentamos la violenta oposición por parte de las huestes diabólicas, tal vez eso significa que Dios tiene grandes planes que realizar por medio de nosotros.

Debemos siempre tener en mente la advertencia de san José María Vianney: “El mayor de todos los males están en no experimentar la tentación, pues así tenemos motivos para creer que el diablo ya nos trata como su propiedad”.

¿Cómo podemos identificar las influencias verdaderamente procedentes de Satanás? ¿Cómo evitar volvernos paranoicos, excesivamente preocupados con el mal?

Las Escrituras nos hablan de nuestra lucha contra el “mundo”, la “carne” y contra el diablo (ver Santiago 4,1-7).

Es verdad que no siempre nuestros embates espirituales son directamente provocados por el diablo. Incluso así, es neceario tener en mente que, en estos momentos, él se aprovecha para intentar hacerse más presente y ejercer con mayor intensidad su influencia en nuestras vidas.

Debemos seguir siempre sus movimientos con gran atención. Creo que si somos capaces de cultivar el hábito de reconocer el origen de nuestros pensamientos, gran parte de nuestra lucha ya estará vencida.

Este tipo de discernimiento es cultivado por medio de las disciplinas espirituales tradicionalmente recomendadas por la Iglesia: oración frecuente, participación en la misa, adoración eucarística, recibir regularmente los sacramentos – en especial el de la Reconciliación y la Eucaristía, así como el estudio de las Escrituras (incluso memorizarlas) y el consejo de tutores autorizados.
El rechazo en ceder a cualquier paranoia frente al enemigo es otro patrón constante en las biografías espirituales de los santos; eran capaces de conservar su valentía y confianza inquebrantables porque tenían la convicción –como nos dice san Juan– de que cuanto mayor es Dios habitando en nuestro interior, mayor será el maligno presente en el mundo (ver 1 Jn 4,4).

Aunque tomaran al diablo muy en serio, también demostraban una especie de “desprecio sagrado” por él; sabían que, en última instancia, se trataba de un enemigo derrotado.

Es curioso ver que, incluso cuando la lucha se mostraba tan violenta al punto de castigar sus cuerpos, algunos santos les atribuían apodos graciosos a los espíritus malignos que los atormentaban.

Santa Catalina llamaba al suyo “ladroncillo” (porque intentaba robar almas); san Pío se refería al demonio que lo atacaba “ogro”; santa Gemma Galgani lo llamaba “chiappino” (asaltante); y san Juan Vianney apellidaba a su verdugo “grappin” (“garra” o “tenaza”, en francés). “Ah, ¿grappin y yo?” dijo en broma una vez, “¡ya somos casi amigos!”.


 Santa Catalina de Siena




En su opinión, ¿cuál sería la mejor manera de convencer a un incrédulo que Satanás de hecho existe y actúa?

Al hablar con personas incrédulas, les pido en primer lugar que consideren la evidencia acumulada a ese respecto.

A lo largo de la historia, pueblos de culturas muy diferentes y de las más diversas regiones del globo han afirmado la existencia de espíritus malignos, incluso cuando no están de acuerdo sobre otras realidades espirituales.

Incluso en nuestros días, oímos personas cultas e inteligentes dar testimonio de encuentros personales con fuerzas demoníacas. Ahora, esta parece ser una idea tan universalmente aceptable que debe tener algún fundamento.


 San Miguel arcángel

Claro, es necesario reconocer que muchas enfermedades y trastornos mentales fueron y aún son equivocadamente atribuidos a la influencia de demonios.

Pero la gran cantidad de creencias y supersticiones populares en relación con espíritus malignos no constituye un argumento consistente contra su existencia.

Los escépticos podrían exigir evidencias más “científicas”. Pero, ¿qué tipo de evidencia relevante al respecto podría ser obtenida a través del método científico?

Las ciencias naturales investigan la realidad por medio de conceptos como el espacio, el tiempo, la energía, el movimiento; las ciencias humanas analizan el comportamiento humano.

Los demonios no tienen cuerpo físico, ni tampoco son humanos. ¿Cómo podríamos someterlos a los escrutinios de nuestra ciencia?

No podemos colocarlos en tubos de ensayo, ni someterlos a los métodos de psicoanálisis. Lo máximo que los científicos pueden hacer es observar las influencias de los demonios en el mundo físico o en el comportamiento de las personas.

Pero la mentalidad “científica” los llevará a buscar, siempre, explicaciones alternativas para tales fenómenos, incluso cuando éstas se muestren claramente inadecuadas.

Al hablar con católicos, basaría mi argumentación en los numerosos pasajes de la Biblia que dan testimonio de la existencia del diablo y de sus aliados malignos.

Los Evangelios dan testimonio, en particular, de que el propio Jesucristo habló con Satanás; la discusión entre Nuestro Señor y el diablo en el desierto no se considera solamente un diálogo interior sobre las tentaciones.

Cristo se refirió a los demonios en diversas ocasiones, y la actividad de expulsar a los malos espíritus de personas endemoniadas constituyó un aspecto destacado e indispensable de su misión.

Algunos estudiosos han sugerido que en estos episodios, Cristo estaría, de hecho, simplemente curando enfermedades físicas o mentales, erróneamente considerados demonios de las personas de aquel tiempo.

En respuesta a tales argumentos, necesitamos sólo recordar que, conforme atestigua el Evangelio, al menos en una ocasión –obedeciendo órdenes de Cristo– los demonios abandonaron a su huésped humano para invadir los cuerpos de animales. Ahora, no se puede transferir un trastorno médico de un hombre a una piara de cerdos.

La realidad de los poderes demoníacos han sido un elemento constante de la doctrina de la Iglesia católica desde su institución por Cristo, por medio de sus apóstoles. Estos, como sus sucesores, hablaron y escribieron sobre Satanás en varias ocasiones.

A lo largo de los siglos, todos los grandes maestros de la Iglesia han corroborado su existencia.
La existencia de Satanás ha sido también reiterada en diversas declaraciones de los papas y concilios de la Iglesia; encontramos referencias a él también en la liturgia.

Y, conforme nos muestra este libro, a lo largo de los siglos un sinnúmero de santos – personas cuya integridad moral y salud mental no puede ser cuestionada– dieron testimonio de sus propias luchas personales contra agresores demoníacos.

La obstinación en seguir rechazando la veracidad de estos hechos me parece más la expresión de una creencia ciega e irracional.

29 ago 2018

Diálogo exorcista y demonio.


Sus confrontaciones con Satanás fueron tema de muchas entrevistas concedidas por él a lo largo de la vida. El Diablo le dijo: Si los cristianos conocieran el poder del rosario, sería mi fin"

Durante 36 años, el padre Gabriele Amorth fue el principal exorcista del Vaticano y de la diócesis de Roma. Hasta su fallecimiento en septiembre de 2016, a los 91 años, él enfrentó a lo largo de su ministerio innumerables “encuentros” con Satanás, que fueron tema de muchas entrevistas concedidas por el sacerdote a medios de comunicación del mundo entero.

Nuestra época tiene graves dificultades para aceptar tal hipótesis. Por detrás de la dimensión oscura y perturbadora de las historias reveladas por el padre Amorth, sin embargo, queda la lección de que el mal puede combatirse – y ser derrotado.

A continuación algunos pasajes de entrevistas con el exorcista más famoso del mundo:

Para la página italiana Libero, el 3 de febrero de 2012, el padre Amorth narró algunos recuerdos de su primer encuentro con el diablo durante un exorcismo:

“De repente, tuve la nítida sensación de una presencia demoníaca en mi frente. Sentí al demonio mirándome, examinándome, moviéndose a mi alrededor. El aire se puso frío. Un amigo exorcista ya me había hablado de estos cambios bruscos en la temperatura. Pero una cosa es oír hablar y otra es vivir la experiencia. Yo intenté concentrarme. Cerré los ojos y seguí mi oración, de corazón: ‘Sal, rebelde. Sal, seductor, lleno de artimañas y mentiras, enemigo de la virtud, perseguidor de los inocentes. Deja este lugar para Cristo, en quien no hay ninguna de tus obras'”.
La página Luce di Maria, en mayo de 2015, también publicó interesantes informaciones sobre el padre Amorth y sobre su ministerio. Por ejemplo: los exorcistas interrogan al diablo, incluso sabiendo que él es mentiroso; ¿pero por qué hablar con él si ya se sabe que la respuesta probablemente será una mentira más? El padre Amorth aclaró:

“Tenemos que filtrar las respuestas del diablo. El Señor a veces impone que él diga la verdad, para mostrar que Satanás fue derrotado por Cristo y que él está obligado a obedecer a los discípulos que actúan en nombre del Señor”.
De hecho, añadió el padre Amorth, el diablo a veces declara que está forzado a hablar y hace de todo para evitarlo. Ser forzado a revelar su nombre, por ejemplo, es para él una gran humillación, una señal de derrota. Él busca venganza en esos casos y la conversación tiende así a ser aún más peligrosa. El exorcista debe limitarse a las cuestiones autorizadas por el Rito y no dejarse conducir por el diablo.
En otra entrevista, concedida a Urlo Magazine en 2009, el padre Amorth contó:

“Una vez, le pregunté a un demonio por qué, a pesar de su inteligencia superior, prefirió descender al Infierno. Él respondió: ‘Yo me rebelé contra Dios y mostré que soy más fuerte que Él’. Para ellos, la rebelión es una señal de victoria y de superioridad”.

El poder del Rosario

En su libro “Yo, el último exorcista”, el padre Amorth cuenta un diálogo que da testimonio de la fuerza de la Virgen María:

P. Amorth: “¿Cuáles son las virtudes de Nuestra Señora que más te encolerizan?”
Satanás: “Ella me enfurece porque es la más humilde de todas la criaturas y porque yo soy el más orgulloso. Porque ella es la más pura de todas las criaturas y yo no. Porque ella es la más obediente a Dios y yo soy el más rebelde”.
P. Amorth: “¿Por qué temes más cuando yo digo el nombre de María que cuando digo el nombre de Jesucristo?”
Satanás: “Porque me humilla más ser derrotado por una mera criatura que por Él”.
P. Amorth: “¿Existe una cuarta cualidad de María que te enfurece?”
Satanás: “Ella siempre me frustra porque nunca ha sido tocada por ninguna mancha de pecado”.
El sacerdote recordó también:

“Durante un exorcismo, Satanás me dijo por medio de la persona poseída: ‘Cada Ave María del rosario es para mí un golpe en la cara. Si los cristianos conocieran el poder del rosario, sería mi fin”. 

26 ago 2018

Gallaguer, psiquiatra ayudante de exorcistas en EEUU

Actualmente el doctor Robert Gallagher prepara un libro sobre el incremento de estos casos en Estados Unidos.

Formado en Princeton, Yale y Columbia (tres de las mejores universidades del mundo), el doctor Robert Gallagher es un psiquiatra especialista profesor de Psiquiatría Clínica en el New York Medical College. y miembro del Centro Psicoanalítico de la Universidad de Columbia. El 1 de julio publicó un artículo en The Washington Post en el que da a conocer su labor como asesor de exorcistas para diferenciar casos de enfermedad mental y de posesión diabólica ("Como psiquiatra, diagnostico enfermedades mentales y también ayudo a detectar la posesión diabólica. Cómo un científico aprendió a trabajar con exorcistas"). Traducimos a continuación su testimonio en primera persona.
Cómo un científico aprendió a trabajar con exorcistas
por Robert Gallagher


A finales de los 80 me presentaron a una supuesta gran sacerdotisa satánica. Decía ser bruja y vestía como tal, con vaporosos vestidos negros y sombra negra de ojos hasta las sienes. En nuestras numerosas conversaciones admitió que adoraba a Satanás como su “reina”.

Soy un científico amante de la Historia. Tras estudiar Literatura Clásica en Princeton, me formé como psiquiatra en Yale y como psicoanalista en Columbia.

Precisamente por esa formación, un sacerdote católico había pedido mi opinión profesional, que ofrecí sin honorarios, sobre si esta mujer padecía un trastorno mental. Era el momento álgido del temor nacional al satanismo. (En un caso que ayudó a inducir la histeria, Virginia McMartin y otros acababan de ser acusados de abusos con ritual satánico en una guardería de Los Ángeles; los cargos fueron luego desestimados). Así que yo me inclinaba al escepticismo.

Pero el comportamiento de mi paciente sobrepasó lo que yo podía explicar con mis conocimientos. Ella les decía a algunas personas sus debilidades ocultas, como un orgullo exagerado. Sabía cómo habían muerto personas que no había conocido, como mi madre por un cáncer de ovario. Posteriormente, otras seis personas me aseguraron que, durante sus exorcismos, la habían escuchado hablar en muchos idiomas, incluido el latín, totalmente extraño para ella cuando no estaba en trance.

Esto no era una psicosis; era lo que sólo puedo describir como una capacidad paranormal. Concluí que estaba poseída. Mucho después, ella me permitió contar su historia.

El sacerdote que me pidió opinión ante este extraño caso era el exorcista más experimentado de país en aquella época, un hombre erudito y sensible.

Le había dicho que, aunque yo era católico practicante, no era probable que me tragase un montón de abracadabras. “Bueno”, replicó, “si hubiésemos pensado que a usted se le podía engañar fácilmente no le hubiésemos pedido que nos ayudase”.

Veinticinco años de experiencia
Así fue como comenzó una curiosa colaboración. Durante las últimas dos décadas y media y mediante varios cientos de consultas he ayudado a ministros de varias denominaciones y creencias a diferenciar episodios de enfermedad mental (que suponen la aplastante mayoría de casos) de, literalmente, la acción del demonio. Es un papel improbable para un médico en el ámbito académico, pero no veo que haya conflicto entre estos dos aspectos de mi carrera.

Los mismos hábitos que definen lo que hago como profesor y psiquiatra (apertura de mente, respeto ante los hechos y compasión por la gente que sufre) me condujeron a ayudar en la tarea de discernir los ataques de lo que creo que son espíritus malignos y, con el mismo espíritu crítico, diferenciar entre estos casos extremadamente raros y las enfermedades médicas.

¿Es posible ser un sofisticado psiquiatra y creer que los espíritus malignos, aunque sólo rara vez, atacan a las personas? La mayor parte de mis colegas y amigos científicos dicen que no, por su frecuente contacto con pacientes crédulos sobre demonios, por su generalizado escepticismo ante lo sobrenatural y por su determinación de utilizar solo tratamientos estándares y consensuados que no puedan potencialmente confundir (sin duda, un riesgo) o hacer daño a pacientes vulnerables.

Pero una observación cuidadosa de las pruebas que se me han presentado en mi carrera me ha llevado a creer que ciertos casos extremadamente poco frecuentes no pueden explicarse de otra forma.



La furia ante objetos y símbolos sagrados es un indicio de actividad demoníaca, pero también puede tener una causa meramente psíquica... el psiquiatra debe discernir con cuidado todos los síntomas

La demanda crece 
El Vaticano no hace un seguimiento global o nacional de los exorcismos, pero según mi experiencia, y según los sacerdotes que conozco, la demanda está creciendo. Según Vincent Lampert, sacerdote y exorcista de Indianápolis y miembro activo de la Asociación Internacional de Exorcistas, en Estados Unidos hay unos cincuenta exorcistas “estables” (designados por los obispos para dedicarse casi en exclusiva a combatir la actividad demoniaca), frente a 12 hace sólo una década.

Él mismo recibe unas veinte peticiones semanales, el doble de cuando le nombró su obispo, en 2005.

La Iglesia católica ha respondido ofreciendo más medios a los miembros del clero que desean afrontar el problema. Por ejemplo, en 2010 la conferencia episcopal organizó un encuentro en Baltimore para sacerdotes interesados. En 2014, el Papa Francisco reconoció formalmente la Asociación Internacional de Exorcistas, cuatrocientos de cuyos miembros se reunirán en Roma este octubre.

Sus miembros creen en estos casos raros porque les llaman continuamente para ayudar. (Yo mismo serví durante un tiempo como asesor científico de la dirección de la asociación.)

Por desgracia, no todos los sacerdotes que trabajan en este campo tan complejo son tan prudentes como el sacerdote que contactó conmigo la primera vez. En algunos círculos existe la tendencia a preocuparse en exceso con supuestas explicaciones demoniacas y a ver demonios en todas partes. En ocasiones, sobre todo en países poco desarrollados, han tenido lugar a veces malos diagnósticos fundamentalistas y absurdos o incluso peligrosos “tratamientos”, como golpear a las víctimas. Tal vez por esto los exorcismos tienen una connotación negativa en algunos ámbitos. Las personas que tienen problemas psicológicos deberían recibir tratamiento psicológico.

Cómo distinguir una posesión 
Pero creo que he visto hechos reales. Los ataques a personas se clasifican en “posesiones demoniacas” o en ataques (algo más frecuentes pero menos intensos) llamados normalmente “opresiones”. Un individuo poseído puede repentinamente, en una especie de trance, proferir afirmaciones sorprendentemente venenosas y despreciativas contra la religión, al tiempo que comprende y habla lenguas extrañas que antes desconocía. El sujeto podría también exhibir una fuerza enorme o incluso el extraordinariamente raro fenómeno de la levitación.

(Yo no he sido testigo directo de una levitación, pero media docena de personas con quienes trabajo la han visto en el curso de sus exorcismos.)

Puede demostrar “conocimientos ocultos” de todo tipo de cosas (cómo murió un ser querido de un desconocido, qué pecados secretos ha cometido, incluso dónde están algunas personas en un momento dado). Son habilidades que no pueden explicarse si no es por una capacidad psíquica o preternatural especial.

Personalmente he visto estos hechos racionalmente inexplicables, así como otros fenómenos paranormales. Mi perspectiva es inusual: como doctor en ejercicio, creo que he visto más casos de posesión que ningún otro médico en el mundo.

La mayor parte de las personas a quienes he examinado en ese papel sufren los más prosaicos problemas de trastornos médicos. Cualquiera que esté mínimamente familiarizado con las enfermedades mentales sabe que las personas que creen estar siendo atacadas por espíritus malignos generalmente no están experimentando nada de eso. Los facultativos ven continuamente pacientes psicóticos que afirman ver o escuchar demonios; o personas histriónicas o altamente sugestionables, como las que padecen síndromes de identidad disociativa; y pacientes con trastornos de la personalidad inclinados a malinterpretar sentimientos destructivos (en lo que los exorcistas llaman a veces “pseudo-posesión”) como un mecanismo de defensa o una proyección externa.

Pero ¿qué se supone que debo hacer con pacientes que inesperadamente comienzan a hablar en perfecto latín?

Yo me acerco a cada situación con un escepticismo inicial. Técnicamente no hago mi propio “diagnóstico” de posesión, sino que informo al sacerdote de que los síntomas no tienen ninguna causa médica imaginable.

Una actividad mal vista 
Soy consciente de cómo miran este tipo de trabajo muchos psiquiatras. Aunque la American Psychiatric Association no tiene opinión oficial sobre estos asuntos, el sector (como la sociedad en su conjunto) está plagado de escépticos irreductibles y, ocasionalmente, de doctrinarios materialistas que son con frecuencia extrañamente cáusticos en su oposición a todas las cosas espirituales.

Mi trabajo es ayudar a la gente a buscar ayuda, no convencer a los médicos que no son susceptibles de convencerse. Sin embargo, me ha sorprendido agradablemente el número de psiquiatras y otros profesionales de la salud mental que están hoy abiertos a prepararse para hipótesis similares. Muchos creen exactamente lo mismo que yo, aunque pueden ser renuentes a hablar de ello.

Analizar los hechos y ayudar a las personas 
Como hombre de razón, he tenido que racionalizar lo aparentemente irracional. La respuesta a preguntas que se me han planteado, sobre cómo un médico científicamente formado puede creer “semejante tonterías arcaicas y acientíficas”, tiene una respuesta sencilla. Yo sopeso honestamente los hechos.

Se me alega, de manera simplista, que la levitación desafía las leyes de la gravedad, ¡y por supuesto así es! Aquí no estamos tratando con realidades puramente materiales, sino con el ámbito espiritual. Uno no puede forzar a esas criaturas a someterse a estudios de laboratorio o a manipulación científica; tampoco se prestarán fácilmente a permitir que se las grabe con un equipo de vídeo, como a veces piden los escépticos.

(El Catecismo de la Iglesia Católica sostiene que los demonios son conscientes y poseen su propia voluntad. Como son ángeles caídos, también son más poderosos que los hombres. Por eso, después de todo, generan confusión y siembran la duda.) Tampoco la Iglesia desea comprometer la intimidad de una persona que sufre, no menos que un médico desea comprometer la confidencialidad de un paciente.

 ea por una causa sobrenatural, simplemente misteriosa o por una enfermedad mental, el deber del médico es intentar ayudar, sanar, combatir el sufrimiento y acompañar al que sufre

Con frecuencia, en diversas culturas la ignorancia y la superstición han rodeado las historias de posesión demoniaca, y sin duda muchos supuestos episodios pueden explicarse como fraude, engaño o patología  mental.

Pero los antropólogos creen que casi todas las culturas han creído en los espíritus, y que la amplia mayoría de las sociedades (incluida la nuestra) han registrado dramáticas historias de posesión espiritual. A pesar de sus variadas interpretaciones, la multiplicidad de descripciones del mismo fenómeno en formas sorprendentemente consistentes ofrece una evidencia acumulativa de su credibilidad.

Como psicoanalista, un rechazo generalizado a la posibilidad de ataques demoniacos parece menos lógica, y a menudo de naturaleza ilusoria, que una cuidadosa valoración de los hechos. Tal como lo veo, la prueba de la posesión es como la prueba de que George Washington cruzó el Delaware. En ambos casos, los relatos históricos escritos, junto con numerosos testigos sólidos, dan fe de su exactitud.

Sin embargo, finalmente no fue una visión académica o dogmática lo que me impulsó en esta línea de trabajo. Se me pidió consulta sobre personas que sufren. Siempre he pensado que, si se le pidiese ayudar a una persona torturada, un médico no debería rechazar arbitrariamente verse envuelto.

Quienes descartan estos casos impiden sin quererlo que los pacientes reciban la ayuda que necesitan desesperadamente, ya sea no recomendándoles tratamiento psiquiátrico (lo cual necesita claramente la mayoría) o no informando a sus directores espirituales de que parece haber en el asunto algo que va más allá de una enfermedad mental o de otro tipo.  Para cualquier persona de ciencia o de fe, debería ser imposible darle la espalda a un alma atormentada.

Traducción de Carmelo López-Arias.

23 ago 2018

¿Como actuar ante una persona que realmente no está posesa?


¿Como actuar ante una persona que no necesita un exorcismo?

En muchísimas entradas a este blog, se comenta sobre la tentación, influéncia y posesión, los testimonios y recomendaciones (inicio de una buena vida cristiana y el uso frecuente de los sacramentos).

Las ayúdas, los consejos, el acompañamiento.. pero jamás en este blog se ha comentado sobre como actuar el sacerdote exorcista ante una persona que se ve claramente que no tiene ningún problema espiritual, únicamente está obsesionada mentalmente, sobre preocupada y nada mas.

En algunas entradas se ha comentado sobre la diferencia entre la enfermedad mental y la posesión, incluso de la conversión de algún que otro psiquiatra, y de que hay psiquiatras que colaboran con exorcistas pues en alguna ocasión pueden darse los dos casos.

Volviendo al tema, que es delicado y siempre debemos actuar con caridad. ¿Que sucede cuando una persona no necesita del exorcista, pero la persona sigue tozuda? pues hay que hablarle claramente, y decirle que haga vida normal, que no le sucede nada.

 Si la persona fuese enferma mental se le debe requerir que siga el tratamiento. Por ejemplo los esquizofrénicos si siguen su tratamiento ven la realidad normalmente y no dan problemas, si lo dejan su comportamiento incluso, puede ser peligroso para la sociedad como se ha visto en tantas ocasiones.

Yo, mismo, colaborador del sacerdote Fortea, he publicado entradas donde se critica en caridad aquellos sacerdotes que no ayudan, por la situación que sea, pero hoy escribo sobre aquellas circunstáncias donde no se necesita ayúda, y también es necesario abordar este tema.

Personalmente, he conocido personas afectadas, en tratamiento exorcístico, aparte de eso, su vida es normal y su raciocinio, perfecto. En cuanto a las personas obsesionadas mentalmente o sobre preocupadas sin razón, en ocasiones las he visto, muy incipientes en la necesidad de exorcismo, pero sin aportar ellas mismas nada para sí mismas, y este ya es un síntoma; que recen los demás por mí, que hagan cosas por mí, que yo no hago nada por mí.. creanme que cuando una persona sabe realmente que tiene un problema, está dispuesta a seguir y hacer los consejos que le dicga el sacerdote desde el princípio, y su perseverancia junto a las sesiones exorcísticas le va sanando espiritualmente.

Como decía San Agustín; Dios que te ha creado sin tí, no puede salvarte sin tí.

En los casos reales de necesidad, la persona afectada es la principal que debe luchar y seguir una buena vida cristiana, si no hubiese ese cambio de actitud, la influéncia o posesión  seguirian enraizadas en la persona.

Pero los casos que no necesitan exorcismo o liberación, se debe decir claramente, se puede seguir aconsejando cristianamente, pero no hay necesidad de nada mas. Mientras la persona persista en su actitud lo único que va a provocar es la pérdida de tiempo de todos.

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¿Que siente una persona posesa?



20 ago 2018

Me convertí viendo un exorcismo.


Un testimonio de conversión tras presenciar un exorcismo. Es una circunstáncia extra que viven normalmente aquellos familiares de posesos y ayudantes en las sesiones de exorcismo.Si esto también sirve para la conversión, bienvenido sea! Creedme que el demonio rabia mucho cuando una persona se convierte por su causa. Al demonio le agrada mas pasar desapercibido, incluso que no crean en el, y seguir haciendo sus cosas.

17 ago 2018

¿Espiritismo? no, posesión.



Este verano en una reunión familiar una persona comentaba con toda su inocencia e ignorancia;

A mí me asusta todo lo que tenga que ver con circulos de velas, y le preguntamos ¿porque? dice que cuando era mas joven fué a ver una sesión "espiritista" de una amiga suya, puso sus velas y luego al "consultar espíritus" comenzó a levitar y se asustó mucho, y que nunca mas iría a una cosa similar, además decía que aquella amiga era vidente y adivinaba cosas.. quién relataba esto se le quedó el susto en el cuerpo para toda su vida, y piensa que fueron actitudes de los espíritus lo que vió, pero los que sabemos de esto sabemos que aquello lo hace el demonio, no los espíritus. Cuanto engaño, ignorancia y mala guía hay para los que abren puertas al demonio.

De la santa bíblia, Deuteronomio 18,9-11.

9 Cuando entre en la tierra que el Señor, tu Dios, te dará, no aprendas a practicar las abominaciones que cometen esas naciones.
10 Que no haya entre ustedes nadie que inmole en el fuego a su hijo o a su hija, ni practique la adivinación, la astrología, la magia o la hechicería.
11 Tampoco hará ningún encantador, ni consultor de espectros o de espíritus, ni evocador de muertos.

El demonio es un perro feroz atado corto, pero quién se acerca a el y le abre puertas puede acabar dañado, la "vidente" espiritista, no deja de ser un nuevo caso de posesión demoníaca.

14 ago 2018

La perseverancia de la Gracia


Nunca me ha gustado mencionarlo en mis escritos, es orgulloso y nombrarlo es un gusto que no deseo darle. Pero a veces debemos recordar que existe y está para hacernos daño y destruirnos. Acaba con las familias, sacerdotes, niños. No hay nada sagrado para él. Solo exhala odio y rencor por nosotros.

Una vez leí de este santo que iba caminando por unos caminos montañosos y llegó a un poblado cercano. En la entrada se encontró al malvado descansando apacible.
“Qué haces aquí?”
le preguntó. “¿Vas a entrar para tentar y seducir a los pobladores?”

“En este pueblo no”,
respondió. “Tengo unos ayudantes que lo hacen de maravilla y me ayudan para hacerlos pecar. Son aquellos que blasfeman con cada frase, los que hablan mal de los demás y siembran mentiras, los que crean cizaña espaciéndola a su alrededor, aquellos que no son capaces de perdonar y viven odiando”.


Nuestro santo se desvió para no entrar en aquél poblado y fue hacia un monasterio. Allí encontró una batalla campal, una legión de demonios acorralando el lugar. Les preguntó qué hacían.
“Aquí rezan, perdonan, confían en Dios, leen las escrituras y conviven en Paz. Son los que más cuesta hacerles pecar”.

Cuando el diablo no puede seducirte ni engañarte, se muestra tal cual es: “CRUEL”.

Suelo decir que el maligno no es malo, es malísimo.
Sólo piensa: “Quiere robarte una eternidad al lado de quien te ama desde antes que nacieras. ¿Le vas a permitir eso?”.
Su propósito es arrojarte a un lugar de sufrimientos y angustias alejado de Dios, sabiendo que nunca podrás estar en su cercanía por más que lo anheles. Quiere que sufras eternamente porque te odia. Vas a darle ese gusto? O vas a luchar por tu alma.
“Someteos, pues, a Dios; resistid al Diablo y él huirá de vosotros.” (Santiago 4, 13)

Sé de algunos casos en los que las personas lograron vencerlo, con ayuda y guía espiritual, con la oración ferviente y los sacramentos de nuestra santa Iglesia, renovando sus  vidas.

No le dejes al malo que te señale el camino que has de seguir. Perdona. Pide perdón. Recupera tu estado de gracia. Cambia el rumbo de tu vida y permanece en la presencia de Dios. Una buena confesión sacramental ayuda mucho. Hazte propósitos de enmienda.

La Biblia es muy clara. Te da las armas que necesitas en esta batalla espiritual. Basta que leas las sagradas Escrituras y encontrarás cómo defenderte del demonio y sus tentaciones.

“Ciertamente, es viva la Palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón. No hay para ella criatura invisible: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquél a quien hemos de dar cuenta”. (Hebreos 4, 12-13).
Lucha, da la batalla espiritual.  Bien decía santa Eufrasia: “Un alma vale más que un mundo”.

¡Ánimo! ¡Tú puedes vencer!