3 oct. 2016

Prostitución y vudú


Viernes, 23 de septiembre del 2016 -


La Policía Nacional española, con el apoyo de cuerpos de seguridad de Alemania, Francia y la Interpol, ha detenido a 24 miembros de una organización que forzaba a prostituirse en Ibiza a 21 mujeres nigerianas captadas mediante engaños y retenidas con ritos de vudú, incluida una de 16 años.
La organización estaba dirigida por dos nigerianas que coordinaban una trama dedicada a captar a jóvenes desfavorecidas de las principales ciudades de Nigeria con falsas ofertas de trabajo en España y organizaba sus viajes hasta Europa, tanto por vía terrestre a través de Libia como en avión hasta Marruecos para entrar en la península de forma ilegal desde Ceuta.

Cuando llegaban a España se les reclamaba una deuda por el viaje que eran obligadas a pagar ejerciendo la prostitución callejera en Ibiza en jornadas de hasta 14 horas. La recaudación la entregaban íntegra a la organización que las explotaba, que las alojaba hacinadas en pisos donde eran retenidas.

Los investigadores llegaron a esta red a raíz de sospechas de explotación sexual de nigerianas en un polígono industrial de Fuelabrada (Madrid). La misma banda explotaba a sus víctimas en invierno en Madrid y Castellón y en verano las trasladaba a zonas turísticas de Ibiza.

EXPLOTADAS CON VUDÚ

Las mujeres explotadas procedían de entornos sociales pobres de ciudades nigerianas y en su país habían sido sometidas a rituales de vudú que constituían para ellas un vínculo que si rompían podía derivar en su muerte o la de sus familiares. Algunas, sin embargo, habían sido comprada a otras organizaciones criminales durante el trayecto desde Nigeria, según descubrieron los investigadores.
Las que llegaban a través de Libia salían con otros inmigrantes irregulares con destino a Italia y, una vez en campos de refugiados de ese país, eran localizadas por miembros de la banda que las sacaban y las alojaban hasta que otros cómplices procedentes desde España las recogían y las traían por avión con documentación legal de otras mujeres. Luego se les exigía una deuda de entre 35.000 euros y 55.000 euros.

Para que su situación de residencia irregular no resultara un impedimento para circular libremente y ejercer la prostitución a diario, la organización inducía a las víctimas a solicitar protección internacional, lo que las dotaba de una documentación provisional.

PLAZAS ACOTADAS

Su principal zona de actuación eran las áreas turísticas de la ciudad de Ibiza, donde la trama controlaba en exclusiva dos plazas que llegaba a ceder a prostitutas fuera de su control a cambio de una compensación económica.

Las mujeres, que en España volvían a ser atemorizadas con nuevos ritos vudú, vivían en pisos de los que no tenían las llaves, que solo podían abandonar para ejercer la prostitución y comprar comida y a los que no podían regresar sin haber ganado el dinero que la organización les exigía a riesgo de sufrir palizas.

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