4 oct. 2015

Sobre el combate espiritual (II)

Imagen de la película Poseído.

¿Exorcismo mayor? ¿Exorcismo menor?

¿Cómo saber si hay algo maligno?


Suelen confundirse los desórdenes psiquiátricos y las influencias demoniacas. Sólo cuando hay manifestaciones preternaturales* se puede estar bien seguro del origen maligno, como cuando el padre Fortea le preguntó a la madre de una posesa: «¿Por qué cuando su hija comenzó con su problema no la llevó al psiquiatra?». Ella contestó: «Porque yo estaba un día rezando el Rosario, mi hija entró en trance y de pronto un pesado sillón comenzó a elevarse en el aire». En los casos confusos hay que intensificar las prácticas cristianas; si hay mejora, el problema pudo ser de origen maligno; si no, es mental.


ALGUNAS ACLARACIONES PRÁCTICAS


La palabra exorcismo viene del latín exorcísmus, que a su vez se deriva del griego exorkismòs, muy ligado al termino exorkízein, que significa «evitar», «hacer salir de».


Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: «Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cfr. Mc 1,25 ss), de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar» (n. 1673).


Para fines prácticos, se habla de «exorcismo mayor» cuando cumple la definición dada por el Catecismo. Debe ser realizado por los obispos, puesto que son los legítimos sucesores de los Apóstoles, y es a ellos a quienes Cristo dio el poder y la obligación de expulsar demonios. Si por alguna razón estuvieran realmente impedidos de hacerlo, tienen la obligación de delegar esta función a por lo menos un presbítero por diócesis.


El «exorcismo mayor» se hace mediante el uso del Ritual Romano —el del año 1614 o el de 1998, según lo decida el exorcista—, y requiere, si es que no lo realiza el obispo, su permiso expreso caso por caso.

En cambio, el «exorcismo menor» tiene lugar cuando el rito para expulsar al demonio se da a través de la oración privada, y en este sentido todo presbítero y también todo diácono, en cuanto que participan del sacerdocio ministerial de Cristo, pueden realizarlo. Aquí es posible emplear tanto oraciones deprecativas (súplicas a Dios para que libere a la víctima) o imperativas (órdenes al espíritu maligno para que se vaya), las cuales pueden ser espontáneas o escritas.


Hay una tercera modalidad de oración contra los espíritus malignos, la «oración de liberación». Este tipo de plegarias las puede realizar cualquier bautizado en virtud de que su eficacia radica en el sacerdocio común que recibió a través del Bautismo. Las oraciones son más bien de súplica a Dios para ser liberado uno mismo u otra persona de las influencias del Maligno. Pueden ser espontáneas y acompañarse con alabanzas al Señor y oración en lenguas, o también realizarse mediante oraciones escritas. El exorcista español José Antonio Fortea recomienda a cualquier persona que esté sufriendo en su cuerpo o su mente una influencia del demonio que va más allá de lo natural, decir cada día y varias veces esta oración:


«Señor, Dios todopoderoso, misericordioso y omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, expulsa de mí toda influencia de los espíritus malignos.


«Padre, en el nombre de Cristo te pido que rompas toda cadena que los demonios tengan sobre mí. Derrama sobre mí la preciosísima sangre de tu Hijo. Que su sangre inmaculada y redentora quebrante toda atadura sobre mi cuerpo y mi mente.


«Todo esto te lo pido por intercesión de la Santísima Virgen María.


«San Miguel arcángel, intercede, ven en mi ayuda.


«En el nombre de Jesús ordeno a todo demonio que pueda tener alguna influencia sobre mí, que salga para siempre.


«Por su flagelación, por su corona de espinas, por su cruz, por su sangre, por su resurrección, ordeno a todo espíritu maligno que salga.


«Por el Dios verdadero, por el Dios santo, por el Dios que todo lo puede, te ordeno, demonio inmundo, que salgas en el nombre de Jesús, mi Salvador y Señor».


¿Por qué le temes a san Juan Pablo II?

 San Juan Pablo II
El padre Gabriel Amorth ha señalado que san Juan Pablo II se ha convertido, en los últimos años, en un poderoso intercesor en la lucha contra el demonio.


Durante los exorcismos, contó el sacerdote, «le he preguntado al demonio más de una vez: “¿Por qué te da tanto miedo san Juan Pablo II?”. Y he tenido dos respuestas distintas, ambas interesantes. La primera: “Porque desarmó mis planes”. Y creo que con eso se refiere a la caída del comunismo. La otra respuesta que el demonio me dio fue: “Porque arrebató a muchos jóvenes de mis manos”. Hay muchos jóvenes que, gracias a san Juan Pablo II, se convirtieron».

Bastarían los medios comunes de la gracia

Si bien la razón de la designación de los exorcistas en las diócesis es la de que realicen los llamados exorcismos mayores, los cuales sólo se autorizan en casos comprobados de posesión, éstos son muy raros; pero, al mismo tiempo, resulta que los sacerdotes exorcistas están sobrecargados de trabajo.


El padre Gabriel Amorth, el exorcista más famoso del mundo, ha realizado más de 75 mil «intervenciones» en su ministerio de liberación —él las llama hermosamente «bendiciones», y en realidad eso son—, pero calcula que cuando mucho un 10% correspondieron a casos de verdadera posesión.


Entonces, ¿por qué están tan ocupados? Responde: «Los exorcistas nos ocupamos de todos los casos en los que se reconoce influencia maléfica»; es decir, también ayudan a la gente en casos de vejaciones, opresiones y obsesiones diabólicas. Y como son, por desgracia, fenómenos en exponencial aumento, ellos tienen trabajo excesivo.


Sin embargo, como revela el propio presbítero italiano, para los casos en que no hay posesión «deberían bastar los medios comunes de la gracia: oración, sacramentos, limosna, el perdón de las ofensas, el recurso constante al Señor, a la Virgen, a los santos y a los ángeles». Por eso es aconsejable que los fieles, a la primera sospecha de que algo «extraño» sucede, se acerque con mucha mayor frecuencia y fervor a toda la gama de dones que Cristo ha entregado a su Iglesia. Las influencias demoniacas realmente pueden ser combatidas por estos sencillos medios, y en el caso de que todo fuera una «falsa alarma», de cualquier forma estos mismos medios son un verdadero blindaje contra posibles ataques del Enemigo.


El exorcismo mismo es un sacramental, pero muchos otros sacramentales tienen ya de por sí un gran poder sobre Satanás. «Muchas veces he podido constatar —cuenta el padre Gabriel— la eficacia de las medallas que la gente se pone con fe». Igualmente dice: «Quiero agregar la importancia protectora de las imágenes sagradas: en la puerta de una casa, en las recámaras, el comedor o en el lugar más usual donde se reúne la familia». También «podría tocarse con la mano la potencia del Rosario».


El exorcista revela que algunos demonios no soportan el agua bendita; otros, el incienso bendito; unos más, el canto gregoriano y la música sacra tocada con órgano. También es notable que se incomodan si se les sopla.

*Manifestaciones preternaturales, son aquellos efectos físicos que suceden sin ninguna explicación, por ejemplo, movimiento de objetos sin que se vea la acción de ninguna persona o elemento físico.

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