
Vittorio Messori es un intelectual católico ampliamente conocido y autor de varios best seller. ¿Pero siempre fue el creyente convencido racionalmente de su fe que es hoy? En el libro entrevista “Por qué creo. Una vida para dar razón de la fe” (Perché credo. Una vita per rendere ragione della fede, editorial Piemme) queda dada la respuesta.
Messori nació y creció en una familia agnóstica e incluso anti clerical. Se educó en un ambiente racionalista, ajeno al hecho religioso y hostil a la sola posibilidad de que Dios existiera. Pero a pesar de todo ese ambiente, en los años previos a los conflictos de 1968, Messori encontró a Cristo o, por mejor decir, Cristo encontró a Vittorio.
Posiblemente el hecho que impulsó esa conversión es muy poco conocido. Tal vez porque es poco plausible para mentes cuadradas… como la del mismo Messori quien aún no se lo puede explicar: un tío fallecido muchos años atrás le llamó por teléfono. Meses más tarde, cuando se desempeñaba como trabajador de la compañía telefónica Stipel, encontró un ejemplar de los Evangelios. Leyéndolos tuvo lugar el “encuentro misterioso”, casi físico con Jesús, que Vittorio jamás imaginó y él mismo ha referido. Una experiencia que describe como “la claridad de haber visto la Verdad, con toda su fuerza y evidencia”. La historia de la vida de Jesús-Dios de los Evangelios golpeó profundamente su existencia y, de suyo, fue el pretexto que dio origen a su primera obra, la conocida “Hipótesis sobre Jesús”.
El padre Jose Antonio Fortea es autor de libros y manuales de exorcismo y de alguna que otra novela de ficción. Su nombre y apellido son reconocidos en muchos ambientes, no sólo españoles. Pero pocos saben que cuando ese sacerdote de sotana negra contaba con 15 años, era más bien indiferente hacia el catolicismo y todo lo que oliera a Dios. Así lo ha narrado en su libro “Memorias de un exorcista” (Ed. Martínez Roca 2008). Pero el 12 de octubre de 1983 Dios irrumpió en su vida: “Un día como cualquier otro entré en mi habitación y, de pronto, sentí que era un egoísta y una mala persona. Me entró un gran arrepentimiento y vi que la Iglesia era el camino por donde iría progresando hacia la virtud. Todo esto no duró más de medio minuto, no oí ninguna voz celestial ni tuve ninguna visión, pero de pronto se había operado en mí una gran conversión: había comprendido que era un pecador y que el camino de salvación era la Iglesia”. Y más adelante agrega: “En aquel mismo momento me arrodillé al lado de mi cama y oré intensamente, sabiendo que alguien me escuchaba […] Sin ningún tipo de resistencia entendí que debía confesarme […] Externamente seguí igual, pero internamente ya era otra persona”.
Dos comunistas que conocieron la fe

Hacia el final de su vida, el fundador del Partido Comunista italiano estuvo internado en un hospital tratando de recuperarse de salud. “Gramsci tenía en su habitación la imagen de santa Teresita del Niño Jesús. Durante su enfermedad, las monjas de la clínica en que estaba ingresado llevaban a los enfermos la imagen del Niño Jesús, para que lo besaran. Como a Gramsci no se la llevaron, él se quejó: `¿Por qué no me la habéis traído?´, les dijo. Entonces le trajeron la imagen del Niño Jesús y la besó. Recibió también los sacramentos y volvió a la fe de la infancia”, reveló Mons. Luigi de Magistris a Radio Vaticana.

Aldo Brandirali es otro comunista italiano. El periodista Pablo Ginés recogió en el diario español La Razón un poco de su suave paso a la fe desde la revolución comunista. “Entendí que es posible construir, que si Cristo es Dios que se ha hecho Hombre, entonces los hombres pueden unirse. Me bauticé y puse nombre al misterio: Jesucristo […] Muchos amigos no quisieron seguirme y bautizarse. ¡Es tan doloroso reconocer el error, el pecado! Pero si no reconozco mi pasado, no puedo relacionarme con lo real”, ha dicho Brandirali. Tras algunas desilusiones dentro del comunismo, Aldo conoció al fundador de Comunión y Liberación, Mons. Luigi Giussani, y trabajó con él diez años, antes de hacerse católico. Fue ahí donde, poco a poco, como él mismo dice, “Aprendí a pedir, es decir, a rezar”.
Masones y además abortistas

Es la historia de Maurice Gaillet quien llegó al grado 18, de un total de 33, en una logia masónica francesa, organización que abandonó tras 15 años de pertenencia. En el libro autobiográfico “Yo fui masón” (Libros Libres, 2008) confiesa haber nacido en una familia que había rechazado cualquier tipo de religión y de jamás haber sido bautizado. Antes de entrar en la masonería, muy joven, se adhirió al materialismo y al ateísmo. Médico ginecólogo, practicó abortos antes de que fueran “legales” durante mucho tiempo en Francia.
La historia de

Actualmente el doctor Stojan Adasevic es uno de los líderes pro vida en Serbia.
El terrorista que conoció el perdón de Cristo

Corría el año de 1976 cuando, en la cárcel londinense de Brixton, aparecieron en su vida los capellanes de la prisión. De la misa y el diálogo con ellos, se dio un paso natural hacia una lectura cada vez más asidua y atenta de la Biblia. Fue en su contacto con la Palabra de Dios que se encontró con dos palabras hasta entonces huecas para él: culpa y perdón. Su conversión fue inevitable. “Había en Él (Jesucristo) un mensaje, puro y libre de transigencias y errores, que me atrajo de inmediato. Empezaba a sentir la contrariedad de que, debido a la lucha armada y a sus muchas víctimas, mi idealismo republicano comenzaba a resquebrajarse”, escribió en su libro “No más bombas” (editorial Libros Libres). Y así fue. Shane es un caso excepcional de terrorista converso.
Tamara Falcó habla en la universidad sobre su conversión: 'Antes podía comprarme quince pares de zapatos, pero me sentía vacía' La hija de Isabel Preysler y el marqués de Griñón, Tamara Falcó,
ha viajado hasta Sevilla para participar en un encuentro universitario
organizado por la Fundación San Pablo CEU con motivo de la celebración
de la festividad de la Conversión de San Pablo, patrono de los centros
CEU. Durante tres cuartos de hora, Tamara estuvo contando sus
vivencias a los estudiantes que se dieron cita en el salón de actos del
Campus, así como su proceso de conversión religiosa, la que comenzó más o menos después de que su padre se separaba por tercera vez tras 17 años de matrimonio.
“Después de que mi padre me contara que se separaba me quedé un poco en shock y decidí pasar unos días junto a él en el campo. Fui
a una tienda para comprar un libro y vi una Biblia que ponía ‘Biblia
didáctica’ con el dibujo de una palmera y mi nombre en hebreo quiere
decir ‘palmera’ y había mapas, y pensé a lo mejor esta la entiendo
porque en temas de religión no me enteraba muy bien y decidí comprarla y empecé a leerla” relató Tamara, quien admitió quedarse maravillada con el Génesis y con la lectura de Los Diez Mandamientos.“Yo había sufrido mucho la separación de mi familia, que mis hermanos se hubieran ido….y después de leer Los Diez Mandamientos me di cuenta que si esas normas las hubiéramos seguido en casa, nunca nadie me habría hecho daño ni yo habría hecho daño a nadie” y entonces comenzó su proceso de conversión. “Empecé a rezar el rosario sin saber cómo rezar el rosario. Una persona me habló sobre un retiro espiritual y allí me dejaron muy claro que el demonio existía y que la única manera de cerrarle las puertas, era la confesión. Llevaba 14 años sin confesarme y me pasé todo el fin de semana en el confesionario. Poco a poco me empecé a encontrar mejor y empecé a necesitar buscar la verdad de una manera adaptada a mí. Ahora voy a misa a diario, quién me ha visto y quién me ve” contaba Tamara, quien admitía que su familia no entendía absolutamente nada de su cambio.
"Yo tenía repleto el tema material, pero tenía un vacío interior; era simplemente que nada me llenaba, nada me saciaba; todo el mundo me preguntaba que teniendo la vida tan maravillosa que tenía, por qué me quejaba; en un momento dado una persona me recomendó que hiciera caso a mi vida interior y pensé 'qué tontería si estoy perfectamente y lo que necesito son más zapatos', y el Señor me enseñó de diferente forma.
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