27 nov. 2006

¿ El fin de un matrimonio cristiano?


Desenlace final: habla Mª Esther.

Queridos hermanos todos:

Yo no pierdo mi Fe, no, jamás. Este ha sido un duro golpe del que el Señor me sacará fortalecida en Él.Nada malo hice, no he dejado de amar, de ser caritativa y dulce, aunque me vi forzada a proteger mi corazón de tantos golpes, sin muy buenos resultados.Con esta despedida definitiva viene un extraño alivio: descanso en mi Señor, Aquel que me creó, Aquel que me ha regalado tantos dones, tantos consuelos, mis hijas, una vida, Su Amor.No temo porque Él es mi Fortaleza. Y Nuestra Madre bendita me cubre con su manto, me toma en sus Manos Inmacuadas y me presenta ante Su Divino Hijo.Es el Señor mi Esposo, ahora le pertenezco completamente, y es el Padre de mis hijas. ¿Deberé temer? No, jamás, nunca más.He sentido en mi alma un dulce refrigerio que alivia el dolor. El Señor me sigue diciendo: abandónate, confía, ama, espera en MI.Se que vendran momentos muy difíciles pero el Señor ya me ha acompañado, me ha llevado en Sus dulces brazos sin que apenas lo notara, y volverá a hacerlo porque jamás desampara a sus hijos que se confían a Él. Y yo le entregué esta vida, este Matrimonio. Se lo entregué todo y Él tiene absoluta potestad sobre mi vida, sobre mi amor, sobre mis poseciones que no me pertenecen.Gracias por sus oraciones, queridos amigos en Cristo. Una a una ha sido atendida, una a una ha sido escuchada y acogida aunque en el Misterio de un Dios Amor.

Abrazos en Jesús Eucaristía,

Mª Esther de ...

2 comentarios:

María Esther de Alvarez dijo...

Estas palabras me parecen tan distantes y tan actuales... Si. Mi Matrimonio parece haber llegado a un cierto final. No completo, no... porque el Sacramento se mantiene.

¡De qué forma misteriosa Dios ha unido nuestras almas! Y de qué forma seguirán unidas hasta que la muerte nos separe. Porque solo ella logrará poner punto final a esta unión. "Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre".

Estoy aún dispuesta y se que lo seguiré estando. Dispuesta al perdón, a la reconciliación.

Pasó Navidad como si no hubiera llegado. En mi casa los adornos que recuerdan el dulce Nacimiento del Dios Humanado parecieron pálidos y lagrimosos ante la tristeza. Sin embargo, en cada lucecita, parecía brillar una tímida esperanza.

Hoy estoy sola... sola con mi medio Matrimonio, el que yo cargo; sola con mi alianza que aún brilla en mi mano derecha tal vez para que no olvide aquellas dulces promesas que hoy me suenan tan amargas: amar en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza, en la prosperidad y en la pobreza.

Carlos se ha ido y ahora lo debo amar en la tristeza, en la enfermedad, en la pobreza... en medio de este dolor que me acompaña dulcemente. Si... lo amo y así seguirá siendo.

Vivo, como, duermo, respiro... intento pensar en otras cosas y logro sonreir ante las ocurrencias de mis hijas. Pero allá, en el fondo del alma, en ese lugar que solo conoce Dios, el dolor ha hecho cuna y vive en mi.

No, queridos hermanos: el Matrimonio no termina con la separación. Continúa para siempre y el amor se conserva en su forma más pura: asociado al dolor.

Tal vez el Señor ha querido que me asemeje a Él en esto: amar hasta el extremo, dar mi vida aún por aquel que me desprecia. Mi esposo me pertenece, su alma está íntimamente unida a la mía y, aún así, no puedo ejercer el amor con él. Solo la oración, la caridad silenciosa.

Es así como vivo casada, como soy fiel y espero. Si... porque me repito (a veces me parece que estas palabras solo me dan un poco más de ánimo pues aparecen abstractas, al menos ahora): para Dios no hay imposibles.

No los hay, ciertamente, pero también soy consciente de que Dios respeta nuestra libertad y mi esposo, libre y voluntariamente, se arrancó de mi, huyó de mi lado y desapareció para mis ojos, para mis oídos y mis manos.

Aún lo cuido con mis oraciones... nada más puedo hacer.

Miro hacia adelante y a veces me estremezco: una vida sin aquel a quien entregué mi vida entera. Otras veces pienso que no valía la pena seguir a su lado y me doy ánimos con argumentos del mundo. Pero regreso a mi esencia y acepto este amor desarraigado.

Dios bendiga y proteja a mi esposo. Le comunique algo del amor que por él siento, le de fortaleza para vencer los obstáculos y lo devuelva, resucitado en el amor, a nuestro lado.

maria dijo...

para : Maria Esther de Alvarez, maria ten consuelo del señor para ti , sabes yo pedi muchas cosas a Dios tantas cosas con fe, que El me concedio yo te diria que pidas a El que te traiga de vuelta a tu esposo pidele con fe con mucha fe El te lo devolvera talves solo es una prueba de dios pero si pides el te lo devolvera te ayudara bendiiones para ti y para tu familia.