San Miguel arcángel
Eefesios 6,12
12 Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.
13 Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos.
14 Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza.
15 Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz.
16 Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno.
17 Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.
18 Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animadas por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos,
Ya sabemos que la fidelidad y perseverancia en la buena vida cristiana es la mejor garantia para tener la bendición, protección y guía de Dios, con lo cual se vence cualquier obstáculo, demonios incluídos.
Pero me ha parecido bueno, añadir un texto que he encontrado y que leemos a continuación:
El cardenal Dionigi Tettamanzi, arzobispo de Génova (Italia), imprimió una carta pastoral en la que enumera los “diez mandamientos” para defenderse del Tentador.
I. No olvides que el Diablo existe, porque su primera mentira es hacernos creer que no existe.
II. No olvides que el Diablo es un tentador. No te consideres ni exento ni invulnerable.
III. No olvides que el Diablo es sumamente inteligente y astuto. Logra su insidia siendo fascinante, como lo hizo con el primer hombre.
IV. Sé vigilante: con los ojos y el corazón. Y sé fuerte: es espíritu y virtud.
V. Cree firmemente en la victoria de Cristo sobre el Tentador, pues esto te hará seguro e imperturbable incluso ante la agresión más violenta que se desate contra ti.
VI. Recuerda que Cristo te hace partícipe de su victoria.
VII. Continúa escuchando la Palabra de Dios.
VIII. Sé humilde y ama la mortificación.
IX. Reza siempre, sin cansarte, para que superes la tentación.
X. Adora al Señor tu Dios y solamente a El ríndele culto.
I. No olvides que el Diablo existe, porque su primera mentira es hacernos creer que no existe.
II. No olvides que el Diablo es un tentador. No te consideres ni exento ni invulnerable.
III. No olvides que el Diablo es sumamente inteligente y astuto. Logra su insidia siendo fascinante, como lo hizo con el primer hombre.
IV. Sé vigilante: con los ojos y el corazón. Y sé fuerte: es espíritu y virtud.
V. Cree firmemente en la victoria de Cristo sobre el Tentador, pues esto te hará seguro e imperturbable incluso ante la agresión más violenta que se desate contra ti.
VI. Recuerda que Cristo te hace partícipe de su victoria.
VII. Continúa escuchando la Palabra de Dios.
VIII. Sé humilde y ama la mortificación.
IX. Reza siempre, sin cansarte, para que superes la tentación.
X. Adora al Señor tu Dios y solamente a El ríndele culto.














