11 oct. 2013

El combate de los santos

Medalla de San Benito

ESE MISMO COMBATE CON EL MALIGNO LO COMPROBAMOS EN LA VIDA DE LOS SANTOS
 
San Pedro apóstol (+67), primer Obispo de Roma, alerta a la comunidad cristiana, para que conozca en la fe desde el principio cuál va a ser realmente su combate.
«Estad vigilantes. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle, firmes en la fe, sabiendo que vuestra comunidad fraternal en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos» (1Pe 5,8-9).
San Ignacio de Antioquía (+107) integra en su vida espiritual cristiana la lucha contra el demonio en una continuidad perfecta con el Evangelio. Así se ve frecuentemente en sus escritos:
«Sólo hemos de esforzarnos en imitar al Señor, a fin de que no se vea entre vosotros huella alguna del diablo, sino que en toda castidad y templanza permanezcáis en Jesucristo corporal y espiritualmente» (Efesios X,3). «El que honra al obispo, es honrado por Dios. El que a ocultas del obispo hace algo, rinde culto al diablo» (Esmirniotas IX,1). «Por el amor que os tengo, hago de centinela vuestro, previendo y señalando las asechanzas del diablo» (Tralianos VIII,1). No impidáis mi martirio: «fuego y cruz, manadas de fieras, quebrantamiento de mis huesos, trituraciones de todo mi cuerpo, tormentos atroces del diablo, vengan sobre mí, a condición sólo de que yo alcance a Jesucristo» (Romanos V,3).
San Antonio Abad (+356) es conocido por nosotros a través de la Vida de Antonio escrita por el gran doctor de la Iglesia San Atanasio (+373), que pudo conocerla muy bien, al ser amigo de los monjes egipcios, con los que convivió durante alguno de sus exilios. Este libro tuvo gran importancia en la configuración primera de la espiritualidad monástica, que se atenía con inmensa reverencia a Antonio y a Atanasio. En la Vita Antonio queda muy claro que el combate por la perfección evangélica se libra no tanto contra el mundo y la carne, sino que es sobre todo una lucha a muerte contra el demonio.
Ya al inicio mismo de su vocación, Antonio se vió hostigado duramente por el diablo, empeñado en frustrarla (5-6):
«éste fue el primer combate de Antonio contra el diablo, o mejor, el éxito del Salvador, que realizó esto en Antonio» (7,1).
Adentrándose al poco tiempo cada vez más en las soledades del desierto, se recogió en unos sepulcros abandonados muy lejos de la ciudad.
«Pero el enemigo no pudiendo soportar esto y temiendo que Antonio poco a poco convirtiera el desierto en la ciudad de la ascesis, se acercó una noche con una multitud de demoniois y le dieron tal paliza que, a causa de los dolores, cayó a tierra sin voz» (8,1).
«No pudiendo permanecer en pie por los golpes recibidos de los demonios, oraba postrado y tras la oración decía: “Aquí estoy, soy Antonio. No huyo de vuestros golpes. Aunque me golpeéis más, nada me separará del amor de Cristo”» (9,2).
Siguieron produciéndose las terribles impugnaciones diabólicas, de tal modo que cuando algunos le visitaban se quedaban aterrorizados al escuchar desde fuera los ruidos, golpes y gritos. Pero Antonio les decía:
«Los demonios provocan tales visiones contra los temerosos. Vosotros haced la señal de la cruz, y marchad confiados. Dejad que ser burlen de sí mismos» (13,4-5).
Nuevas luchas contra los demonios hubo de librar en su última ancianidad, venciendo siempre afirmándose en el Salvador: «marcháos inmediatamente, pues yo soy siervo de Cristo» (52,4; cf. 51-53).
Antonio llegó a vencer al demonio en forma tan absoluta, que expulsaba demonios de los posesos con irresistible eficacia. En muchos casos su potencia exorcista se mostraba irresistible, y siempre con efectos perdurables:
por ejemplo, una joven (48,1-3); un joven terriblemente humillado por el diablo, que le hacía comer sus propios excrementos (64,1-5); una endemoniada llevada a él por su madre: «hombre de Dios, mi hija es terriblemente atormentada por el demonio» (71,1-3).
Por otra parte, el libro Vida de Antonio dedica varios capítulos a exponer las líneas ascéticas fundamentales de la lucha contra el demonio (21-43): oración, ayuno, fortaleza en Cristo, no temer, llegar a ser temible para el diablo, etc. Es un breve código ascético anti-diabólico que hasta hoy mantiene toda su vigencia. Los historiadores del monacato primitivo hacen notar que, una vez que innumerables monjes se apoderaron espiritualmente del desierto, disminuyeron muy notablemente las hostigaciones del diablo.

San Francisco de Asís (+1226), según refieren las crónicas primeras hagiográficas, en varias ocasiones mostró su poder en Cristo sobre los demonios, como en éstas que recuerdo aquí:
Vino el santo a la ciudad de Castello,
«acudieron muchos ciudadanos, trayéndole una mujer largo tiempo endemoniada, y le rogaban humildemente que la remediase, porque alborotaba toda la comarca, ya con aullidos dolorosos, ya con crujidos crueles, ya con ladridos de perro. San Francisco se puso en oración, y luego hizo sobre ella la señal de la cruz, mandó al demonio que la dejara, e inmediatamente quedó sana de cuerpo y mente» (Florecillas, p.II, consideración IV).
«Llegó a la ciudad de Arezzo, devorada toda por lucha intestina, que amenazaba próxima catástrofe. Cobijado el hombre de Dios en una choza de las afueras de la ciudad, vió sobre el circuito de la misma a los demonios, que daban muestras de gran contento mientras azuzaban a sus habitantes a la lucha unos contra otros».
Compadecido Francisco, envió a Fray Silvestro a que fuese a la puerta de la ciudad y expulsara a todos los demonios.
«Se apresuró la piadosa sencillez a cumplir la obediencia, y alabando la presencia de Dios, gritó fuertemente ante la puerta: “De parte de Dios, y por mandato de nuestro Padre Francisco, marcháos, demonios todos, lejos de aquí”. Poco después se pacificó la ciudad y con gran tolerancia guardáronse mutuamente los derechos de la ciudadanía».
Predicándoles después Francisco les dijo:
«Dirijo la palabra a vosotros, no ha mucho cautivos del diablo y presos de los demonios, pero a quienes veo ahora libres de los mismos, por las súplicas de cierto pobrecillo» (Tomás de Celano, Vida segunda p.II, 108).
Santo Domingo de Guzmán (+1221), entendía bien que el combate principal de los cristianos, y muy especialmente de aquellos que más procuran la perfección evangélica, es contra el demonio. Traigo sólo un ejemplo.
«Estando en España, en el pueblo llamado Guadalajara, tentó el demonio a algunos de los frailes que le acompañaban para que se alejasen del bienaventurado varón; y ello no se ocultó al santo varón Domingo antes de que se realizase […] y lleno del espíritu de Dios, comprendió que era inminente sobre los frailes el grave trance de una tentación diabólica, y les refirió la terribe visión [que había tenido], exhortándolos a que resistieran valientemente al tentador, que no se apodera de nadie si no se le entrega uno espontáneamente. Poco tiempo después, a excepción de tres frailes, los otros «se apartaron de él por persuasión diabólica […] Y el Padre santo no se indignó contra aquellos que le habían abandonado, sino que, movido a compasión, recurrió al punto al refugio de la oración; y aquellos que no había podido retener con amonestacines, los recobró con súplicas, porque poco después, como por instinto de la divina gracia, volvieron a él casi todos» (Pedro Ferrando, O.P. +1254?: Leyenda de Santo Domingo cp. XXIX).
San Vicente Ferrer (+1419), dominico, uno de los más grandes predicadores de la historia de la Iglesia, obró en vida muchos milagros, y con gran frecuencia manifestó el poder de Cristo en sus exorcismos.
«Para más autorizar la palabra de Dios, tenía por costumbre, acabado el sermón, a lanzar los demonios de los hombres endemoniados que le traían, para lo cual tuvo especial gracia, gratis data» (Justiniano Antist, O.P., Vida de S. Vicente Ferrer, p.I, c.6).
San Ignacio de Loyola (+1556) era sumamente consciente de que los grandes combates ascéticos y apostólicos en favor del Reino de Cristo se daban no tanto contra la carne y la sangre, sino contra los espíritus malignos, los demonios, contra el Príncipe de este mundo. Y en sus escritos hace referencia al diablo con gran frecuencia, expresando así su íntima y continua convicción. Multiplica los avisos, ayuda a reconocer la acción del demonio, describe minuciosamente cuáles son sus tácticas y sus engaños, señala los modos más eficaces para combatirle, etc. En sus escritos son cientos estas observaciones experimentales y enseñanzas doctrinales y espirituales, como para reunirlas en un libro de doscientas páginas.
El texto donde quizá mejor sintentiza su doctrina es el que hallamos en los Ejercicios espirituales (136-143), en la meditación de las dos banderas. Describe allí el campamento de Cristo en toda su grandeza, poder y belleza. A él contrapone el «otro campo en región de Babilonia, donde el Caudillo de los enemigos es Lucifer». Y enseña cómo el Enemigo
«hace llamamiento de innumerables demonios y cómo los esparce a lo unos en tal ciudad y a los otros en otra, y así por todo el mundo, no dejando provincias, lugares, estados ni personas algunas en particular».
Santa Teresa de Jesús (+1582), con la oración, la cruz y el agua bendita, libró grandes batallas contra los demonios, que se le representaban a veces con horribles formas. Al principio se asustaba, pero pronto se afirmó en la fe de que los cristianos somos reyes en Cristo, y participamos de su señorío sobre toda criatura, también sobre los demonios.
«Si este Señor es poderoso, como veo que lo es y sé que lo es y que son sus esclavos los demonios –y de esto no hay que dudar, pues es de fe–, siendo yo sierva de este Señor y Rey ¿qué mal me pueden ellos hacer a mí?, ¿por qué no he de tener yo fortaleza para combatir contra todo el infierno? Tomaba una cruz en la mano y parecía darme Dios ánimo, que yo me veía otra en un breve tiempo, que no temiera meterme con ellos a brazos, que me parecía que con aquella cruz fácilmente los venciera a todos. Y así dije: “venid ahora todos, que siendo sierva del Señor quiero yo ver qué me podéis hacer”».
Y en esta actitud desafiante, concluye:
«No hay duda de que me parecía que me tenían miedo, porque yo quedé sosegada y tan sin temor de todos ellos que se me quitaron todos los miedos que solía tener hasta hoy; porque, aunque algunas veces les veía, no les he tenido más casimiedo, antes me parecía que ellos me lo tenían a mí. Me quedó un señorío contra ellos, bien dado por el Señor de todos, que no se me da más de ellos que de moscas. Me parecen tan cobardes que, en viendo que los tienen en poco, no les queda fuerza» (Vida 25,20-21).
Santa Teresa conoció bien la fuerza del agua bendita ante los demonios:
«no hay cosa con que huyan más para no volver; de la cruz también huyen, mas vuelven. Debe ser grande la virtud del agua bendita; para mí es particular y muy conocida consolación que siente mi alma cuando la tomo». Y añade algo muy propio de ella: «considero yo qué gran cosa es todo lo que está ordenado por la Iglesia» (ib. 31,4; cf. 31,1-11).
San Antonio María Claret (+1870), fundador de los Misioneros Hijos del Corazón Inmaculado de María (claretianos), como otros grandes predicadores populares, manifestó el poder divino de Cristo Salvador no solamente con la palabra, sino también con los actos de exorcismo. Él mismo refiere en su Autobiografía la fórmula de exorcismo que empleaba:
«Satanás con todos tus secuaces: como Ministro que soy, aunque indigno, de Jesucristo y de María Santísima, te mando que te marches de aquí y te vayas a tu lugar. Te lo mando en nombre del Padre +, que nos ha criado, en nombre del Hijo +, que nos ha redimido de tu tiranía, y en nombre del Espíritu Santo +, que nos ha consolado y santificado. Amén.»
«Te lo mando también en nombre de María Santísima, Virgen y Madre de Dios vivo +, que te ha machacado la cabeza.»
«Vete, Satanás; vete, soberbio y envidioso; nunca jamás impidas la conversión y salvación de las almas» (n. 273).
Sin embargo, en el capítulo IX de ese mismo libro trata De la curación de energúmenos y de las muchas ficciones que hay entre los que se dicen posesos (183-191). Al describir sus primeras misiones en Cataluña, se muestra muy reticente ante las posesiones diabólicas muchas veces falsas, haciendo notar también, por otra parte, que su condición de misionero itinerante era difícilmente compatible con el servicio de exorcista, que suele exigir largo tiempo y dedicación.
«Viendo yo que muchísimos [de los que se presentaban o le eran llevados como posesos] no tenían tales demonios y, por otra parte, al ver que me hacían perder mucho tiempo, que lo necesitaba para oír confesiones de los que se habían convertido por la predicación, me dije: “Más necesario es que saques los demonios de las almas que están en pecado mortal que no de los cuerpos, si es que éstos los tienen”» (n. 184).
San Juan María Vianney (+1859), en un descuido, se le escapó una confidencia al responder a un feligrés muy amigo que le preguntó cuántos conversiones habría más o menos cada año en la parroquia. «Más de setecientas», le respondió. ¡Dos conversiones al día, y de «peces gordos», como él decía! ¡Y conversiones que perduraban!… Se comprende que los demonios odiaban indeciblemente a aquel hombre que, con la fuerza del Salvador, les arrancaba tantos hombres cautivos tanto en el confesonario como también por los exorcismos, mostrando en ambos ministerios una potencia espiritual irresistible (A. Trochu, El Cura de Ars, p.I, cp. XI).
El Santo Cura apenas dormía, y en ese poco tiempo reservado al descanso, durante unos treinta y cinco años (1824-1858), sufrió con gran frecuencia los furiosos ataques de los demonios: horas de insomnio y de espantosos combates, aullidos, golpes en el cuerpo, muebles volcados o rotos, portazos, ruidos atronadores, insultos… El escándalo nocturno que causaban los diablos en la residencia del Cura ocasionaron que algún feligrés de buena voluntad se ofreciera a pasar la noche en la casa. Pero pronto, aterrorizado, suspendió la experiencia, para no volver nunca más. No describo estos ataques porque los que se dieron contra el santo Padre Pío eran muy semejantes, como en seguida veremos. El santo Cura, según dejó escrito un sacerdote amigo suyo, una vez le dijo:
«Uno se habitúa a todo, amigo. El diablo y yo somos casi compañeros».
«Conforme envejecía el Cura de Ars, las obsesiones diabólicas iban disminuyendo en número y en intensidad. El espíritu del mal, que no pudo desalentar aquella alma heroica, acabó por desalentarse él mismo. Poco a poco fue dejando la lucha, o mejor dicho, Dios quiso que una existencia tan hermosa, tan pura, aparentemente tan tranquila, pero en el fondo tan afligida, se extinguuiese en medio de una profunda paz» (ib.).
El santo Padre Pío de Pietrelcina (+1968), durante muchos años, estuvo encerrado incontables horas cada día en el confesonario, a semejanza del Cura de Ars. Y por haber liberado de la cautividad del Maligno con la fuerza del Salvador a innumerables penitentes, era muy especialmente odiado y combatido por los demonios. A los sufrimientos que padecía el P. Pío causados por su estigmatización, que duró cincuenta años, por la celebración agónica de la santa Misa, por la compasión hacia los pecadores, por las persecuciones contra su persona y sus obras, se añadían normalmnete los ataques de los demonios.
El padre Emilio de Marte contaba que en una ocasión, estando lleno el convento, le pusieron una cama en la misma celda del P. Pío.
«Una noche me desperté presa de enorme sobresalto, debido a un ruido ensordecedor. No sé qué fue lo que ocurrió, porque, aterrorizado, me envolví lo mejor que pude entre las mantas. Oía que sollozaba el padre Pío y que decía: “¡Madonna mía!… ¡Virgen María, ayúdame!”. Oía también carcajadas horribles y ruidos de hierros que se retorcían y que caían por tierra y de cadenas que se arrastraban por el suelo.»
«Recuerdo que a la mañana siguiente, a la luz de la candela, pude ver los hierros que sostenían las cortinas y que rodeaban la cama del padre Pío totalmente retorcidos y extendidos por el suelo, y que el pobre padre Pío tenía un ojo horriblemente hinchado y el rostro también muy golpeado».
Tuvo que venir el herrero y arreglarlo todo. Muchos días más tarde aceptó dar alguna explicación:

«¿Queréis saber por qué el diablo me proporcionó tan soberana paliza aquella noche? Pues por defender, como padre espiritual que soy, a uno de vosotros».
El padre Pío supo que un hijo espiritual estaba sufriendo una tentación muy fuerte, y por la oración del rosario acudió a la Virgen en su ayuda.

«Después que N.N. superó la tentación y se durmió tranquilamente, el peso de la batalla lo debí llevar yo. Fui apaleado terriblemente por el enemigo, pero, al fin, triunfamos rotundamente en la batalla» (Leandro Sáez de Ocariz, Pío de Pietrelcina cp.8).
Hoy son muchos los autores católicos que, haciendo suyo el pensamiento de los protestantes liberales, estiman que las posesiones diabólicas son falsas; son simplemente enfermedades. Pagola, por ejemplo, siguiendo su táctica habitual, afirma primero que Jesús no solamente curaba enfermos, sino que «se acercaba también a los poseídos y los liberaba de los espíritus malignos. Nadie lo pone en duda». Pero añade a continuación, negando lo afirmado:

«En general, [hoy] los exegetas tienden a ver en la “posesión diabólica” una enfermedad. Se trataría de casos de epilepsia, histeria, esquizofrenia o “estados alterados de conciencia” en los que el individuo proyecta de manera dramática hacia un personaje maligno las represiones y conflictos que desgarran su mundo interior. Sin duda es legítimo pensar hoy así, pero lo que vivían aquellos campesinos de Galilea tiene poco que ver con este modelo de “proyección” de conflictos sobre otro personaje» (Jesús, aproximación histórica, PPC 2007, 4ª ed.: 169, y 10ª ed.: 179). (LAMENTABLE, VAYA CON ESTOS "TEOLOGOS" QUE TENEMOS).
Jesús «practicó exorcismos liberando de su mal a personas consideradas en aquella cultura como poseídas por espíritus malignos» (ib. 4ª ed.: 474, y 10ª ed.: 502).

13 comentarios:

Federico Pérez Cruz dijo...

Hola, hermano. Un post interesantísimo y útil. ¡Gracias!

¡Qué chasco con el sr. Pagola! Nunca le he leído, pero ya me quedan pocas ganas. El texto que citas de aquél me recuerda cierto dicho famoso: "El mejor truco del demonio es convencerte de que no existe...".

Dios te bendiga. Saludos.

Anónimo dijo...

Ningun enfermo se sabe la biblia
Entera
Me siento dolida con estos teologos

Administrador del blog dijo...

Algunos, ven muy fácil desautorizar la realidad del demonio buscando excusas varias.

Hay enfermos, enfermos mentales y posesos, pero decir que los posesos son enfermos mentales y meterlos todos en la misma saca, como que no.

Lo mas fácil para los que critican seria decir, no creo en la existencia del demonio, y ya está, así de simple, pero tratar de negar.. bueno para los que no creen seria una forma de "dar expresion cientifica a lo que creen" o mas bien descreen.

Si algun familiar de los que piensan asi, estuviese poseso, y tratasen con otra entidad, comenzarian a creer.

En fin, así es la vida, y esta es una parte de la persecución de los que no creen.


Cierto, Federico, el mayor truco del demonio es hacer creer que no existe, así va tentando, influyendo, malguiando y tratando de perder almas.

Un auténtico combate espiritual, que no se observa a nivel físico (excepto por las malas acciones de las personas tentadas o influidas que se dejasen arrastrar) pero moralmente, espiritualmente también se observa por las acciones de las personas, en este caso, por las buenas acciones.

Dios Nos bendiga.

Administrador del blog dijo...

Anonimo, asi ES. De pasajes biblicos se ha referido el demonio en los exorcismos, aún cuando la persona posesa no tenia formación cristiana.

Otra prueba.

Son seres unipersonales.

Federico Pérez Cruz dijo...

Cierto. Hay material de sobra para reflexionar. Me llamó la atención el comentario del Padre Pío, respecto a la paternidad espiritual y sus oraciones; me surgen algunas preguntas.

1. ¿Lo mismo sucede cuando los laicos oramos por alguien? ¿O aquella fuerza -por así decirlo. de la oración va ligada al sacerdocio sacramental?

2. ¿Nuestros sentimientos, al momento de la oración influyen en su eficacia? Digamos: si alguien se esfuerza por realmente sentir amor por alguien, y pone ese acto de la voluntad en la oración, ¿es más efectiva (benéfica)?

Dios los bendiga a todos. Saludos.

Eduardo dijo...

Estimados hermanos:
Los combates con las fuerzas del mal son un hecho en la vida de todos los cristianos. Decía un sacerdote amigo que una de las armas más efectivas del demonio es el desanimo, experimentado por muchos en estos tiempos, por eso se desvía en busca de alternativas, además el relativismo en muchos hace estragos.

Nunca he entendido como alguien que nunca ha visto un búfalo, pueda hablar de él, o de una mangosta, pero con detalles que no se encuentran en los libros.

Una vez en un retiro un muchacho, al ser llevado a la capilla empezó a dar signos de algo extraño, ya que en esa capilla estaba el Santísimo y muchos hombres y mujeres en adoración. Por gracia de Dios había en el grupo un ortopeda, menciono ese hecho, por lo que pasó, en el primer intento de llevarlo a la capilla, salió como un bólido, después de ser interceptado, fue llevado a la fuerza, a medida que iban entrado a la capilla, se ha parado en los empeines del los pies, como un macho cabrío, el ortopeda certificó que eso es imposible realizarlo, aunque sea el contorsionista más flexible, todo el pie estaba para atrás. Después de la liberación, contó que escuchaba un grupo Estadounidense llamado “KISS”.

El demonio es real, pero para hombres y mujeres, limpiados por la Sangre del Cordero de Dios Jesús de Nazaret y además de oración y ayuno, cualquier ataque, nunca será mayor que nuestra gracia, y siempre llevan un testimonio implícito. Todos los casos mencionados, llevaban conversiones.

Dios les dé a los lectores de este post, la confianza suficiente para sentirse protegidos. El Señor permite todo según nuestro ministerio. Todo cristiano comprometido está en guerra.

Saludos a todos y que Dios los ilumine con su paz.

Anónimo dijo...

Gracias, por poder expresarme aquí, y compartir tema. Que no puedo compartir con nadie

Yo, creo, que, en cuanto, a la persona en ambos casos( posesa y enferma mental), en, cuanto se libere de la posesión, se liberará también, de la enfermedad mental.

Administrador del blog dijo...

Yo creo que eso seria solo posible, si la enfermedad mental hubiese estado provocada por el malestar de la posesion... por decir algo "estres provocado" por ejemplo. En los demás casos, se ha de tratar segun los especialistas adecuados.

;-))

Administrador del blog dijo...

Federico, te respondo:

1. ¿Lo mismo sucede cuando los laicos oramos por alguien? ¿O aquella fuerza -por así decirlo. de la oración va ligada al sacerdocio sacramental?

Querido hermano, Dios escucha y actua en todas las oraciones, es importante la fe, pero también la buena vida cristiana, la amistad con Dios. la oración de intercesión es importantísima, te puedo asegurar que la oracion de laicos ha aliviado ataques del maligno de hermanos, incluso exorcisado.

2. ¿Nuestros sentimientos, al momento de la oración influyen en su eficacia? Digamos: si alguien se esfuerza por realmente sentir amor por alguien, y pone ese acto de la voluntad en la oración, ¿es más efectiva (benéfica)?

Si, la fe verdadera en Dios, unida al amor, aumenta la efectividad, ya decía San Pablo que los actos, sin amor, nada (o poco son). Sé del caso de un sacerdote, que el demonio en el exorcismo dijo; que aquel laico "X" no ore mas por la persona posesa, no lo soportaba, y aquel sacerdote se extrañaba porque con el el demonio no se quejaba tanto... llamó al laico por telefono y le preguntó ¿que rezas que tanto le sienta mal al demonio? y el laico le respondió; oraciones normales, padrenuestros, avemarias... pero lo cierto es que el laico oraba con mas amor que el sacerdote por la persona posesa, esa es la conclusión que llegaron el laico y la posesa, la verdad es que estas frases ya merecen un post.. quien sabe...

Dios te bendiga, buenas preguntas Federico.

Administrador del blog dijo...

Eduardo, es cierto, hay efectos físicos imposibles en las personas posesas, eso lo hace el demonio para tratar de impresionar, y yo he visto cosas así.

Son payasadas del demonio, hay que seguir orando hasta que Dios conceda la liberación.

Dios valora la confianza que tenemos en EL, la fidelidad y perseverancia, somos sus soldados, y sin ningun temor, debemos seguir con alegria, sabiendo que Dios, siempre vence en todo.

Dios NOS bendiga.

Federico Pérez Cruz dijo...

¡Dios es lo máximo! ¡Gracias por tus respuestas, hermano!

Dios nos bendiga a todos.

Miguel dijo...

En la comunidad de intercesion en donde sirvo, somos testigos del poder y la majestad de Dios.
Hoy dia, desgraciadamente muchos jerarcas no estan dando la talla en la guerra espiritual, Dios esta manifestandose muchisimo a traves de la oracion de los laicos. El suple cuando los humanos fallamos.
Gloria a Dios!

Miguel
Panama

Administrador del blog dijo...

Dios, siempre interviene, usando a los hermanos, para ayudarse de su providencia.

Bendiciones.