14 sept. 2013

Si nos alejamos de Dios, se acerca el mal.


Jesús, siempre nos espera
LOS EXORCISMOS SEGÚN ENSEÑA EL CATECISMO
Con las bendiciones y consagraciones (1671-1672), los más importantes sacramentales de la Iglesia.
1673 «Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cf. Mc 1,25-26; etc.), de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf. Mc 3,15; 6,7.13; 16,17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne llamado “el gran exorcismo” sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante, asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de un presencia del Maligno y no de una enfermedad (cf. CIC can. 1172)».

CRECIMIENTO DEL DOMINIO DEL MALIGNO

Crece hoy el dominio del diablo en las naciones descristianizadas, y por eso aumenta en ellas la necesidad de los exorcismos. Allí donde el Reino de Cristo disminuye –por la herjía y el pecado, la infidelidad y la apostasía­–, crece necesariamente el poder efectivo del diablo sobre los hombres y las naciones. Esta realidad histórica ya fue discernida en la Iglesia sobre todo a partir del siglo XVIII, cuando se van preparando en las naciones de antigua tradición cristiana armas renovadas al servicio del diablo para su dominio sobre el mundo.

En 1886, León XIII, después, al parecer, de una visión sobrenatural de los poderes de los demonios en el mundo, compuso contra ellos una oración de exorcismo, que había de rezarse, y se rezó, en toda la Iglesia al terminar la Misa: Sancte Michaël Archangele, defende nos in proelio»… Fue integrada esta oración en el Rituale Romanum tradicional de Paulo V (ed. 1954, tit. XII, c.III). Y fue recuperada en el nuevo Ritual de exorcismos (1999), al final del mismo, entre las «Súplicas que pueden ser empleadas privadamente por los fieles en la lucha contra las potestades de las tinieblas».

Los Papas vienen alertando más y más de este mysterium iniquitatis creciente sobre todo en el Occidente apóstata (Pío X, Supremi apostolatus cathedra, 1903, nn. 131-132; Pío XI (Divini Redemptoris 1937, n.22; Pío XII, Nous vous adressons 1950).
Pablo VI denuncia en varias ocasiones que en el mundo actual

«una potencia adversa ha intervenido. Su nombre es el diablo… Nosotros creemos en la acción que Satanás ejerce hoy en el mundo» (29-VI-1972).
 «¿Cuáles son las necesidades más grandes de la Iglesia? Que no os maraville como simplista o incluso supersticiosa o irreal nuestra respuesta: una de las más grandes necesidades de la Iglesia es la defensa contra este mal que llamamos demonio… El Mal no es solamente una deficiencia. Es la acción de un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Realidad terrible, misteriosa y temible» (15-XI-1972)
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En el mismo sentido advierte Juan Pablo II que

«las impresionantes palabras del Apóstol Juan, “el mundo entero está bajo el Maligno” (1Jn 5,19) aluden a la presencia de Satanás en la historia de la humanidad, una presencia que se hace más fuerte a medida que el hombre y la sociedad se alejan de Dios» (13-8-1886; cf. 20-8-1886)
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Son muchos los signos de la demonización creciente del mundo.

Ateísmo, agnosticismo, irracionalismo, magia, espiritismo, adivinación, cultos esotéricos, satanismo, maleficios, perversión de la filosofía, política destructora del orden natural, guerras, enormes injusticias internacionales, destrucción de la familia, aborto, anticoncepción, divorcio, promiscuidad sexual, pornografía omnipresente, que por vías informáticas llega a todo el mundo, también hasta el rincón de un patio de escuela durante el recreo; celebrities casi siempre escandalosas, predominio creciente de una inteligencia anticristiana en política, leyes, universidades y medios de comunicación; orientación anti-Cristo de los grandes Organismos internacionales; idolatría del cuerpo y de las riquezas; falsificación de las identidades nacionales, desprecio de la razón y de la cultura, de la historia y de la tradición, etc.
Todas estas realidades, difícilmente discutibles, hacen ver que gran parte del mundo actual está bajo el dominio de Satanás, sobre todo en los países descristianizados. Por lo demás, el crecimiento de las tinieblas y el apagamiento de la luz son fenómenos absolutamente relacionados. Es, pues, obligado pensar que en la raíz de esa demonización creciente de la humanidad, especialmente en los países apóstatas de la fe cristiana, está el oscurecimiento del Evangelio, el alejamiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y de su Santa Iglesia –oración, Eucaristía, sacramentos, vida cristiana–.

«¿Existen señales, y cuáles, de la presencia de la acción diabólica? –se pregunta Pablo VI–. Podremos suponer su acción siniestra allí donde la negación de Dios se hace radical, sutil y absurda; donde la mentira se afirma, hipócrita y poderosa, contra la verdad evidente; donde el amor es eliminado por un egoísmo frío y cruel; donde el nombre de Cristo es impugnado con odio consciente y rebelde (1Cor 16,22; 12,3); donde el espíritu del Evangelio es mistificado y desmentido; donde se afirma la desesperación como última palabra» (15-XI-1972)…
Si esto es así, es indudable que en nuestro tiempo se dan claramente las señales de la acción del diablo. Estas señales también en otras épocas se han dado, pero no tanto como en el presente. Ya hemos visto que los últimos Papas no han dudado en atribuir el «lado oscuro» de nuestro tiempo al influjo diabólico.

Disminuye la fe en el diablo, que en muchas Iglesias descristianizadas viene a desaparecer de la predicación y de los escritos de espiritualidad. Poner entre paréntesis el tema del demonio y silenciarlo sistemáticamente se considera como exigencia de un «cristianismo correcto», es decir, moderno, aceptable en el mundo actual, alejado de un Evangelio primitivo, demasiado afectado por las culturas paganas. Quienes hoy niegan al diablo y su acción en el mundo se creen muy inteligentes, capaces de superar un cristianismo necesitado de verificación; pero en realidad, «alardeando de de sabios, se hicieron necios» (Rm 1,22), y no entienden absolutamente nada de cuanto sucede en la Iglesia y el mundo. Están «más perdidos que un perro en Misa».

Pablo VI, cuando se iba generalizando esta herejía, que hoy se mantiene fuerte, dejó claro que

«se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer la existencia [del demonio]; o bien la explica como una pseudo-realidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias» (15-XI-1972).
Disminuyen al mismo tiempo los exorcismos, hasta el punto de que el ministerio de exorcista desaparece en muchas Iglesias descritianizadas. Las mismas Iglesias que toleran en los bautizados la ausencia masiva de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y de la penitencia (90% de los bautizados), toleran también la extinción de los sacramentales, bendiciones y exorcismos. El pueblo cristiano fiel sigue pidiendo a Dios «líbranos del Maligno», pero son muchas las Iglesias locales que no tienen exorcistas, o que si tienen alguno, es a veces alguien que se honra en declarar que no hace exorcismos.

La desaparición de exorcistas y exorcismos se produce justamente cuando más se necesitan. Y no hay en ello contradicción o paradoja alguna. Es perfectamente lógico que se fortalezca y extienda más el poder del demonio allí donde los exorcismos sacramentales no son ejercidos por la Iglesia. Causæ ad invicem sunt causæ. Como he dicho, el pueblo cristiano fiel sigue pidiendo al Padre celestial diariamente «líbranos del Maligno». Y sabemos bien que nuestro Señor Jesucristo, gran exorcista, dió misión y poder a sus apóstoles para expulsar los demonios.

Por eso hemos de considerar como una de las más graves deficiencias de las Iglesias descristianizadas la omisión de los exorcismos, es decir, de las ayudas sacramentales que necesitan aquellos hijos suyos especialmente asediados o poseídos por el diablo. Estos bautizados se ven afligidos por terribles sufrimientos y sujetos a graves peligros espirituales, y no reciben la ayuda sacramental de aquellas Iglesias que se niegan a darles el auxilio poderoso de los exorcismos. Obispos, sacerdotes y diáconos resisten así a la misión apostólica y a la palabra de Cristo: «en mi nombre expulsarán los demonios» (Mc 16,17).

9 comentarios:

Boss dijo...

Triste pero real.

Administrador del blog dijo...

Lamentablemente, así es.

Anónimo dijo...

Y que dificil es plantear el tema al sacerdote de mi parroquia

Boss dijo...

¿Plantear el tema al sacerdote de la parroquia? Mi consejo todo lo que vayas a hablar sobre el demonio:durante la confesión.

Si le vas a proponer algo sobre eso antes hablarlo en la confesión, te servirá de tanteo, para ver por donde va la cosa. Y si no es partidario al menos no podrá hablarlo por con nadie. Si es favorable entonces sí lo hablas fuera de confesión, porque sino le impides totalmente que hable de ello, al menos a lo referido durante la confesión tuya.

Anónimo dijo...

Gracias Boss

Monse

Administrador del blog dijo...

Yo una vez..

Queria saber que opinaba sobre el demonio, un buen sacerdote, casi anciano, que frecuentaba en su parroquia.

Un dia me decidí a preguntarle, coincidimos fuera de la parroquia e íbamos caminando, y me lancé; oiga, quiero hacerle una pregunta porque tengo unas dudas y me gustaría saber que opina usted...

Y me dijo, si, dime...

Y le dije, ¿que opina usted sobre el demonio? pero que opina usted, pues hay muchas opiniones, unos dicen que no existe, otros, que es una forma abstracta de definir el mal, otros que no sabían explicarse en aquellas épocas y eran enfermos (mentales o epilepticos)...

Y me dijo, pues claro que existe el demonio y mucho mal que hace y está muy presente, solo tenemos que mirar a nuestro alrededor (como van las cosas, como se comportan las personas)... y además lo díce hasta el Papa!

Y le dije, muy bien, yo opino lo msimo, pero tenia dudas de cual era la idea que tiene usted... muchas gracias.

Y bueno, que bien, saber su opinion.

andres dijo...

hola...
entre aqui buscando orientación, a mi me pasan cosas inexplicables en una confesion trate de explicarse al padre pero el se mostro exceptico, hace dos años tuve un accidente en auto grave y ese fue el dia mas extraño de mi vida, mi mama me llevo a consultas con bruhjos y demas desde niño nuestra vecina trabaja esas cosas y son muchos los detalles que tendria que contarles pero yo tengo un humilde negocio pero me ha ido fatal en cinco años no he prosperado lleno de obstaculos problemas y de todo muchas cosas negativan me pasa y cuando empiezo a rezar el rosario mucho mas ya no se que hacer estoy agobiado a veces me dan ganas de desaparecer que complicadoe s todo yp voy frecuentemente a misa y hasta ahi las cosas no me mejoran...

Administrador del blog dijo...

Hola, Andrés,

Debes confiar en Dios y no agobiarte. Dios va haciendo su obra en ti cada dia, persevera. El mal nada puede. La coraza de Dios se obtiene por el uso frecuente de los sacramentos, sobre todo la confesion (cuando sea necesario) y la aucaristia, tu ves haciendo, y que nada te quite la paz. Dios camina a nuestro lado. Ora pidiendo con fe, se buen cristiano, haz el bien y ve en paz.

El mal nada puede, mas que tratar de desesperanzar, para que cedas, no cedas, la prueba pasará, persevera, y que cada dia sea de paz, sigue adelante.

Te recomiendo el rezo a diario del santo rosario en tu casa, ya veras que paz tan grande te llega.

Sigue adelante, y no temas de los brujos, etc, con dios estas protejido, sigue adelante.

ves a misa, visita el santisimo y habla con Dios, esta allí.

Dios te bendiga.

Anónimo dijo...

Puede quizás parecer exagerado pero esto va dirigido a los jóvenes q le gusta el reggaeton, el heavy metal esos estilos musicales son los preferidos,por el demonio.es evidente porque son decadendentes además a veces hacen alusión al el.Antes q me sucediera esto muchas veces elegía ese genero musical cuando de repente de la nada me volvía muy irritable y muchas veces ni yo conocía mis actitudes.Entonces acudía a ese tipo de genero por ej escuchaba kiss y siempre se repetía la parte de camino hacia el infierno o yendo hacia el infierno.El reggaeton q se escucha en latinoamerica parece "inofensivo"pero también hace alusiones sobre el diablo y e incitan a los pecar .Si oyen ese tipo de musica x favor descartelan.