25 feb. 2015

Dios le dijo que seria exorcista

"Y Dios me dijo: tú serás  exorcista" Confiesa un Sacerdote
Las primeras palabras que escuché al despertar fueron -Tú serás un exorcista, y yo respondí -Seguro que sí


Leopold J. Jablonský es un fraile franciscano, sacerdote, Guardián (Superior) de una comunidad franciscana y Vicario Parroquial del centenario Convento de Todos los Santos en Hlohoveck, pequeña localidad eslovaca cuya población es en un 80 % católica.

El padre Leopold es un sacerdote que trasluce la presencia de Cristo de tal forma que, a sus cortos años, se ha hecho muy querido y conocido en Eslovaquia. Diversos carismas le ha ido confiando el Espíritu Santo para prepararle en su servicio como exorcista… según él mismo nos narrará.

Antes de iniciar el relato y como si fuere una anécdota de su propia vida, da razón de sus motivaciones personales para dar este testimonio… Lo hace recordando al apóstol san Pablo quien deseaba, dice, visitar a los cristianos de Roma, pero sabía que aún no había llegado el tiempo y por ello inicia con categóricas palabras su carta: "Tengo muchos deseos de verlos para impartirles algún don espiritual que los fortalezca…” (Romanos 1,11-12). De la misma forma, dice Leopold, “me gustaría compartir algunos dones espirituales para que su fe sea fuerte”.

Dios habla al sacerdote en la comunidad

Fue en el transcurso del año 1994 que “poco a poco” conoció “al Dios vivo”, gracias a una comunidad de su parroquia –en la ciudad de Martin- donde le invitaron a participar. Oración, lectura y meditación de la Biblia, eran claves para ir viviendo las exigencias de una fe que a cada vez más lo tomó, lo confrontó…”Tenía que abandonar la mediocridad y todo otro compromiso”, puntualiza fray Leopold.
“Dios usó grandemente a la gente de esa comunidad”, agrega, pero también le mostró su acción poderosa en la Biblia… En particular al futuro sacerdote le atraían aquellos pasajes donde Dios interviene en forma explícita: “los milagros, sanaciones, liberaciones, la resurrección, etcétera”.

Explica el fraile que con el tiempo experimentaría que Dios hace todas estas cosas por amor a la persona, “para revelarse a sí mismo como el Dios vivo, el Dios Todopoderoso, que está presente aquí y ahora. Él muestra Su propia gloria”. Nosotros -agrega Leopold- sólo tenemos que caer de rodillas diciendo en alta voz: “Él es el Señor”.

Tiempo de dudas y la luz de la verdad

Pero en su camino hubo personas, dice el franciscano, que le sugerían no dar tanta importancia a esas cuestiones pues habrían ocurrido sólo en la primera generación de cristianos, con el fin de ayudarles más fácilmente extender el evangelio, “y con el fin de convencer a los paganos que Dios es realmente el Dios viviente Todopoderoso (Dios es Amor y hace actos concretos de amar)”. Pero en su interior Leopold sabía que esa no era la respuesta verdadera.

Por aquél entonces llegó a sus manos un libro de la “Comunidad de las Bienaventuranzas”. La respuesta que por tanto tiempo buscó estaba expuesta en forma simple y clara ante sus ojos y confirmó su certeza respecto a que “Dios actúa a través de su Espíritu. Se entrega a nosotros, nos da sus dones y carismas…”.

El demonio le miró

Luego de esta maduración en su fe Leopold tuvo claro que él deseaba ser un instrumento del Espíritu Santo e ingresó el año 1998 a la Orden de los Frailes Menores de San Francisco. El 2004, en su sexto año de formación, pasaría por una prueba extrema, compleja, pero significativa para su futuro sacerdotal.
“Conocí por primera vez lo que es el espíritu maligno. Hasta ese momento era algo lejano, del que sabía sólo por la Biblia. Todo comenzó durante un sueño… Entré en una pequeña iglesia en Bratislava, donde la gente estaba alabando a Dios. Había un grupo de jóvenes allí. Me uní a ellos y los seguí en su oración. Al instante, una joven que tendría unos veinte años, entró y me miró. Cuando vi sus ojos, de inmediato comprendí que el diablo estaba allí. Nunca antes me habían mirado de esa forma. Fue entonces que ella me atacó y comenzó a amenazarme con una voz sobrenatural. En mi sueño me puse a rezar y estaba completamente en calma. Sentí la presencia de Dios. No estaba sorprendido por aquél ataque. Después de una breve oración, ella cayó al suelo, sin fuerzas, y permaneció allí en completa calma. Ella había sido liberada. En ese instante me desperté. Las primeras palabras que escuché después al despertar fueron: «Tú serás un exorcista»; y yo respondí: «Seguro que sí». Luego me recosté y seguí durmiendo, sin ser molestado.
En julio de 2007 Leopold recibió la ordenación sacerdotal fui trasladado y comenzó a vivir los servicios habituales que exige el ministerio. Pero si alguien le preguntaba cuál era su predilección sin dudarlo respondía que la Santa Eucaristía. “No hay nada más atractivo para mí que esos momentos después de la transubstanciación, cuando abrazo al Dios Vivo en mis manos”, puntualiza el fraile.

Sin embargo, señala, sería Dios mismo a su entender, quien se encargaría de ‘activar’ “algo que está presente en el corazón y en las manos de cada sacerdote”. Sucedió mientras celebraba el sacramento de la reconciliación para una persona… “Cuando pronuncié las palabras de la absolución, esa persona se desmayó. ¿Será que tiene náusea o algún malestar? Probablemente sí, supuse. Pero de repente esa persona comenzó a hablar en un idioma que parecía de la India”.

Nadie tuvo que explicarle al padre Leopold lo que ocurría ni tampoco qué debía hacer. Comenzó a reunirse regularmente con esa persona para orar por su liberación. “Considerando los síntomas no naturales que la persona mostraba, excluí la posibilidad de disturbios psíquicos. Era la primera vez que usaba el poder espiritual que recibí como sacerdote… y recé la oración de liberación. Después de la liberación total y final me di cuenta de que aún hoy Dios actúa de la misma forma que en los Hechos de los Apóstoles. Él libera y sana a sus hijos e hijas. Desde entonces, muchas personas espontáneamente vinieron a visitarme. Eran personas afectadas por problemas con el espíritu maligno, heridas interiores. Poco a poco, gracias a la ayuda de una comunidad de cristianos fervorosos y sacerdotes sabios (que me dieron consejos y oraron por mí) comencé a pasar 2/3 de mi tiempo en oraciones de intercesión para el beneficio de varias personas...”.

Este encuentro transformador con Dios le permitió también comprender que “Dios se glorifica a sí mismo”, explica, al curar a personas de su infertilidad, enfermedades psíquicas, adicciones, etcétera. Pero asimismo la experiencia le mostró que no todos son curados… “porque sólo Dios es el Señor de la vida -señala padre Leopold- y Él decide si Su glorioso plan incluye más sufrimientos o curación. Él decide si una persona debe pasar por el valle de sombra de muerte o si él / ella debe ser purificado y fortificada. Sólo Dios decide si una persona debe acercarse a Él por medio de la curación milagrosa. Esto es lo más importante: el que es curado y el liberado deberán recurrir a Jesús y a través de esa experiencia tomarán a Jesús como su Señor”.

Elegido por Dios

A finales de 2008 Leopold se encontraba en medio de una comunidad que rezaba oraciones de intercesión por él. Al finalizar aquél momento, recuerda vívido el rostro y la voz de un hombre que se acercó y le dijo: «Dios dice tú serás un exorcista». Le agradeció pero reconoce que en su mente pensaba que aquello no era posible, pues “era casi como si alguien me dijese que iba a ser Papa”.

Tres meses más tarde, recibió una carta del arzobispo citándolo a un encuentro. Se inquietó preguntándose si habría hecho algo mal. Sabía, dice, que no existían razones como para que hubieren reproches contra él y decidió que sería mejor esperar por la sorpresa…. “Cuando me encontré con el arzobispo, me dijo que se había enterado de mi ministerio basado en las oraciones de intercesión y para la liberación. Me dio las gracias por este servicio y me propuso ser formalmente nombrado exorcista. Se imaginarán lo que en ese instante pensé… Comprendí que efectivamente lo que tres meses antes se me había dicho provenía de Dios y que aquél sueño del año 2004 no era una cuestión de mi subconsciente. La conversación con el obispo continuó en un ambiente agradable y al finalizar le comuniqué mi aceptación”.
El padre Leopold J. Jablonský efectivamente fue llevado a este servicio y sus palabras finales son un signo de esperanza y fe… “Doy gracias a Dios que puedo experimentar esto en mi vida cotidiana como sacerdote: anunciar el evangelio desde el púlpito no sólo con palabras, sino también con poder y con el Espíritu Santo. Necesitamos un retorno de signos y milagros al igual que en los tiempos primeros de la evangelización”

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