2 sept. 2013

Catequesis exorcística


El combate del cristiano por el Reino –«venga a nosotros tu Reino», no es tanto contra el mundo y la carne, sino contra los espíritus del mal, contra los demonios. Se inicia ya en el bautismo, que incluye exorcismos, y se prolonga en toda la vida cristiana por la oración –en el mismo Padrenuestro, «líbranos del Maligno»–, los sacramentos, el ejercicio de las virtudes, la evitación del pecado, de la cautividad del mundo –pensamientos y costumbres–, las bendiciones, como el agua bendita, etc. Pero en casos extremos, cuando hay signos suficientes de que el demonio ha logrado un dominio especial sobre un hombre, la Iglesia, fiel al mandato de Cristo, practica los exorcismos. Por medio de ellos el hombre atormentado por el demonio se refugia en Jesús, el Salvador, y en él encuentra una acogida llena de misericordia y de paz.
Esta es una catequesis que ha escrito el padre José María Iraburu que le da suma importancia al los exorcismos, porque según enseña el Catecismo, los tres sacramentales más importantes, son las bendiciones (1671), las consagraciones, que son bendiciones constitutivas (un abad, un altar, etc.) (1672) y los exorcismos (1673).
Exorcismo en Africa

La lucha contra el demonio.

Los cristianos debemos ser muy conscientes de que nuestra lucha espiritual aún más que contra «mundo y carne», es contra «el demonio», «contra los espíritus malos» (Ef 6,11).
En la vida de Cristo, sobre todo desde el inicio de su vida pública (las tentaciones satánicas del desierto), hasta su muerte (la hora del poder de las tinieblas), muestra el Evangelio claramente que el principal enemigo del Reino, en cada persona y en el mundo, es el demonio. Su impugnación es mucho más poderosa que la de fariseos, Sanedrín, romanos, pecadores, etc., pues es el demonio quien asiste a todos éstos contra Cristo. Y lo mismo se comprueba tanto en la vida y ministerio de los Apóstoles como a lo largo de toda la vida de la Iglesia.
No debemos temer al demonio; es él quien debe temernos a nosotros. El Señor nos mandó: «no se turbe vuestro corazón, ni tengáis miedo» (Jn 14,27). Pero debemos ser bien conscientes de sus continuas asechanzas, resistiéndolas con la oración y la virtud, con el ayuno y la penitencia, con todos los medios que la Iglesia nos ofrece; también con los exorcismos, en casos extremos.
No lo tememos porque sabemos bien que Cristo venció al Demonio y lo sujetó. Ahora es como una fiera encadenada, que no puede dañar al cristiano si éste no se le acerca, poniéndose en ocasión próxima de pecado y pecando. El poder tentador de los demonios está completamente sujeto a la providencia del Señor, que lo emplea para nuestro bien como castigo medicinal (1Cor 5,5; 1Tim 1,20) o como prueba purificadora (2Cor 12,7-10).
El diablo ataca especialmente a los cristianos más santos. El Demonio tienta a los buenos, pues a los pecadores les tienta sobre todo a través de mundo y carne, manteniéndose él oculto; y con eso le basta para perderlos. Pero se ve obligado a hostilizar directamente, a cara descubierta, a los santos, porque son cristianos que ya están muy libres de mundo y de la carne. Eso explica que en todas las vidas de los santos hallamos normalmente directas agresiones diabólicas. La Iglesia supo todo esto desde el principio.
San Juan de la Cruz da la causa:
«Conociendo el demonio esta prosperidad del alma –él, por su gran malicia, envidia todo el bien que en ella ve–, en este tiempo usa de toda su habilidad y ejercita todas sus artes para poder turbar en el alma siquiera una mínima parte de este bien; porque más aprecia él impedir a esta alma un quilate de esta su riqueza que hacer caer a otras muchas en muchos y graves pecados, porque las otras tienen poco o nada que perder, y ésta mucho» (Cántico 16,2).

3 comentarios:

Administrador del blog dijo...

Pero se ve obligado a hostilizar directamente, a cara descubierta, a los santos, porque son cristianos que ya están muy libres de mundo y de la carne. Eso explica que en todas las vidas de los santos hallamos normalmente directas agresiones diabólicas. La Iglesia supo todo esto desde el principio.

Esto es de una claridad meridiana, nos clarifica una realidad y a la vez, nos da muchas respuestas.

Bendiciones.

Administrador del blog dijo...

Por otro lado... cuando dice normalmente... no se refiere a generalmente... unos pueden ser vejados o no, pero eso no quita que el demonio trate de frenar por varios medios.

Tambien hay historias de santos muy protejidos.

En realidad a fin de cuentas, realmente todos, estamos protejidos, solo que Dios deja mostrar que el demonio es un ser unipersonal, con inteligencia y voluntad libre, que mantiene sus dones primigenios.

Pero Dios tiene la ultima palabra en todo.

Y el demonio para Dios siempre esta vencido.

El ser humano elije, tiene voluntad libre, como los angeles.

Y quien va decidido a Dios, el demonio nada puede, y a mas intentos,mas purificacion de ese alma.

Bendiciones.

Eduardo dijo...

Estimados hermanos que siguen este post dedicado a desenmascarar el mal.

Yo soy testigo de muchas liberaciones de espíritus malignos, no me considero ningún exorcista, pero en estas liberaciones, la mayor manifestación que he palpado es el Amor de Dios.

Por ello estoy convencido que toda liberación debe estar presidida por el amor. He podido constatar que en las liberaciones de jóvenes, con sus padres presentes, aunque quizás no sean de mucha oración y ayuno, pero lo que los mantiene ahí y su protección es el amor por su hijo o hija, sin embargo ese amor todavía no es liberador, ya que aunque ese amor es indestructible, le falta el toque del Poder de Dios.

Cuando aquella mujer cananea se acerca a Jesús, su hija estaba poseída, pero el poder del amor de ella, la tenía suplicando, aunque fue probada en la humildad, pero su amor era mayor, por eso Jesús le dice, que grande es tu fe, que te suceda como has creído, y sin estar cerca de su hija, quedó liberada inmediatamente.

Un padre aunque su hijo(a) estén posesos, nunca se apartan de ellos, y luchan sin temor, ¿porqué? Por el amor.

Cuando aquel muchacho le caía un mono encima, o sea un espíritu de mono, en su liberación, yo fui testigo de que su liberación fue por el Amor de Dios, a mi me invadió un fuego y empecé a llorar, sentí el Amor que Dios sentía por ese muchacho e inmediatamente fue liberado.

Esto ratifica lo que una vez El Señor puso en mi corazón, el Kit no está en la fe sino en el Amor, El amor es el que sana, libera y hace milagros.

¡Viva el Amor de nuestro Dios! y su Gran Ternura

Dios les bendiga hermanos