31 may. 2014

Monseñor Mottet, exorcista de EEUU

El porqué de las posesiones; el demonio es un coche de lujo, y nosotros somos su gasolina.

Monseñor Marvin Mottet
exorcista oficial de la diócesis de Davenport (Iowa, Estados Unidos)
 Muchos han perdido la noción de que hay un combate espiritual.
Monseñor Mottet tiene ochenta años y está retirado de todo menos de su lucha contra el demonio. Afirma que se encuentra con un caso «serio» de posesión al menos una vez al mes, pero que ve a diario numerosos casos de personas afectadas de una u otra forma -la mayoría, mediante casos claros de tentación- por el ataque de Satanás.

Además de profundizar en la naturaleza de la posesión y en las armas contra ella (los sacramentos y la oración, sobre todo el Santo Rosario) con la ayuda de psiquiatras y psicólogos que colaboran con los párrocos en el discernimiento de cada caso,  el crecimiento de las sectas satánicas, su estructura y su forma de actuación van dando mas casos de influencias y posesiones satánicas.

Carol Glatz, que cubrió el acto para la agencia CNS, cuenta en su despacho que con los casos que se comentaron en los descansos y en los pasillos daba para bastantes películas del género.

Pero son la excepción. Monseñor Mottet, de hecho, recomendó que no se sobrecargase de trabajo a los exorcistas para que tuviesen tiempo para los casos más difíciles. Uno de los objetivos es impartir a los párrocos conocimientos suficientes para tratar aquellos otros en los que el demonio está de una u otra forma presente, sin llegar a la posesión en sentido estricto.

Una de las intervenciones más interesantes fue la del padre Gabriele Nanni, exorcista de la diócesis de Teramo (Italia), experto en la historia del rito. El cual no debe verse, subrayó, como una «fórmula mágica», porque es sólo el instrumento para que actúe quien verdaderamente lo hace: la misericordia de Dios. «El poder reside en el nombre de Jesús, no en tu voz», advirtió.

El padre Nanni aportó una explicación a uno de los grande misterios de la posesión diabólica: ¿por qué el diablo «pierde su tiempo» con nosotros, al fin y al cabo criaturas inferiores a él por naturaleza?

La razón es que «nos necesita. Es como un coche de lujo que se queda sin gasolina, o como un aparato que se queda sin pilas. A través de nuestros pecados nos utiliza como batería para recargarse».

De hecho, sostuvo, si el diablo parece tener hoy más poder que nunca, es porque hay más pecados que nunca. El franciscano John Farao, capellán de prisiones en la diócesis de Monterrey (California, Estados Unidos), muy permeable al auge de las sectas en México, dijo en este sentido que «no hay un espacio neutral entre la luz y las tinieblas: si abandonas la luz, abres la puerta a las tinieblas».

«Incluso los católicos», añadió el padre Farao, «tienen miedo de creer que el demonio pueda intervenir seriamente en sus vidas. Pocos quieren enfrentarse al hecho de que existe una batalla espiritual que librar. La gente no quiere líos».

La mayor parte de quienes le escuchaban saben, por experiencia propia y no precisamente agradable, que «los líos» existen... y a veces son bastante peores que en las películas.

1 comentario:

ranandiro dijo...

> La razón es que «nos necesita. Es
> como un coche de lujo que
> se queda sin gasolina, o
> como un aparato que se queda
> sin pilas. A través de nuestros
> pecados nos utiliza como > batería para recargarse».


Este punto de vista coincide con los libros de Robert Monroe y su concepto de loosh: la energía emocional que se extrae de los seres humanos. Por eso se sostiene en otras corrientes de pensamiento que la falta de impecabilidad nos convierte en alimento.